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Jorge,… y la del alma   Leave a comment

Dos años después

El final del proyecto

Jorge Pérez

Digo hola antes de decir definitivamente adiós a este proyecto tan entretenido, divertido e interesante que hemos hecho a lo largo de estos dos años.

     

Soy Jorge Pérez, pero quizás me conozcáis también como JoRgTuM, aunque lo que realmente me han encargado que escriba es el anecdotario de la octava salida a la montaña, de la ascensión al Salvaguardia, y de la excursión en general por la Ribagorza, Benasque y alrededores… esta redacción me sale del alma, y es que no quiero despedirme de este proyecto y de este blog sin antes dar las gracias a:

  • Luis Santos como maestro de la O.N.C.E. que se ha movido por nosotros y ha realizado muchas gestiones para que esto salga adelante.

         
  • Alberto Marín como monitor incansable de Sargantana, que ha acudido a todas las excursiones con nosotros, que ha pedido fiesta en el trabajo para poder acompañarnos y que habiéndose preparado muy bien su papel nos lo ha explicado de una forma que los que menos vemos hemos podido entenderla.

          
  • Rixar, Mariano, Laura L., Laura M. y Ana por ser tan inseparables compañeros siempre, por las risas que nos hemos echado juntos, por la ayuda que he tenido de cualquiera de ellos cada vez que la he necesitado, en fin, por todo y tampoco puedo olvidarme de incluir en este grupo de gente a Kevin aunque abandonara el proyecto a mitad. Gracias chicos (barra as).

              
  • A Lucas, Víctor, Miguel, Marisa, Fabio, Isabel y Ángel por las ayudas prestadas en las salidas que cada uno ha podido estar, por tener la valentía de conducir esos bastones direccionales sabiendo que detrás tienes personas con diversos problemas de visión, por haber sabido dar las indicaciones correctas en el momento preciso que se han necesitado.

  • A Angelines de Susín por acogernos en su casa en aquella excursión, que fue muy bonita y muy interesante también, que nunca había estado en una casa de pueblo pueblo, de los de verdad, y siendo sincero me encantó esa casa, me gusta la forma de vida en los pueblos mucho.

  • A toda la gente que ha estado por detrás del proyecto gestionándolo, administrándolo aunque no se les vean las caras ni los nombres por aquí léase el resto del equipo de O.N.C.E. que desde las oficinas hayan participado que sin ellos tampoco hubiera sido posible sacar adelante semejante aventura.

En general, GRACIAS A TODOS (barra AS) por haber sido tan amables y tan enrollaos (barra as) y por no habernos colgado el San Benito de “pobrecitos deficientes visuales” sino simplemente el de “personas con problemas de vista y nada más”, y con esto me refiero a que un aplauso hay que darlo cuando uno se lo merece y una bronca también cuando uno la merece y eso lo habéis sabido hacer muy bien todos/as y no es fácil.

Gracias por vuestra comprensión, gracias por vuestra ayuda, GRACIAS POR SER VOSOTROS MISMOS.

Y ya para cerrar la redacción añadir que al igual que hemos hecho el proyecto de la montaña, tras la confianza que hemos forjado en este grupo podríamos intentar cualquier proyecto, con éxito o sin éxito, por intentarlo que no se diga.

Un abrazo gordo para todos y a pasarlo bien.

___JgM_E

Publicado 28 septiembre, 2007 por nature11aragon en Experiencias

Anecdotario Ribagorza 2007   Leave a comment

 .

Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Anécdotas

Mariano en el Refectorio de Roda de Isábena   Leave a comment

Mariano nos cuenta su punto de vista de la cena en el refectorio de la Catedral de Roda de Isábena.

Mariano Salafranca 

La última cena, amén.

Hola boludos.

Me apena decir que posiblemente esta sea la última vez que escriba para este blog, pero no nos pongamos tristes y más bien hablemos de la cena de despedida.

El motivo de la cena fue para celebrar lo bien que nos ha ido en estos 2 años, y qué mejor manera para celebrarlo que dándonos el gusto de comer en un sitio tan “SUPER MEGA FASIONS” como ese. Cenamos en una iglesia en la que había (pues eso), un restaurante en lo que fue el antiguo reflectorio.

          

El restaurante estaba decorado con arcos de medio punto y al lado de nuestra mesa había una pintura de un niño de pelo a lo rubiales (como RIXAR).

En el menú, como había mucha variedad de platos y esta cabeza no da para tanto, como “pa acordarse” de todos, os diré lo que me pedí y lo que me acuerde del resto:

     1er plato: tostadas con paté (una delicia)

     2º plato: pollo asado (sin palabras)

     Postre: Mini Carolina (para mi el mejor helado)

Si no recuerdo mal, algunos se pidieron costillas y de postre yogur.

En cuanto a la bebida solo diré que, minoría absoluta, AGUA, y mayoría absoluta, VINO.

Una vez acabada la cena, el apóstol Alberto propuso un brindis con las siguientes palabras:

“POR ESTOS 2 AÑOS,

POR LOS 4 QUE OS LLEVO CONOCIENDO,

Y POR LAS GANAS QUE LE PONEIS A LA VIDA”

Después de brindar (como diría Ariel Rot), le pedimos a la camarera que nos hiciera una foto, y nos la hizo. Después, nos pusimos los abrigos (yo el de Alberto porque el mío me lo dejé en el albergue). Cuando volvimos a Campo en la furgoneta, durante todo el camino, Jorge y yo nos hicimos unos cantos con desenfreno en honor a nuestro ídolo, EL CHIVI, (tuvimos el gran valor, o descaro, de descargarnos, cada uno en su ordenador, la discografía completa). Así que cantando, cantando llegamos hasta Campo para dormir.

Quiero añadir también que me ha costado llegar hasta el final porque tuve una mala experiencia con las tormentas el verano pasado, pero lo he logrado superar, y estoy muy satisfecho.

No quería acabar esta redacción sin antes decir que ha sido un honor y un privilegio estar dentro de este proyecto, y dar las gracias a Luis, Alberto, Ricardo, Jorge, Ana, Laura La y Laura Mo, por el apoyo que nos hemos brindado los unos a los otros.

FRIENDS FOREVER GRACIAS Y HASTA SIEMPRE

Mariano


Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Experiencias

Laura Moya y la Catedral de Roda de Isábena   Leave a comment

Llegamos a la civilización después de un par de días dándole a lo de andar con la casa a cuestas y durmiendo en duro. En el Albergue de Campo nos dieron cobijo, aseo y comida, lo justo para poner proa hacia Roda de Ibábena, último puerto de nuestro periplo.

Laura Moya nos lo recuerda.

Después de una gustosa comida, subimos rápidamente a las habitaciones del albergue de Campo, pues allí nos esperaba la anhelada y deseada ducha que nuestros poros sudoríparos empezaban a pedir. Tras el aseo personal nos montamos en la furgoneta con destino Roda de Isábena, y al poco rato llegamos a ese histórico pueblo.

Anduvimos por sus calles en busca de la iglesia y en las escaleras de ésta le echamos una ojeada al plano. Antes de entrar empezamos a descubrir las dotes de monaguillo de Alberto (aunque no daba ni una) ya que se puso a examinar los grabados de las piedras de la entrada intentando averiguar los santos, ángeles y arcángeles que eran.

Al entrar nos explicaron/explicó el pequeño monaguillo (fuera del circulo eclesiástico, Alberto) cómo era una catedral románica, y nos dirigimos al lugar más importante, la cripta. Pero no sin antes pasar por la pila bautismal, la cual habían trasladado de lugar, para lavarnos el alma con agua bendita.

          

Entramos en la cripta que estaba semienterrada, ya que no la pudieron hacer más profunda porque había una gran piedra debajo, y allí observamos los bonitos arcos que la albergaban. Situados ya frente al sarcófago de San Ramón contemplamos y tocamos las figuras que estaban labradas en él. Entre ellas se podía ver; el nacimiento del niño Jesús, los Reyes trayéndole los regalos, al Obispo Ramón dando la misa junto a otros curas, etc. Después visitamos la parte oeste de la catedral, donde se encontraba el coro con sillas con trampa, ya que te sentabas para cantar pero parecía que estabas de pie… ¡qué comodones eran! Más tarde estuvimos viendo las túnicas que usaba para dar misa junto con la sábana y la túnica funerarias del obispo, y llegamos al lugar más respetado, la silla de San Ramón, que fue robada por un ladrón de antigüedades europeo.

Pero resulta que el hombrecillo tuvo cargo de conciencia… y la devolvió, eso si, después de haberla troceado y haber vendido algunas piezas. Seguimos paseando por la catedral y vimos unos retablos con símbolos de pudientes familias de nobles y entonces descubrimos que no hay que ser un santo para ser un Santo, sino que hay que hacer tres milagros en vida y, cuando abran tu tumba al paso de los días, tu cuerpo no tiene que estar corrompido. Conclusión… ganaros el cielo con otro oficio jejeje. Más tarde vimos el altar mayor donde la luz reflejaba las figuras de unos guerreros batallando y por último llegamos al claustro, que es un patio interior donde se enterraba a los más influyentes, y el cual tenía muros repletos de inscripciones lapidarias y donde, como bien nos explicó Alberto, oraban los curas para dejar sus mentes en blanco mientras daban vueltecillas y vueltecillas al patio.

     

Después de esta visita tan descubridora xP, salimos por la puerta trasera de la Catedral y como aún disponíamos de tiempo, estuvimos tocando los molinos donde antiguamente se molía el trigo con unas piedras bastante, bastante pesadas, y nos encontramos con una especie de placetilla con una piedra circular en medio donde se podía leer:

“Este trayecto conduce a un final previsible”.

Y tan previsible porque al girar nuestras cabezas a la izquierda nos encontramos con el cementerio.

Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Experiencias

Laura La, nos habla del paseo botánico y de Anciles   Leave a comment

Laura La, nos cuenta la mañana del jueves, ya descansados, al menos un poco, cuando hicimos el paseo botánico y el de la localidad de Anciles.

Laura Labat

Hola d nuevo a todos. Aquí estoy yo otra vez, Laura La, para escribir mi última redacción de nuestro proyecto, que muy a pesar d todos, ya se termina. Pues bien, esta vez me ha tocado contaros a todas las buenas personas que queráis leer nuestro blog, la mañana del jueves:

Esa noche me tocó dormir en la tienda de campaña con Laura y Mariano y, al contrario que la noche anterior, pude dormir bien. Nos despertamos sobre las 8.30, y después de charrar un ratillo en las tiendas, salimos para terminar d cambiarnos y para guardar las tiendas, y nos fuimos a desayunar. Después de comernos un croasán y unas tostadas, bebernos un zumo y un vaso de leche, salimos hacia nuestro paseo por el bosque.

          

Nos bajamos de la furgoneta y después de que Alberto nos explicase que estábamos al lado de un balneario y que estaba allí situado porque sus aguas tenían propiedades transmitidas por la lava de los volcanes y que por eso se consideraban beneficiosas para la salud, entramos en el bosque. Lo primero que hicimos fue sentarnos en el suelo para ver como los glaciares habían dejado partes del terreno completamente lisas por las que había pasado el hielo y otras partes con grietas por la fuerza con la que el hielo había arrastrado piedras por esa parte del suelo.

          

Entramos en el bosque y pudimos ver diferentes árboles y plantas, como el buxo, del ke nos kontaron ke kontiene una sustancia llamada buxina ke es muy tóxica, y que hay que tener mucho cuidado con ella, líquenes, una carlina, de la que nos contaron que antíguamente se ponía en las puertas de las casas para que las brujas no entrasen por las noches, ya que se entretenían en contar las pepitas que contenía la carlina y cuando amanecía aún no habían terminado de contar, el tejo (al que casi no pudimos ver ya que pensábamos que solo estaba al final del paseo y como llegábamos tarde nos dimos la vuelta para volver porque nos estábamos entreteniendo mucho como de costumbre y entonces encontramos uno), o una estupenda zarza con unas estupendísimas moras jaja, y a la salida del bosque subí y bajé con Alberto una d las montañítas que dejó el glaciar a los lados del camino que os e contado antes. Después de que Rixar y Alberto luchasen como auténticos guerreros, nos subimos a la furgoneta camino de Anciles, ya pilladillos de tiempo.

      

Nada mas bajar de la furgoneta percibimos un olor… pestilente? jajaja que provenía de unas cabritas que eran mas pequeñas que las que estamos acostumbrados a ver ya que eran cabras marroquíes, y después de que algunos les diesen de comer empezamos a recorrer el pueblo a buen ritmo, no nos quedaba otra si queríamos llegar puntuales.

Pudimos ver algunas casas del pueblo por fuera, recordando que las puertas son grandes para que los animales pudiesen pasar y enterándonos en un preciso momento d que teníamos un váter encima de nuestras cabezas, ya que daba directamente a la calle y, después de ver algunas casas y algunos elementos de sus puertas (los cuales supongo que se mencionarán en el “anegdotario” y sino tampoco importa…) nos fuimos rapidiiisimo hacia Campo, donde nos esperaba una buenísima comida (toda esta última parte acompañados por Alberto y su IMPACTANTE olor cabril).

     

Bueno, creo que me toca ir despidiéndome, pero no sin antes dar las gracias a Luis, Alberto y todas las personas que se han prestado para acompañarnos y ayudarnos y, por supuesto, a mis compañeros Laura, Ana, Rixar, Jorge y Mariano, por hacerme pasar unos momentos estupendos y porque son unos amigos geniales.

Me alegro enormemente de haber podido formar parte de estos dos años por el Pirineo, he aprendido muchísimo de naturaleza, montaña y otras cosas, jaja, pero también he aprendido mucho de mi misma, dándome cuenta de que si algo quiero lo puedo conseguir, no sin antes poner un poco de esfuerzo. Lo dicho, que gracias por todo y que hay momentos que nunca nunca se olvidan! Hasta siempre!


Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Experiencias

Ricardo, subida a la Tuca de Salvaguardia   Leave a comment

…mi redacción, la acabo de terminar ahora mismo, jo, es la última, snif snif.

¿Ahora viene cuando me caigo de la cama, todo lo he soñao, y empieza la primera excursión?, ¿verdad?

Ayyyy, ke nostalgia, hay ke ver, bueno mira te kuento

RICARDO BADÍA

TUCA DE SALVAGUARDIA 2.738 m.

El calendario marcaba un día que prometió nunca marcar, era el día de nuestra última salida, la octava. Mirábamos hacía atrás y descubríamos todo aquello que ya habíamos pasado, ya habíamos vivido, ya habíamos sentido y que poco a poco se difuminaba entre las nieblas de nuestro recuerdo. Ese sentimiento era el que nos recorría a todos por las venas, el que se respiraba en el ambiente, el que latía en los corazones. Un sentimiento de que todas aquellas cosas bonitas ya habían sucedido y quizás no vuelvan a ocurrir.

Pero la octava salida estaba allí y era la última página de nuestro diario y que, como todas, había que llenarla, disfrutarla, vivirla y sobretodo grabarla a fuego en nuestra mente, ¡y estábamos dispuestos a ello!

La furgoneta aparcó en un lugar muy especial para nosotros. Si bien, nuestro nacimiento como montañeros se produjo en Canal Roya, este otro lugar, “Los Llanos del Hospital”, fue donde se colocó la semillita que germinó en los pequeños amantes de la montaña que somos ahora. Ahí se celebraron los campamentos de esquí, donde tuvimos nuestro primer contacto con la montaña y todo lo que esto conlleva. Entonces ninguno de nosotros podía llegar a imaginar que algún día estaríamos preparados para subir uno de esos picos. Pero las circunstancias desde entonces hasta ahora han cambiado mucho, y planeabamos subir a uno de los picos más altos, La Tuca de Salvaguardia, 2.738 metros.

Bajamos de la furgoneta y preparamos la mochila mientras las nubes grises iban desfilando a sus anchas por las cumbres de las montañas, acercándose a los collados, emborronando y disipándose por las laderas. La temperatura había bajado y el viento se dejaba notar. Después de un tiempo, y pese a estas condiciones, emprendimos la marcha con la mirada puesta en un pico que ni siquiera se podía percibir, dominado por las nubes pero que pronto estaría dominado también por nosotros.

Cruzamos el Llano por el que discurre el río Ésera, y por el que también discurrimos nosotros hace unos años con los esquís. El lugar a pesar de estar vestido de verde y no de blanco como lo habíamos visto nosotros, seguía siéndonos conocido,y cada pisada levantaba recuerdos divertidos y entrañables. Empezamos a subir acompañados con el rumor del agua del río como compañero. Desde este punto, el lugar ya no nos resultaba conocido, lo estábamos descubriendo entonces, a cada paso. Por el camino encontrábamos diferentes tipos de flores, pero había unas muy peculiares, de color morado y muy pequeñas que lo cubrían todo. Le pregunté a Alberto por ellas y me dijo que se llamaban “espanta veraneantes” o “robameriendas”, y que brotaban cuando empezaba a retirarse el buen tiempo. Miraras hacia donde miraras se podían ver.

A los lados del valle en el que estábamos encajonados vivían bosques espesos, de abeto y pino negro que ascendían y ascendían hasta llegar a las praderas alpinas, sin embargo la zona por la que discurría el sendero no tenía muchos árboles. Poco a poco fuimos andando por la primera parte del camino, esquivamos piedras, subimos desniveles y fuimos remontando altura. Nos acercábamos cada vez más hacía una pared desnuda, sin apenas árboles, que vestía de verde y gris. El verde correspondía a las praderas que se encontraban allí asentadas, y el gris a la zona cubierta de piedras y roca. Encima de esa pared estaba el lugar donde plantaríamos las tiendas para dormir, pero desde abajo parecía infinita e inalcanzable. El camino hacía “zetas” y, conforme iba subiendo por aquella pared, se tornaba cada vez más pronunciado. La ladera de aquella montaña presentaba hierba salpicada de “robameriendas”, “carlinas” y otras flores silvestres, incluso algún árbol esporádico se dejaba ver por allí. Íbamos subiendo y haciendo algunas paradas. Las nubes negras cubrían el cielo y las cumbres, pero no daban signos de lluvia, lo cual nos tranquilizaba.

     

Al mirar hacia el valle podías descubrir los bosques de abetos y pino negro que se encontraban en la ladera contraría. Ladera que hace de pies para el macizo de la Maladeta, que dormía debajo de aquellas nubes. Si seguías levantando la mirada, te encontrabas con el lugar en el que el bosque de abetos deja paso al prado, y después a las piedras, después perdías la pista a aquel macizo ya que todo se empezaba a nublar y cubrir de nubes, pero en algunos momentos se podían observar pequeños trozos del glaciar de la Maladeta. Todas estas observaciones las hice con cuidado de no tropezarme, ya que si desviaba mucho la atención hacia la ladera de enfrente, me topaba de morros con la que estaba pisando.

El altímetro seguía subiendo y mi cansancio también. Pronto el paisaje dejó de albergar árboles y hierba, y empezó a mostrarnos roca. En un punto de la ladera, el camino estaba excavado en la misma roca de la montaña. Teníamos que tener cuidado con no tropezarnos, aquel era el sitio que veíamos gris antes de subir por la pared. Cruzamos aquel lugar y seguimos avanzando, mirando hacía la sombra del Salvaguardia, cuya cima seguía tapada de nubes.

Al terminar de subir la ladera nos adentramos en una pequeña “vaguada” muy cerca ya de donde teníamos previsto acampar, pero como todo buen collado, dejaba pasar el viento y la sensación era bastante fría. El día de tren, furgoneta, presentaciones, compras y caminata que llevaba me estaba pasando factura y no podía dar ni un paso sin quejarme. Alberto, que tenía ya la cabecica muy rallada por mi culpa, sólo me decía “mira, allí acampamos, allí acampamos”. Pero aquel pequeño barranco se me hacía enorme. ¡Por fin llegamos al lugar de acampada! Desde allí se podía observar perfectamente la masa blanca que constituía el glaciar de la Maladeta, y más a su izquierda otro glaciar que así de lejos parecía más pequeño, el del Aneto. Poco a poco fue cayendo la noche y bajando las nubes, esponjosas pero negras, que ofrecían a aquel lugar un aspecto frío y fantasmagórico. Estas nubes negras se escurrían por las paredes de las montañas que teníamos enfrente, pero también por las que teníamos a nuestras espaldas, acercándose a nosotros peligrosamente pero sin llegar a mojarnos. Rápidamente nos abrigamos y comenzamos a montar las tiendas.

Encendimos nuestros frontales y preparamos la cena. Me senté sobre una roca con el “tuper” de pasta cocida, fría, que tenía. Empecé con buena intención, pero el frío que hacía y esa pasta sosa no eran de mi agrado, así que casi no comí. Después llegó la sopa caliente, ¡que emoción!, no sabéis lo que me pude llegar a alegrar por una sopa. Nos la tomamos rápidamente y nos metimos temblando dentro de la tienda de campaña. La temperatura había descendido hasta los 5 grados, y empezó a arreciar el viento. Lo que pretendía ser una salida de verano se convirtió repentinamente en una salida invernal, y es que los 2.300 metros, no perdonan ni en verano. En el interior del saco no se estaba nada mal pero aún así no te aporta el confort de una cama, así que estuve dando vueltas toda la noche. Hubo un momento en el que el viento sonaba muy fuerte fuera de la tienda, la noche fuera era muy fría pero dentro de la tienda no se estaba tan mal. Después supe que la mínima descendió hasta 1ºC. Entre ráfaga y ráfaga llegaron las 6 de la mañana y se armó cierto revuelo ya que Laura La se encontraba mal. Todos aprovechamos para quejarnos de lo mal que habíamos dormido hasta entonces, así que nos alargaron el tiempo de sueño y, al final casi todos logramos dormir.

     

Cuando nos despertaron, como buenos “sirvientes” que son Luis y Alberto, nos llevaron el desayuno al saco. ¡Que lujo! Aunque nos lo debían porque mientras los de mi tienda habíamos cenado frente a frente con los rigores del clima, los de la otra tienda se habían quedado tan panchos allí dentro y les llevaron la cenita y todo, así que por la mañana nos aprovechamos nosotros.

     

No tardé en salir de la tienda. Las montañas que ayer se habían visto oscuras y llenas de nubes negras ahora estaban totalmente iluminadas bajo un fondo azul claro que tenía el cielo en ese momento. Esa era la cara del pirineo que me gustaba, la agradable, la bonita, la brillante. Lejos quedaban ya aquellos fuertes vientos de la noche y aquellas nubes negras que cubrieron ese mismo cielo unas horas atrás. En aquel momento del día los Glaciares se veían perfectamente, libres de nubes. La imagen era impresionante, una gran masa blanca de hielo cubriendo la ladera de aquellos picos escarpados y aportando al paisaje un toque tan invernal, contrastando con el azul estival del cielo. Desde aquel momento, en el que vi los famosos glaciares que se están fundiendo por culpa de la contaminación, me duele el dedo corazón al apretar el interruptor de mi casa. Después de observar esto, terminamos de recoger y dejamos a un lado las mochilas para emprender nuestra marcha sin ningún tipo de peso.

Empezamos a subir, ¡jo así si que se puede! Íbamos muchos más veloces y más cómodos. Hasta el paisaje se hacía más bonito. Seguimos haciendo “zetas” por la ladera de la montaña. Nos desviamos un momento del camino que asciende a la cima del Salvaguardia para ver el Portillón, un paso escavado en la roca, que delimita la frontera entre España y Francia donde no solo resalta el paisaje sino la historia de aquel lugar por el que entraban los ejércitos y pasaban los comerciantes. A través de aquella puerta abierta a Francia se podía ver la otra vertiente del pirineo. Las montañas de aquel lugar eran muy escarpadas, y aposentado en el fondo de estas se encuentra un gran Ibón, boums en francés, de aguas azules, preciosas, limpias e impactantes. Las cuestas eran casi verticales lo cual le daba un aspecto mucho más salvaje y virgen. Además al encontrarse bastantes metros por debajo, da una sensación de vacío inmensa. Tras fotografiar aquello proseguimos con la marcha y retomamos el camino que asciende hasta el Salvaguardia.

           

Conforme caminábamos, aquella cima que se veía inalcanzable por la mañana iba tomando un tono más asequible. Estábamos animados, hacía un día perfecto y estábamos ya a mucha altura como para darnos la vuelta. Todo estaba a nuestra favor, el Salvaguardia se convertiría en tierra pisada dentro de muy poco. Continuamos por el camino y nos fuimos encontrando a otros montañeros, casi todos franceses, que también pretendían conquistar aquel pico. Dejando por debajo la zona en la que habíamos dormido, y mucho más abajo el fondo del valle, fuimos ascendiendo. Ya quedaba muy poco para la cima cuando nos encontramos con un paso en el que había que utilizar una sirga de acero que estaba fijada a la roca. Con el arnés acoplado al cuerpo fuimos pasando de uno en uno por aquel lugar. La verdad es que imponía más de lo que era en realidad, y todos pasamos sin ningún problema.

Continuamos con nuestro camino y seguimos hacia arriba, la cima ya se podía tocar con los dedos y el sendero no empezaba a ofrecer mayor dificultad como yo me temía, así que pasados unos minutos llegamos a aquella cima.

Desde allí podía observarse todo, los glaciares de la Maladeta, los Llanos del Hospital, el Ésera, el Pirineo francés, los ibones, el Aneto, ¡TODO!.

      

Tomamos un merecidísimo descanso y unas típicas fotos cimeras, y al cabo de un tiempo abandonamos aquel lugar que se convirtió para muchos en el punto más alto en el que habíamos estado, nuestro “Record” personal.

Emprendimos la bajada con ganas de comer. El sol comenzaba a picar a aquellas horas del mediodía y, al contrario que el día anterior, las nubes hoy ni se atrevían a asomarse por allí. Fuimos deshaciendo el camino que anteriormente habíamos subido, y la cima fue remontando sobre nuestras cabezas. Ahora el objetivo era llegar hasta el lugar de acampada donde nos esperaban nuestras mochilas con ¡comida! Atravesamos la zona de sirga y seguimos con nuestra marcha hacia abajo. Las tripas nos rugían y los pensamientos se marchaban a algún restaurante, mientras que nuestros pies seguían peleándose con aquel terreno que pisábamos. Cuando ya estábamos cerca de las mochilas vimos a un hombre pintando. Nos acercamos y observamos que era un cuadro del glaciar de la Maladeta, bañado por el sol de aquel día. Después de verlo bajamos las últimas “zatas” del camino y llegamos a las mochilas. Ahí comimos las sobras de la cena del día anterior, pasta, longaniza, etc. que para ser sobras estaban bastante buenas, y de postre tomamos lo que sobró del desayuno, barritas energéticas, frutas y demás. Tras un rato de relax, en el que con tripa de embarazados a todos se nos antojaba una siesta, emprendimos la marcha todavía con la comida en la boca. Y es que la montaña no esta hecha para descansar.

Bajamos aquel pequeño valle en el que tanto había sufrido el día anterior y que esta vez se me hizo mucho más corto, para adentrarnos en la zona excavada en la piedra. A mitad de esta, hicimos un descanso y Alberto nos comentó todos aquellos procesos geológicos con los que se había formado los Pirineos desde que era un mar, hasta ser la cordillera que es ahora. Y también su movimiento en el espacio, desde la latitud del ecuador a la latitud en la que hoy se sitúa. También le dimos un repaso a la formación de las rocas que luego repasamos al día siguiente durante el paseo botánico por el Río Ésera. Continuamos la bajada encontrándonos un tramo difícil en el que dar un paso era bastante complicado para nosotros, y que nos hizo ir lentos y llevarnos alguna castaña que otra, pero una vez superado esto, comenzamos a recorrer aquellas laderas con más velocidad. Pronto, al lado del camino, aparecieron pequeños árboles que daban una aliviante sombra, el único inconveniente es que en un segundo ya habías dejado atrás la sombra de aquellos pequeños árboles. Poco a poco nos fuimos rodeando cada vez de más árboles, y decidimos parar para tomar un descanso. Ya estábamos prácticamente en el fondo del valle. Se veían iluminados los meandros del Rió Ésera que Isabel había comparado con el papel plata que se pone en el Belén. Después proseguimos con la marcha, ya con mucho cansancio acumulado, pero con ganas de acabar. Los glaciares de la Maladeta se ocultaron y dejamos atrás aquel mundo Alpino que se había convertido en nuestra casa durante las últimas 24 horas.

Bajando por el camino tomamos otra variante que no discurría tan pegada al Río pero con una vegetación mucho más frondosa y abundante. Por ahí recorrimos nuestros últimos pasos hasta cruzar el Río Ésera. Empezamos a atravesar los Llanos del Hospital, que todos nos conocíamos tan bien, mientras el sol se escondía entre las sombras de las montañas cercanas. Al echar la mirada hacia atrás se descubría el Salvaguardia iluminado. Desde allí era grande, grandísimo y otra vez se nos concebía imposible, no podíamos creer que lo hubiéramos conseguido.

Llegamos al aparcamiento y a la furgoneta. Tras organizar las mochilas y cambiarnos la ropa nos reunimos todos y brindamos por estos 2 años de excursiones, por todos esos picos, por todos esos momentos por todas esas aventuras, y sobretodo, por todos esos recuerdos que nunca ninguno olvidaremos.

      

Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Experiencias

Ana nos cuenta la noche en la que vivaqueamos a 2.300 m.   Leave a comment

Los rigores del clima siempre son duros de asimilar, pero cuando pasa una noche de verano como si fuese de invierno, aun cuesta más. A Ana le impactó. Aquí nos lo cuenta.

Ana Ollero

NOCHE EN PEÑA BLANCA

Hola una vez más a todos los lectores de este blog. Esta redacción trata sobre la primera noche que pasamos en esta excursión de verano. Que es una pena, porque ya es la ultima.

Peña Blanca, fue la base uno durante la subida a Salvaguardia, y para llegar a ella, ascendimos unos 600 metros aproximadamente de desnivel y con mucho esfuerzo, ya que después de haber estado todo el verano sin hacer ejercicio, se nos notaba la fatiga.¡¡¡¡¡¡Y que cansancio!!!!!!!!!

La tarde noche que pasamos no se me olvidara nunca, y es que con tanto frió y viento era difícil tener una sensación térmica agradable para poder estar juntos, hablar, compartir historias, anécdotas… que siempre hemos contado en salidas anteriores, y que echaré de menos.

Cuando terminamos de montar las tiendas y el toldo para el vivac, y ya nos disponíamos a cenar, fue un poco raro y es que eso de cenar separados no me gusto mucho, pero hacia  frío, y nos obligo a que Laura La, Jorge y a mí, a tener que cenar dentro de la tienda, y al resto debajo del toldo.

     

Una vez cenados todos, con esa sopa muy apetitosa y calentita, que nos entro muy bien, y con los macarrones con atún, nos metimos todos en las tiendas ya dormir, ¡¡¡y madre mía que nochecita!!!

Laura La se nos puso malica, que pobre, no pudo dormir nada, y la verdad fue un fastidio, porque hasta lo pase mal yo, de verla a ella, pero menos mal que se recuperó, y pudo seguir en la salida. Luego eso de salir de la tienda a mitad de noche, con el frió que hacia, no es que apeteciera mucho, pero no quedaba mas remedio, siempre te quedaba la esperanza de: “en la tienda y en el saco se esta muy calentito y tranquilo”, jejejejeje, pero eso se terminaba hasta que soplaba el viento, y te despertabas, y es que me parecía que estábamos volando. Si nosotros pasamos frío dentro de las tiendas, Alberto, Isa, Luis y Ángel, mucho más. Me hubiera encantado estar en el vivac con todos, porque hubiera sido la primera vez que estaba en uno, y en una noche de verano, como se tenía pensado.

El despertar del día siguiente, fue muy divertido, es cuando mejor se estaba y de repente oyes una vocecilla masculina: ¡chicos! A moverse que se cae la tienda, jejejeje.

Es una pena el tener que terminar las salidas, y quiero deciros a todos que para mi el participar en este proyecto, me ha enorgullecido, por la gente a la que he conocido, Luis, Alberto, Isa, Ángel, Marisa, Miguel, Angelines de Susin, … Por los sitos que he conocido, por las cosas que he aprendido a vuestro lado.

Muchas gracias a todos los que habéis participado en este proyecto, tanto de manera directa como indirecta, y quiero que sepáis que nunca os olvidare, y que me gustaría que todo siguiera a delante, y que en Teruel, tenéis una amiga, para siempre.

GRACIAS A TODOS.

Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Experiencias