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Ribagorza, del 4 al 7 septiembre 2007   Leave a comment

LUNES 3 de septiembre de 2007

La previsión del tiempo es fabulosa, después de las lluvias de finales de agosto nos alegra tener estas expectativas. La última actividad del proyecto no puede quedar deslucida.

Por la tarde, Laura Labat fue a la estación de autobuses a buscar a Ana que viene desde Teruel.

MARTES 4 de septiembre de 2007

A las 7:30 AM acudimos a casa de Laura L para recogerla a ella y a Ana. A las 8:00 llegamos a la salida del garaje de la Delegación ONCE. Cargamos los bultos. Estamos Luis, Laura, Ana, Laura y Ricardo.

Salimos puntuales y como es costumbre recogemos a Mariano en la gasolinera de Gurrea. Confiamos en regresar con hora pero su padre no se cree nada (vaya fama).

Son las 9:00 y llegamos al Parking del Sabeco de Huesca para recoger a Jorge. Un SMS a Alberto para sincronizar y ponemos rumbo a Graus.

Son las 10:30 cuando llegamos y conocemos a Isabel y a Ángel. En esta ocasión, nuestros habituales Marisa y Miguel no nos van a poder acompañar por cuestiones de horarios laborales, una pena, sin embargo la voluntad de Ángel y la experiencia de Isabel fueron determinantes para el buen rumbo de la actividad. Isabel ya conocía nuestras andanzas. Isabel promueve unas Jornadas de Deporte y Discapacidad en el Medio Natural. El curso pasado nos llamó, teniendo constancia de nuestro Proyecto, para que participásemos en el panel de experiencias presentando la nuestra. En aquella ocasión no pudimos contar con la presencia de los chavales pero para las próximas que son a final de este mes de septiembre, ya nos lo montaremos para ir todos o casi todos. Tenía muchas ganas de acompañarnos y hemos tenido la suerte de que haya podido hacerlo. Ángel, por su parte, no dudó cuando se lo propusimos. De su experiencia en la naturaleza y en la montaña y de su predisposición, sacamos buen jugo.

Tras las presentaciones de rigor hicimos repaso del plan de los cuatro días y del de este martes en particular. El firme propósito de no eternizarnos en las maniobras que siempre hacen que lleguemos tarde a todas partes estará presente, o al menos esa intención llevamos. Para demostrarlo, elaboramos, un poco perezosos, la lista de la compra, así que Alberto tiene que sacar el látigo para arrear. Nos distribuimos por parejas buscando el equilibrio de la vista y nos lanzamos dentro del supermercado, un pequeño DIA sin apenas gente lo cual nos facilita las cosas. No saber dónde están los productos nos retiene un poco aunque el lugar está distribuido con lógica y más o menos nos orientamos dentro de él. Otra cosa es elegir los productos entre los muchos que son parecidos, es cuestión de paciencia. Después de pagar, a la hora de cargar en la furgoneta, aparece dentro de una de las bolsas el mocho de una fregona. Sorprendidos e impresionados por sus múltiples prestaciones, probamos a utilizarlo como peluca.

Unas últimas compras en la frutería y en la ferretería y todos a la furgoneta o al coche de apoyo. Sobre las 12:30 llegamos a Eriste, pequeña localidad del Valle de Benasque en la que tenemos previsto visitar el Centro de Interpretación del Parque Natural Posets-Maladeta. El sitio es recoleto y pequeño, la información que trasmite es la justa y suficiente para hacernos una idea de lo que supone este Parque. Así mismo completa la visita el apartado dedicado a los glaciares. Maquetas, simuladores y material escrito son más que suficientes para que podamos acceder a estos conceptos que tantas veces hemos recordado a lo largo de estos dos años. De igual modo la maqueta del Pirineo, que se puede tocar (con cuidado) nos ayuda a tener esa imagen global que tanta falta nos hacer para comprender la magnitud, extensión y disposición de estos Valles Pirenaicos que hemos visitado en, con esta, ocho ocasiones. El encargado de Centro nos guía en una primera aproximación, exponiéndonos los recursos con los que podemos contar. Comprendiendo las características del grupo y las necesidades que tenemos, nos permite licencias como las de tocar y mover lo que necesitemos, cosa que le agradecemos, y visto el interés que demostramos alarga la hora de cierre.

Hace hambre cuando salimos, a fin de cuentas estamos con un desayuno que hace rato que anda en la punta del pie, así que buscamos un lugar para hacernos los bocadillos. Pensamos que el pantano de Eriste es el lugar más adecuado, así que cruzamos y nos instalamos. El lugar es precioso y muy acogedor. Las luces que se reflejan en sus aguas, con montañas y bosque dibujados en ella son preciosas. Nos ponemos manos a la obra y es hora de demostrar que sabemos utilizar las navajas con las barras de pan, el tomate y el queso (esta vez de oveja y no de lonchas). Descansamos un rato después de comer y a continuación nos dirigimos hacia los Llanos del Hospital. Al fondo se observan unas nubes sospechosas que contrastan enormemente con el cielo azul y la situación anticiclónica que tenemos sobre nuestras cabezas. Empezamos a desconfiar del color oscuro que tienen. Cuando llegamos a los Llanos, los chavales empiezan a reconocer el lugar. Es la primera vez que lo ven sin nieve. Este sitio tiene para nosotros un significado especial puesto que es aquí, mientras realizábamos las actividades de esquí de fondo, donde se empezó a gestar el gusto por la montaña y donde decidimos que el marco que íbamos a elegir para acceder a la experiencias relacionadas con los contenido escolares sería el Pirineo.

Nos ponemos manos a la obra con las mochilas, quitar lo innecesario, repartir las bolsas de comida, y el bulto que cada vez pesa más. Habíamos previsto que un “mulo” nos ayudase en el porte de los pesos más importantes como las tiendas de campaña y el agua, al igual, que ocurría en la época de los contrabandistas y del intercambio de mercancías en esa misma ruta pero no pudo ser, una pena. Así que tuvimos que ejercer de burros como el año pasado. Las nubes estaban muy amenazadoras y una corriente de aire empezaba a ser preocupante. Isabel y David, que andan muy versados en esto de las mochilas, nos echan una mano.

Nos repartimos los palos direccionales e iniciamos la marcha. Al principio todo es muy suave, caminaos hacia las nubes por los prados que recordamos llenos de nieve. El lecho glaciar por el que caminamos muestra un fondo plano de valle, plano por el modelado se enormes masa de hielo y derrubios, que con su peso y paciencia “lijaron” y enrasaron este suelo. Las nubes amenazan y vamos derechos a ellas. Se terminan las bondades del fondo del valle y nos adentramos entre rododendros, pinos negros y abetos en terreno que va ganando altura. El suelo es muy tortuoso, cuando predominan las rocas metamórficas como el granito, vemos que no son fácilmente erosionables y por eso lo que tenemos que sortear son montones de grandes pedruscos graníticos que dificultan muchísimo nuestra progresión. Al poco, con la altura, va desapareciendo la masa forestal, dejamos detrás de nosotros el abetal y tan sólo nos acompañan algunos pinos negros de esos que son duros y resistentes en un suelo que pasa unos cuantos meses cubiertos por un manto blanco. Muchos de estos pinos negros, robustos y con semblante tortuoso, toman estas caprichosas formas porque en su crecimiento la nieve los obliga bajo su peso a encontrar otros caminos para crecer.

La sensación de frío la da el viento, que cada vez se pone más pesado. Las paradas son incómodas. El sendero, hasta ahora bien marcado, cambia al cruzar uno de los nervios de la ladera de la montaña y desaparece. Tenemos que atravesar una zona fuera de sendero, en una medio trepada que cuesta arriba, pues la de aquel, pero que para bajar ya veremos pues se anuncia complicada. Al poco atravesamos una enorme placa blanca de caliza por la que circula el camino escavado a pico y pala por los antaño intrépidos comerciantes que iban y venían de la vecina Luchón. Las nubes bajas, cada vez más amenazantes, hacen que parezca más tarde de lo que realmente es. De todos modos, caminar hacia la zona del vivac en estas condiciones es incómodo. Por fin a las 20:45 llegamos. Los chavales están ateridos de frío y no es para menos, hemos ido a elegir el único día del verano con una clara connotación invernal. Nos organizamos en varios frentes, localizar lugares competentes para plantar las tiendas, distribuir la comida, preparar las cenas… Establecemos dos turnos de cenas para que los que esperan se puedan meter en las tiendas. Los macarrones que traemos desde casa para mezclar con la ensalada no quieren entrar en la boca, sólo el calor de una sopa parece capaz de templarnos.

Ya más templados por la cena sólo nos apetece meternos dentro del saco que es donde mejor vamos a estar. A las 23 horas, y a juzgar por lo pronto que hay silencio pensamos que la jornada ha sido agotadora. Es hora de preparar el vivac para los demás, ¡¡¡qué poco apetece!!! Después de pelear con las ortigas, las piedras del duro suelo, el desorden de las cenas y el puñetero viento, podemos darnos por contentos con el toldo que hemos levantado. Entramos a gatas y, mañana será otro día, son las 0:00 horas.

La noche es toledana, el viento nos despierta, los que llevan sacos finos tienen sus más y sus menos con el descanso, los sensibles de oído sufren las arremetidas de las “respiraciones profundas” y a mitad de noche… los alaridos de Ana, que para eso tiene suave el timbre de voz, rasgan la quietud del momento (04:15 horas). Laura Labat se encuentra mal, el estómago le juega una mala pasada. Alberto se levanta y le prepara una infusión para ver si podemos templar esos destemples y desasosiegos. Laura está curtida y sabe sobreponerse al desamparo del momento. Alberto vuelve al saco a arañar un par de horas más al descanso.

MIÉRCOLES 5 de septiembre de 2007

Si la noche fue un desastre de frío, viento y otros menesteres, la mañana amanece radiante y despejada. A las 6:45 el cielo luce raso de un azul limpio que refleja los primeros rayos de sol sobre los soberbios glaciares de la Maladeta y del Aneto.

Un momento irrepetible de esos que crean escuela. Hay que quedarse quieto mirando cómo evoluciona el sol en su ascenso matutino para empezar a bañar con sus pinceladas de luz las crestas granitos, pizarras y areniscas que nos rodean. La magia de los colores nos envuelve en tanto que ya tenemos ganas de que los rayos de sol nos acaricien la piel de una vez por todas. Nos adelantamos con el desayuno, antes de remover a los chavales que ahora, parece que están en el mejor de los sueños.

Con el día más templado de temperatura vamos sacando al personal de la placidez de los sacos. A las 8:00 desayunamos con las legañas pegadas a los ojos y empezamos a recoger los enseres. No está permitido acampar en el Parque natural, así que nos vemos obligados a recoger el vivac y a apilar las mochilas para no cargar con ellas. Nos pertrechamos con algo de abrigo, agua y un poco para picar y nos ponemos en marcha camino de la Tuca de Cabelluts o Salvaguardia. Como siempre algo más tarde de lo que nos gustaría. Estamos en la última salida y todavía no hemos mejorado nuestra agilidad en estas maniobras.

Partimos a las 9:30, bien untados en la protección solar. El camino discurre en suave ascenso por un claro sendero que hoy sí que podemos disfrutar. A los 10 minutos nos desviamos para acercarnos al paso del Portillón, pequeño collado excavado en las afiladas laderas de la montaña, que da paso a Francia, a través del cual podemos llegar a un refugio francés y a la localidad vecina de Luchón. La vista de los lagos (Boums) con el impresionante contraluz e preciosa. Pero como en todos los collados, y en este que además está en sombra, pega el viento, así que de apacible el lugar tiene poco. Volvemos a las soleadas laderas de este lado de esta montaña que no entiende de fronteras y seguimos subiendo.

A partir de aquí, el camino sube alternando zonas de muy buen pisar por una traza perfectamente marcada a través del pasto alpino, con zonas pedregosas donde la roca que mezcla areniscas muy compactas con pizarras y otras piedras ricas en minerales que la tiñen de un rojo intenso hacen penosa la marcha. A veces nos tenemos que emplear a fondo para superar determinados tramos que por un lado están muy empinados y por otro con un suelo muy roto. Entretenidos pues con esta vicisitudes llegamos una hora más tarde hasta el paso que nos tenía preocupado. Son las 11:00 y hay que salvar un tramo horizontal atravesando un zócalo de la montaña con roca viva, resbaloso y con ambiente. El paso está equipado con una sirga que nos servirá como seguro si nos anclamos a ella desde el arnés con una cinta y su mosquetón.

Vamos muchos para vigilar la seguridad del momento. Alberto e Isabel acercan a los chavales hasta el principio del paso y le aseguran los arneses y los mosquetones a la sirga. Luis los acompaña a través de la travesía horizontal y Ángel los recepciona en una zona segura. La maniobra nos sale que ni que la hubiésemos ensayado, así que 45 minutos ya estamos todos al otro lado del cable festejando el momento.

Tenemos la cima muy cerca y el sendero no ofrece más dificultades que las de estar muy empinado en algún momento, así que en media hora culminamos la ascensión, llegamos todos arriba entre el cansancio y la grandeza del momento. Un poco antes de las 12:30 nos abrazamos. Es muestra última cima, al menos dentro de este proyecto. El día está radiante, la panorámica es impresionante. Al Norte Francia donde podemos admirar los Boums del Puerto, ese numeroso grupo de ibones recuerdo de glaciares de antaño. Al Este el contraluz del sol que nos regala unas hermosas siluetas desde el Paso del Portillón hasta el Pico Mulleres y la cresta de Salenques. Al Sur las impresionantes moles del Aneto, las Maladetas y el Alba con sus glaciares descarnados por los efectos del cambio climático. A nuestros pies el claro dibujo de la artesa glaciar que nos lleva desde el Aneto hasta más allá de Benasque. Al Oeste el brillo del granito del macizo del Posets.

La claridad del día es meridiana, la temperatura perfecta. Nada que ver con la de ayer. Hacemos la lectura de paisaje, identificamos formas geológicas y lugares geográficos. Descansamos y charlamos, echamos un bocado, nos fotografiamos para el recuerdo y hacemos cálculo logístico. Con lo que nos cuestan las maniobras mejor que nos vayamos bajando. A las 13:05 iniciamos el descenso.

Muchos sitios son más complicados de bajada que de subida, muscularmente estamos más capacitados para subir, además percibimos mejor el terreno. Las zonas de losa, y lapiaz nos cuestan mucho de superar, sin embargo el tramo del cable lo pasamos casi sin enterarnos, la cuerda da mucha confianza. A las 14:45 llegamos al punto de vivac. Los estómagos rugen de hambre por lo que nos abalanzamos encima de las bolsas de comida. Lo que anoche no nos apetecía hoy tiene otro aspecto. Rehacemos las mochilas, nos aligeramos de ropa y a las 16:30 continuamos el descenso. ¡¡¡Qué lentos somos para estas maniobras!!!

Sobre las 17:15 llegamos a la zona de piedras blancas que da nombre a la Peña Blanca. La cruzamos con cuidado de no resbalar. Al rato, sobre las 17:30, afrontamos un destrepe penoso que para estas alturas del día es como una penitencia. Nos quedan las innumerables “zetas” que bajamos con el piloto automático. A las 18:15 reagrupamos el grupo y nos tomamos un descanso. Richar tiene una experiencia mística en una zona de pino negro. El calor del cercano fondo de valle se hace notar y nos quitamos algo de ropa.

Ya queda poco, nos falta cruzar el bosque y atravesar un arroyo para llegar a los Llanos o Pllano de l’Espital. Son las 19:00 horas cuando se produce este hecho. Con marcha robotizada vamos llegando hasta la furgoneta, n o vemos el momento de cambiarnos de ropa, de calzado, de asearnos… A las 19:30 ya no pega el sol en el aparcamiento pero ya estamos todos. Sacamos una botella de cava, gentileza de Tere, la madre de Jorge (gracias Tere), y con unos aristocráticos vasos de plástico hacemos los brindis de rigor, y qué rico nos sabe.

Nos vamos despidiendo de Isabel y Ángel que se tienes que marchar a Ainsa esta noche. Nosotros pensamos en un lugar donde poder cenar y se nos ocurre que una pizza es buena idea. Ante esta propuesta nuestros amigos no se pueden resistir y deciden acompañarnos. Celebramos nuestra ascensión de esta guisa y, ya muy cansados y con ganas de dormir nos despedimos y tomamos camino de Pllan de Senarta para, en la zona de acampada libre plantar las tiendas a la luz del frontal, que como remate a nuestras energías no está nada mal. La zona de acampada dispone de baños y lavabos lo que agradecemos enormemente. Después de organizar mochilas y de montar las tiendas caemos rendidos dentro de los sacos. Un día intenso. Creo que a las 0:45 ya no se oye nada.

JUEVES 6 de septiembre de 2007

Hoy nos levantamos bien descansados. Aunque hay que entrar en las tiendas “con todo” para despabilar al personal. Las 08:30 no es una hora demasiado intempestiva para empezar a circular ¿no?

Asearnos, desmontar tiendas, rehacer mochilas, cargar furgoneta, en fin, la rutina de siempre a la velocidad de siempre, una hora y cuarto nos cuesta salir dirección a Benasque a desayunar en una cafetería, se nos “olvidó” contemplar este desayuno el día que hicimos los menús. Cumplido el trámite culinario volvemos hacia la zona de los Baños de Benasque, curioso asentamiento romano, para iniciar el sendero botánicoque remonta el cauce del Ésera.

Hoy Alberto está particularmente inspirado y este punto le acompañará todo el día, así que dejamos que se explaye y disfrute y nos haga disfrutar de lo mucho que sabe y de lo bien que lo trasmite para que nos guíe y muestre desde las huellas del lecho glaciar, fresnos, arces, abedules, helechos, tilos, cardelinas, bojs, pinos, abetos, musgos… a lo largo de un recorrido que se nos antoja corto, porque como siempre, llevamos el reloj en contra nuestra. Una pena porque estábamos disfrutando mucho. En estos momentos es cuando vemos que la decisión de ser 8 en el grupo ha sido acertada pues podemos llegar y acercar las experiencias a todos sin que los tiempos de espera demoren demasiado la marcha del grupo.

Antes de subir a la furgoneta, nos animamos con un pequeño torneo medieval donde los caballeros lanceros lucen sus habilidades en la monta ecuestre y se baten por el favor de alguna doncella de dulces encantos.

Dicho esto ponemos rumbo a Anciles, quizá uno de los pueblos con más encanto de todo el Pirineo Aragonés. Cuando llegamos, a las 13:00, un penetrante olor a cabra envuelve el ambiente. Las habilidades olfativas de nuestro rastreador así lo certifican. Varias cabrillas pequeñas pero de fuerte olor se acercan para que las acariciemos y si cuela, pues a que les demos algo de comer. Jorge, que está muy puesto en esto de las cabras las encanta con una barritas energéticas en medio de la algarabía que nos produce el aroma de su piel.

El recorrido por Anciles es una lección de historia, de arquitectura y de la adaptación del hombre al medio. Nos detenemos en los arcos de las fachadas de las entradas de las casas, observamos los vanos de las puertas, las molduras y los frisos que las coronan, las mezclas de materiales que las configuran, los detalles ornamentales que las adornan y los accesorios que las visten. Granitos, pizarras, mármoles, calizas y areniscas son los materiales empleados y vemos el aprovechamiento que los habitantes del lugar han hecho de un suelo tan rico como el que nos rodea, según los usos para los que es mejor cada uno de ellos. Nos detenemos un rato en un arco de tosca para ver el raro comportamiento de los procesos químicos en la formación de algunas piedras. Repasamos el proceso de la erosión, la calma del tiempo y reparamos en las coincidencias que han de darse para que se forme esta curiosa piedra que, en el pirineo, está presente en todas las chimeneas.

Otra vez es una pena que estemos presionados por el reloj pero nos esperan en Campo, nuestra próxima parada, donde dejaremos los macutos, nos ducharemos y comeremos, antes de partir hacia Roda de Isábena.

Con el calorcito del mediodía, la media hora de furgoneta y el “run-run” del motor, es una invitación a la siesta. Por fin llegamos a Campo, son las 15 horas y tenemos platos con comida caliente, duchas y camas… no nos lo podemos creer. Nos recibe Aurelio, viejo conocido nuestro desde los tiempos de los primeros campamentos y las primeras salidas a la nieve. Nos acompaña en el café mientras nos turnamos entre duchas y descansos. Es un rato reparador antes de salir hacia Roda.

Después de un camino precioso a los pies de la sierra del Turbón, a través de margas y otro tipo de paisaje muy diferente del que nos ofrece el valle de Benaque llegamos sobre las 17:45. Roda de Isábena es la última visita y la última actividad que hacemos dentro del marco de este Proyecto que nos ha tenido ocupados estos dos últimos años. Acabamos de tomar el valle central de la comarca de la Ribagorza, veníamos del Oeste, el Valle del Ésera, ahora estamos en el Valle del Isábena, en la localidad de Roda.

Roda es medieval, así lo atestiguan su muralla y sus angostas, empinadas y empedradas calles que cortejan la imponente Catedral de San Vicente, según nos cuenta Laura M en su trabajo, la localidad más pequeña del Estado que posee una Catedral. Si no fuera por las cuestas, pasear por sus calles sería una delicia, pero hoy nos pilla un poquito cansados. Desde una de las balconadas de la muralla vemos un paisaje diferente donde las muelas y la fuerza de la erosión del río en su cauce medio sobre estos terrenos de sedimentos blandos dibujan una geografía que nos recuerda a la del Serrablo. Ricardo nos sorprende con una rara habilidad barométrica para calcular la altura a la que estamos.

Llegamos a la Catedral, hay que hacer la visita guiada pues en esta zona están muy sensibles con su patrimonio después de las visitas que les hizo Eric el Belga con su afán expoliativo y con los litigios que actualmente tenemos con el arzobispado de Lérida por los bienes y patrimonios aragoneses que no están donde deben de estar. Sobre las 18:30 nos abren las puertas, nos prohíben hacer fotos (¿?) y nos muestran el interior de un templo magníficamente conservado, mezcla de innumerables estilos y cargado con kilos y kilos de historia. Alberto tiene su segundo momento del día, probablemente la guía del lugar, muy amable todo sea dicho de paso, todavía se esté preguntando que de dónde habría salido aquel torbellino de pelo largos que no paraba de hablar y de explicar mil y una cosas sobre iconografía religiosa y ritos litúrgicos varios. Para nosotros, ya acostumbrados a él, es un gustazo escucharle pues al entusiasmo que trasmite tanto hablando de acebos como de San Roques o de barranqueras es muy difícil de sustraerse.

Nos situamos con los planos en relieve de la planta del edificio para diferenciar las diferentes naves que conforman la Catedral y vamos visitando las diferentes dependencias. Nuestra condición de discapacidad visual nos permite acercarnos a lugares que a otros les están vedados, así que podemos abrir cancelas, echar mano a los relieves, explorar rostros y figuras, tocar arcos y disfrutar de las magníficas tallas de la sillería del coro.

Nuestra guía, seguramente aturdida, tiene que cerrar las puertas de la Catedral y nos acompaña hasta el Claustro. Sobre las 19:45 nos despedimos de ella y nos tomamos el Claustro como lo que es, un lugar de reflexión y quietud que muy bien nos sirve como colofón de esta visita. Después de experimentar este hábito monacal nos dedicamos a estudiar las tallas de los capiteles que rodean el jardín. Nos recuerda a San Juan de la Peña. Sobre las 20:15 salimos a la calle. El atardecer invita al reposo, nos fijamos en un molino de aceite que adorna una plaza y en un curioso paseo en espiral a lo largo del cual, y siguiendo la lectura de varias letras sueltas, conformamos un mensaje que en definitiva nos viene a decir que al final del camino todos terminamos en el mismo sitio. Nos sorprendemos un poco y al girarnos vemos el sentido de las palabras, estamos encima del cementerio. (¡!)

Tenemos media hora hasta que nos abran el refectorio de la Catedral, que se ha convertido en un afamado restaurante y que nos va a servir como cena de despedida de estos dos años. Así que nos vamos a tomar un refresco en una terraza a las puertas de la Catedral.

El refectorio está ubicado en una nave lateral contigua al Claustro de la Catedral. Actualmente da servicio de cenas. El interior es muy bonito y recoleto en su magnificencia. El ambiente que se ha creado invita al descanso y a disfrutar de la compañía. Ricardo encuentra en la decoración una pintura que parece su vivo retrato. Disfrutamos de la cena mientras comentamos los recuerdos que tenemos de nuestras andanzas. Pasamos una velada muy agradable. Nos acordamos de cuando lanzamos la idea tres años atrás, que este grupo ya no es el de aquellos críos con ganas de enredar.

A las 23:15 volvemos a Campo. Mariano y Jorge se desmelenan con lo más duro que su repertorio punk musical les permite, dándonos una lección gramatical y semántica difícil de olvidar. Un claro contraste con la visita que acabamos de hacer.

Cuando llegamos, como compartimos espacios con un viaje de la tercera edad que está en plena verbena, vemos que hay un follón de narices. Nos saluda Paula de Sargantana que está tirando de ese carro y con la que estuvimos esquiando este invierno pasado con los chavales de Primaria. A las 00:15 ya estamos cada uno en la habitación.

Hoy dormimos en colchón, imagínate.

VIERNES 7 de septiembre de 2007

Vaya ocho horas de sueño reparador. A veces lo más cotidiano es lo que más agradecemos. A las 8:00 nos vamos por las habitaciones a remover a los perezosos. Tenemos media hora para asearnos, recoger y bajar a desayunar.

Superados estos trámites recogemos las habitaciones y nos disponemos a hacer la evaluación del Proyecto. Buscamos un sofá y nos ponemos al tajo.

Comentamos las expectativas con las que empezamos y las comparamos con lo que realmente luego han sido nuestras actividades, y así concluimos que: “nos lo esperábamos pero no del todo pero sí que ha sido lo que nos contasteis”, “sobre el grupo que Kevin lo dejara y que Mariano se lo plantease pero muy bien que lo apoyaseis”, “muy bien pero quería más nivel montañero”, “la montaña es muy dura”, “incidir en más actividades de naturaleza”, pero que en definitiva “todo muy bien”.

En conjunto, y repasando la esencia del Proyecto, estas son las conclusiones de nuestro rendimiento:

Deportivo: la montaña bien pero muy dura

Naturaleza: incidir más en este aspecto

Académico y cultural: necesitamos trabajar y preparar más

Destrezas y autonomía: podíamos haber hecho más pero hemos querido abarcar mucho.

Relaciones de grupo: hay que estar con todos para no cerrarnos.

Hecha la autocrítica y la reflexión pasamos por un momento de loas y alabanzas que hubo que cortar para que, en fin, moviésemos de allí.

Dejamos de ver un castillo que teníamos en la ruta pues Ana tiene que ir a Madrid esta tarde y hay que comprar ese billete. Nos despedimos de Aurelio y del resto del personal de Campo y nos vamos al Sobrarbe para dejar a Alberto en Aínsa. Las despedidas siempre son un rollo y unas más que otras.

Jorge se queda en Huesca, Mariano en Gurrea y los demás pillamos el atasco de la vuelta ciclista que llega a Zaragoza precisamente hoy y ahora, a las 16:30. Eso con la obras de la Estación Intermodal es una mezcla poco oportuna si vas con prisa para comprar un billete en viernes a Madrid. Los padres nos esperan allí, las filas son inmensas, aparcar es otra, el nivel de estrés se dispara, el cansancio de cuatro días castiga. Al final todo va cuajando y Ana consigue su billete. Ricardo y su madre esperan con ella, el servicio de Renfe la acompaña hasta el AVE y a las 20:00 horas todo el mundo, unos antes y otros después, está donde debe de estar.

El lunes empieza un curso nuevo.

Suerte para todos.

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Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Actividades

San Juan de la Peña, Valle de Echo 24 y 25 marzo 2007   Leave a comment

San Juan de la Peña, Valle de Echo, y Oroel

24 y 25 marzo 2007

VIERNES 23 de marzo de 2007

El tiempo pinta incierto. Ha nevado con insistencia a lo largo de la semana y ha cambiado las condiciones primaverales, casi estivales, por otras más duras e invernales. El acceso al refugio de Lizara está comprometido y nos obliga a caminar por la carretera (cortada por desprendimientos) con todos los bultos por lo que decidimos llamar para anular la reserva y pernoctar en el refugio de Canfranc al que podemos llegar en la furgoneta (tras un rodeo un poco largo), pero como decía aquel, allí jugamos en casa… Por esta razón cambiamos la subida al Puntal Alto de lo Foratón (en Lizara) por la de Peña Oroel (en Jaca). Este cambio de destino nos obliga a cambiar parte de los objetivos cuniculares, así pues, el objetivo de conocer el Valle de Echo y su importancia histórica desde la perspectiva humana y etnológica lo hemos trasformado en otro que versa sobre la historia y los orígenes de la Corona de Aragón, monasterios y primeros Reyes centrándolo en la comarca más amplia de la Jacetania en vez de en los valles occidentales. No obstante el hilo conductor de la historia se respeta.

Por la noche, a las 9:30, Laura Moya fue a la estación de autobuses a buscar a Ana que viene desde Teruel.

SÁBADO 24 DE MARZO DE 2007

A las 7 AM estamos en la salida del garaje de la Delegación ONCE. Cargamos los bultos. El tiempo está amenazador y la previsión es incierta. Parece que cada vez que nos acercamos a Navarra el tiempo se torna tormentoso.

Salimos puntuales y como es costumbre recogemos a Mariano en la gasolinera de Gurrea. Esta vez tenemos que tocar el asunto de las tormentas para demostrarle a Mariano que todo tiene su explicación y que conociendo cómo funcionan los fenómenos meteorológicos podemos evitar sus desastrosas consecuencias.

Son las 9:00 y ya estamos en Sabiñánigo. Hacemos cuartel general en la cafetería de la estación, ya nos van conociendo. Entregamos los dossieres y sacamos los menús que han preparado Laura L y Ricardo y las tres listas de la compra para que nos lo expliquen. Entre tanto llegan Jorge y su madre desde Jaca y se unen al grupo. Tere, como siempre, se adelanta a la hora de pagar. Repasamos el plan del fin de semana poniendo al corriente al grupo con los cambios de planes provocados por las inclemencias del tiempo.

En Mercadona apenas tardamos 15 minutos en hacer la compra. Se nota que ya sabemos dónde están las cosas y las parejas van como balas por los pasillos. Además no hay gente por lo que circular es fácil. A las 10:00 salimos a la furgoneta para cargar las bolsas y tomamos camino hacia el monasterio de San Juan de la Peña, fabulosa joya del románico aragonés y cuna de leyendas y misterios vinculados a los convulsos tiempos de la Edad Media. Desde la furgoneta vemos como una nube se ha quedado pegada a la cima de Peña Oroel dándole el aspecto de un barco humeante en llamas. Nos cuesta 45 minutos meternos en los umbríos valles transversales que, desde el desvío a Santa Cruz de la Serós, se adentran en las entrañas de esta pirenaica sierra exterior. La falta de sol y lo abrupto del terreno, conglomerado, configuran un paisaje frío donde la nieve se guarece en las barranqueras en forma de vertiginosas cascadas de hielo. Con la temperatura que hace (entre 0ºC y -1ºC) es difícil de comprender que unos monjes escogieran este apartado pero hermoso pasaje para instalarse.

Tanto fresco y frío no tardo en regalarnos una carretera tapizada de blanco, ¡buf!, las 10:45, hora de cadenas. ¡¡¡Vaya rollo!!! Nos lleva media hora desliarlas y montarlas, ¡¡¡vaya rollo!!! Ya en marcha se nos soltaron unas seis veces, ¡¡¡vaya rollo!!!, incluso una de ellas rompió uno de los eslabones dejándola inservible, ¡¡¡vaya rollo!!!. En una de las curvas, la carretera se asoma hacia el este y vemos majestuosa la proa a contraluz de la Peña Oroel que mañana intentaremos subir. Paramos a hacer una lectura de paisaje de esas que nos sirven para situarnos en el amplio contexto pirenaico con el que ya estamos muy familiarizados. Intentamos saber dónde están los lugares que hemos visitado en otras actividades, localizarlos respecto de dónde estamos y verlos dentro del contexto geomorfológico que conforman las unidades del relieve. De esta manera vemos que San Juan de la Peña es parte geológica de la línea que se prolonga desde donde estamos, pasando por Peña Oroel hasta Santa Orosia (nuestra salida de otoño) y más allá hasta Peña Canciás, como frontera orográfica con el Sobrarbe (nuestra salida de invierno).

Cuando la carretera se asoma al sol, la nieve desaparece por efecto de la radiación solar en forma de calor y podemos asomarnos al Monasterio.

Tras aparcar y abrigarnos nos quedamos admirando el espectacular enclave en el que se encuentra esta construcción cuya techumbre son los depósitos milenarios de derrubios que por efecto de la acción del agua combinada con el carbonato cálcico, fusión compactación, erosión y orogenia han dado lugar a esta impresionante mole conglomerada que eremitas y posteriormente monjes, emplearon para edificar este hermoso edificio tan cargado de connotaciones históricas desde los mismos albores de la Corona de Aragón.

Nos acercamos a la entrada. Los encargados, al vernos y comprender las características de nuestro grupo, nos aplican la tarifa especial y nos dicen que podemos tocar y sobrepasar las medidas de protección que protegen este patrimonio de las manos del gran público. Agradecemos su invitación y nos metemos en harina.

     

Entramos en la primera planta o planta baja, según se mire, donde visitamos la iglesia original, la del 920 y la sala de concilios donde tomamos las primeras referencias a Ramiro I. En estas, Mariano saca pecho y abre el dossier para explicarnos en clave de pausada lectura el trabajo que ha preparado para guiarnos a lo largo de la visita. A través de su lectura vamos tomando conciencia de los elementos arquitectónicos, de los datos históricos y de la peculiaridad del espacio. Nos tomamos nuestro tiempo para llegar a todos los rincones. El fabuloso estado de conservación y restauración nos permite disfrutar. Con ayuda de un atlas en relieve que llevamos para conocer diferentes asuntos arquitectónicos podemos comparar la representación a la que estamos acostumbrados en los libros con la realidad misma. Hay reflexiones interesantes al respecto.

Hace frío y pensamos en salir a la luz y al sol, pero la situación no cambia, orientación norte, umbría,… un frío que pela. Subimos hacia la segunda planta, y nos detenemos en el Panteón de los Nobles. Un lugar donde disfrutar de los relieves que adornan los nichos que dan descanso a personas relevantes de los inicios de nuestra historia. La ventaja de poder tocar las cosas y verlas a pocos centímetros es que así podemos hacernos una buena idea de cómo son y del trabajo que les ha dado a los que las han labrado con paciencia y esmero. Hay tantos detalles en los que fijarse que tenemos que seleccionar. Nos quedamos con el clásico ajedrezado y las bolas jaquesas. Así como con diversas figurillas que las adornan.

Seguimos camino hacia la iglesia de San Juan y ahora escuchamos, en 1094, a Sancho Ramírez y, en 1399, al abad Gandulo de Abaira recordado muy a su pesar por ser el responsable de que el Santo Grial, custodiado bajo estas peñas, tomase rumbo a Valencia. A la luz de unos hermosos ventanales vemos el triple y sencillo ábside coronado por el roquedo. Tomamos uno de los altares para cambiar su primitiva función por otra con la que estamos más familiarizados (como pupitre) y allí extendemos nuestros dossieres y el atlas antes de volver a escuchar tranquilos la lectura de Mariano que nos guía la visita. El panteón Real es el último lugar que apreciamos bajo esta bóveda, allí descansan supuestamente Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I custodiados por escenas que representan los elementos del Escudo de la Corona. Como está lejos y hay que verlo desde la puerta, no nos hacemos demasiada idea por lo que seguimos nuestro camino. Observamos capiteles, fustes y demás elementos antes de cruzar una hermosa puerta mozárabe con su característica herradura que nos da paso a ese claustro que forma parte de la memoria visual de los aragoneses.

Este claustro Románico que data del XII, es una joya y un regalo para los sentidos. Pasamos mucho rato observando y tocando (gracias al permiso que nos han dado) las diferentes representaciones que evocan sus capiteles, desde episodios del Génesis, vida y obra de Jesús y otras representaciones fantásticas. Están muy bien conservados y además la altura a la que se encuentran facilita que podamos acceder a ellos. Reconocemos la talla de la Última Cena, el pasaje de los panes y los peces, y otras escenas famosas. El frío hace mella en la sensibilidad de nuestras manos así que tras 50 minutos intensos damos la espalda a la capilla de San Voto, s. XVII, renacentista y barroca, que desentona enormemente en ese ambiente, para irnos a la de San Victorián, s. XV, Barroca y con muchísimos detalles interesantes para perderse escudriñando entre ellos. Después de un rato observándolos y viendo también otros bajo relieves del muro, volvimos a cruzar la iglesia Alta y el panteón de los nobles para entrar en la mesadería y apreciar el horno donde los monjes hacían pan, y una necrópolis real.

Demasiado frío y ganas de comer es lo que tenemos después de esta mañana intensa, así que nos recogemos en la furgoneta a la que, como le ha dado el sol, encontramos de lo más entrañable.

Son las 14 horas cuando tomamos rumbo a Santa Cruz de la Seros para comer al sol en alguna pradera. Preparamos los bocadillos en la fachada sur de la iglesia y nos tomamos un receso.

A las 15:30 tomamos camino de Siresa para visitar la magnífica Iglesia de San Pedro en la que cuentan se gestaron los cimientos de la Corona de Aragón. Llegamos a las 16:15 al abrigo de un solecito de lo más rico, pero la decepción es grande pues, a pesar de haber concertado la visita telefónicamente, nos encontramos un cartel de “cerrado, disculpen las molestias, gracias”, así que nos dimos con la puerta en las narices. No obstante sacamos los apuntes y Ana, que se había preparado el trabajo, procedió a explicarnos. Pero no contenta con tirar de esquema en relieve de la planta del edificio, dio rienda suelta a una sorpresa que se había preparado con ganas. Sacó unas castañuelas del bolsillo, se cuadró, brazos en jarras, rodilla en alto, pie de puntillas, y… se nos marcó una jota con salero y escuela de las que quitan el hipo para asombro de los presentes y demás viandantes que se acercaban a visitar el monumento. El evento folklórico culminó con cerrada ovación. ¡¡¡Ole tus ganas, recia rubia del Bajo Aragón!!!

Dimos por terminada la visita a Siresa y tomamos rumbo hacia Echo a eso de las 17:00 horas Ricardo nos tenía que contar cómo se conforma esta parte del Pirineo, qué municipios, qué accidentes geográficos le dan morfología… Un panel interpretativo nos fue de gran ayuda, pero con el verbo que tiene este hombre no necesitamos de ayudas externas, él solo se basta para ponernos al día. Terminamos la visita con un paseo lúdico por el parque de Echo disfrutando de la exposición escultural que lo adorna. Después de una ración de risas pensamos que ya era hora de acomodarnos en el refugio de Canfranc así que nos marchamos para allí, además Ricardo y Laura L tenían que estudiar para los exámenes del lunes.

Llegamos al Refugio Sargantana en Canfranc a las 18:30 y nos instalamos. Mientras unos nos tomábamos un café, otros descansaban, y los más responsables estudiaban un poco para llegar el lunes con garantías al Instituto. Dejamos pasar una hora y media antes de dar comienzo al taller de meteorología.

Las tormentas son un fenómeno de gran turbación y peligrosidad manifiesta, así que nos pusimos manos a la obra para comprenderlo, saber de su poderío y conocer las medidas de seguridad más adecuadas para ponernos a salvo si procede. Estuvimos un buen rato hablando de indicios, aportando datos y conociendo el fenómeno antes de pasar a cenar.

El cansancio empezaba a hacer de las suyas en el ánimo de los presentes, no en vano nos habíamos levantado a las 6 de la mañana y ya llevábamos mucho camino andado.

Para lo bien que se come en el refugio nos extrañó que no hubiese más comensales. En un momento dado saludamos a Paula, una de las monitoras de Sargantana que había estado hace quince días haciendo esquí de fondo y viendo animales con los pequeños de la ONCE en la clásica actividad de invierno.

Tras una pequeña sobremesa nos subimos a las literas y no tardamos en caer dormidos en brazos de un sueño reparador.

DOMINGO 25 DE MARZO DE 2007

6:00 AM suena una dulce voz que amablemente nos saca de la vigilia…¡¡¡En pie, venga, venga!!! Unos más rápidos que otros vamos bajando hacia el comedor, aseados y con las mochilas preparadas para cargarlas en la furgoneta. La noche anterior nos han dejado preparado el autoservicio de la cafetería así no tenemos que hacer madrugar al guarda. A las 7:30 montamos en la furgoneta rumbo al parador mirador de Oroel. No sé cómo nos las arreglamos pero siempre nos cuesta un sentido salir de los sitios en los que pernoctamos, en fin, algún día aprenderemos.

De camino por la vieja carretera vemos la proa conglomerada que nos desafía por la mañana con un frío contraluz.

A las 8:00, más o menos, nos bajamos de la furgoneta. Oroel se levanta imponente ante nosotros. Nos espera un desnivel de unos 600 metros altivos a través de la ladera norte, umbría y nevada.Nos asomamos al mirador del Parador para darnos un baño de sol antes de meternos en el bosque de subida. Entre tanto llegan Marisa y Miguel, que como ya es costumbre nos va a acompañar en la subida.

Después de los saludos de rigor, nos atamos las botas, preparamos los bastones y a las mochilas y a las 8:45 iniciamos la subida.

En seguida el suelo se cubre de nieve, la orientación norte ha retenido, con la ausencia de sol, las nieves de los últimos días. En parte nos viene bien pues homogeniza el camino tapando los numerosos guijarros que nos harían tropezar. Por el camino, que tan blanco está espectacular, nos entretenemos observando varios indicios de vida animal, huellas, agujeros de pájaro carpintero… diferenciamos los acebos, bojes y otros arbustos de sus hermanos mayores y vemos el cambio de pinar hacia el hayedo abetal. Uno de los palos direccionales, el de PVC, se nos parte por la articulación, el material se ha rendido ante la fatiga del punto de unión. Seguimos andando, se gana altura con rapidez, el camino es atrevido y aunque hace frío pues es temprano y no nos da el sol, con el esfuerzo tenemos hasta algo de calor. Como paramos mucho a comentar lo que vemos y lo que nos encontramos, y hoy no vamos con prisa pues caminamos fuera de los horarios habituales, nos cuesta tres horas nos llegar al collado donde la panorámica es espectacular. Son las 11:45 y aprovechamos para echar un tentempié y descansar un poco. Afortunadamente no hace viento pero el deshielo ha dado lugar a un potente barrizal.

Un cuarto de hora después seguimos por la loma cimera hacia la cima. A nuestra derecha los abismos de la cara norte nos invitan a tener cuidado y a no acercarnos demasiado. Media hora después, a las 12:15, tocamos chufa y nos abrazamos por haber conseguido otra cima. Las panorámicas son inmensas aunque el cielo tan cubierto nos tapa mucho de lo que podemos observar.

La cima de Oroel es para dar un repaso a la geografía pues la panorámica abarca una enorme extensión en cualquiera de las direcciones hacia las que quieras mirar. Unos mejor que otros se esfuerzan por mirar y escudriñar los horizontes, probamos los prismáticos para observar la Ciudad de Jaca que se extiende bajo nuestros pies, a algunos les sirven a otros no, pero en general logramos orientar los puntos cardinales y comprender qué cosas se despliegan frente a nosotros. Una pena que el día no esté despejado y con un cielo azul intenso pues los perfiles se recortan con más claridad y es más fácil que nos hagamos a la idea. Almorzamos y bebemos un poco. Hay que tener cuidado con el inmenso y fatal precipicio que a poco más de tres metros tenemos delante de nosotros.

La Cruz que hay en la cima es inmensa, tendrá unos seis metros de altura. Lleva casi 90 años allí mismo desde que la colocaran los agentes del cuerpo de forestales. Ahora está decorada con numerosos graffiti y una bandera republicana, al igual que el vértice geodésico que la acompaña, no en vano esta es zona de con poca raigambre monárquica. Debajo de la base de la cruz, un pequeño nacimiento nos evoca las pasadas navidades. El viento que ha debido de soplar últimamente y la nieve han puesto una curiosa vitola helada a los brazos de la cruz adornándola con flecos blancos. Es estas, un pedazo de tormo helado se cae con estruendo de uno de los brazos sobre una de las mochilas avisándonos de que nos retiremos un poco.

Finalizado el merecido descanso, el almuerzo, la consabida lectura de paisaje y la foto de rigor que nos hizo una pareja que acababa de llegar procedimos al descenso, parece que por una vez íbamos a llegar a casa con hora, (esta va para compensar la salida anterior). Son las 13:15 cuando iniciamos el descenso.

Cuesta abajo las cosas se nos dan bien y bajamos a buen ritmo. El paisaje dentro del bosque nevado es espectacular. Hacemos nuestra bromas y cuando alguien se acerca a una rama bien cargada de nieve, le esperamos para sacudírsela encima con una pequeña sacudida al árbol, gajes del oficio y novatadas para los novatos. Vemos una pequeña musaraña o ratón campestre muy asustado. Tras acorralarlo lo cogimos con la mano para observarlo detenidamente pero como se defiende con ganas, y para evitar un mordisco, lo soltamos para que circule por su hábitat.

A las 15:00 llegamos a la furgoneta. Creo que nunca habíamos llegado con tan buena hora. Oroel es una ascensión cómoda y muy recomendable, un espléndido mirador del Pirineo al que llegamos con poco esfuerzo. Una cima rentable y un sitio al que merece la pena subir.

Hacemos unos estiramientos para prevenir lesiones y agujetas, nos cambiamos de ropa para no enfriarnos y aprovechamos que está abierta la cafetería del Parador para echar unos cafés. Como vamos bien de tiempo nos lo tomamos con calma para variar el registro de que siempre volvemos estresados por que llegamos tarde. Es tan buena hora que nos adelantamos a las familias a la hora de llegar a Zaragoza (19:00) y tenemos que esperarles en la puerta del garaje.

Hemos tenido suerte con el tiempo, que aunque se ha mantenido muy nublado, nos ha respetado sin echarnos encima ninguna precipitación. El nivel de autogestión del grupo va tomando buenos derroteros, tanto en la organización de los asuntos de logística como en la preparación de los trabajos, que son de un nivel más que respetable, con los que llevamos el hilo conductor de cada uno de las salidas. Estamos muy contentos con la implicación y el compromiso que hay hacia el proyecto y hacia los compañeros. Ahora que ya podemos mirar hacia atrás, vemos muchas cosas de las que podemos sentirnos orgullosos

En el grupo ya hablamos de qué pasará el año que viene, el proyecto toca a su fin y da mucha pena que acabe. Bueno, los ciclos tienen su final y su momento. Nos queda una salida, la larga de verano, entre tanto vamos a disfrutarla.

HASTA LA PRÓXIMA.

Publicado 20 abril, 2007 por nature11aragon en 07 Jacetania, Actividades

Sobrarbe 13 y 14 enero 2007   Leave a comment

SÁBADO 13 de enero de 2007

Ayer viernes 12, Laura Labat fue a buscar a Ana a la estación de autobuses.

A las 7 AM estamos en la salida del garaje de la Delegación ONCE. Cargamos los bultos, y en medio de una espesa niebla tomamos rumbo al Sobrarbe. Recogemos a Mariano en Gurrea (se ha dejado el bastón) y a Jorge en Huesca (llega tarde y nos tiene un rato a la fresca).

Con la furgoneta completa de pasajeros y envueltos en una niebla de mil pares de narices fruto de la inversión térmica característica de los anticiclones del invierno, tomamos camino de Barbastro para hacer la compra en el Sabeco de la circunvalación.

Paramos en Barbastro, y como el Sabeco está cerrado nos vamos a tomar un café para de paso, concretar la lista de la compra que nos ha traído Mariano. Se trata de que vayamos practicando lo que ya hemos hecho en las salidas anteriores, así que Mariano nos cuenta qué ha pensado para alimentarnos estos días. El menú es somero y muy básico pero se nota que ha reflexionado. Lo completamos un poco, compramos el pan y nos vamos de la chocolatería antes de que a la dueña le de un ataque de nervios. (¡¡¡Qué tía, si sólo hemos ido al baño 10 veces!!!)

En el Sabeco nos repartimos por parejas y en un tiempo record llenamos las cestas. Las maniobras de coger fruta, meterlas en la bolsa y pesarlas en la báscula se nos hacen un mundo, habrá que practicarlas, sin embargo la mecánica de leer los carteles para localizar los productos que tiene cada pasillo ya la tenemos dominada. Las parejas van equilibradas en el asunto de rendimiento visual (LauraM-Mariano; LauraL-Ricardo; Jorge-Ana), cuando tienen que pedir ayuda lo hacen sin reparos. Lo cierto es que tienen un buen desparpajo y desenvoltura.

Montamos la compra en la furgoneta y nos volvemos a liar dentro de la niebla. La niebla es el fenómeno del día así que nos vemos obligados por las circunstancias a explicar qué es eso de la inversión térmica aplicado a las zonas de valle cuando dominan los anticiclones. Para tal fin elegimos un lugar donde por fin nos encontramos por encima de la niebla. Aparcamos en un campo de olivos y nos ponemos al sol sintiendo el agradable abrazo de sus rayos mientras explicamos.

La inversión térmica es un fenómeno meteorológico que se da en las capas bajas de la atmósfera terrestre. Consiste en el aumento de la temperatura con la altitud en una capa alta de la atmósfera. Las inversiones térmicas actúan como tapaderas que frenan los movimientos ascendentes de la atmósfera. El aire no puede elevarse en una zona de inversión, puesto que es más frío y, por tanto, más denso en la zona inferior.

El fenómeno de inversión térmica se presenta cuando en las noches despejadas, el suelo se enfría rápidamente y por consiguiente pierde calor por radiación. El suelo a su vez enfría al aire que está en contacto con él, que se vuelve más frío que el que está en las capas superiores de aire cercanas a él. Esto provoca que la capa de aire caliente quede atrapada entre las 2 capas de aire frío sin poder circular.

El fenómeno climatológico denominado inversión térmica se presenta normalmente en las mañanas frías sobre los valles de escasa circulación de aire en todos los ecosistemas terrestres.

Dicho esto y después de estar un buen rato explicándolo con la niebla bajo nuestros pies y el sol sobre nuestras cabezas, seguimos ruta hacia el pantano de Mediano para comentar la política de regadíos y pantanos, la despoblación de núcleos rurales por esta política de agua, la anegación de los terrenos de cultivo y todo esto bajo la atenta mirada de la torre del pueblo que emerge vigilante para saludar a todos lo que quieran pasar a verla. El reflejo de las montañas a lo lejos sobre la cristalina superficie del pantano, con este cielo tan azul y despejado es la pera.

Por fin llegamos a L’Ainsa, hermosa localidad medieval que ejerce de capital administrativa en la comarca del Sobrarbe.

Subimos directamente al casco antiguo. Hemos pensado que la mejor forma de conocer esta atalaya es patearla, y para no hacerlo sin orden ni concierto hemos preparado un juego con pistas y preguntas que nos va a obligar a escudriñar por los rincones del empedrado de las calles. Así pasamos el rato, disfrutando del sabor de esta localidad y conociendo las singularidades que la hacen tan peculiar. Los dos grupos se lanzan a resolver los acertijos que les hemos propuesto, para lo que han de organizarse, concentrarse para mirar, confiar unos en otros y preguntar a los viandantes sobre aquellas cosas que no están a su alcance. Es un rato divertido.

Es una pena que no hayamos podido visitar el EcoMuseo. Laura La habló con ellos por teléfono pero enero es el mes en el que lo tienen cerrado y no ha habido manera de que los convenzamos. Otra vez será.

Es hora de almorzar, así que volvemos a la furgoneta para tirar de plátano, pan, tomate, queso y jamón. Esta maniobra ya vamos haciéndola con cierta soltura. No es que siempre cortemos el pan con el mejor de los estilos pero, indudablemente nos vale como bocata.

Después de que Alberto y Luis se tomen un café y de que nosotros estemos a nuestro rollo, nos vamos hacia el norte, camino de Lafortunada. Disponer de la furgoneta nos da una gran movilidad. Paramos en el ruidoso pueblo, a priori no lo parece, si embargo, la central hidroeléctrica pone de telón de fondo un run-run de 24 horas que para qué. No obstante la visita al pequeño museo de la central es de lo más interesante. Podemos dar significado a palabras habituales en los libros de Conocimiento del Medio o de Naturales, Sociales o Física. Nos acercamos a conceptos como turbina, potencial, plano inclinado, Arquímedes, válvula… y los vemos imbricados en el entorno natural y en los recursos para el aprovechamiento hidroeléctrico. Cinca, Cinqueta y Ara son ríos que suministran la mayor parte del caudal que el Ebro recibe en su cauce medio. Ahora estamos allí, donde nace el Cinca.

Furgoneta y al Valle de Pineta. El valle verde le llaman, y de verdad que lo es aunque a estas horas de la tarde, el sol ya no lo riega ni resalta sus colores. Todo lo vemos en tonalidades azules y grises y el frío se mete dentro de él y de nuestros huesos, estaremos a 0 grados. Al estar orientado de oeste a este siguiendo el cauce del Cinca, la sombra de las altísimas laderas norte de las montañas que nos rodean, cortan pronto el flujo del sol. Es un precioso valle en Artesa, claro ejemplo del origen glaciar. Fondo plano, paredes verticales… y al fondo el majestuoso glaciar de Monte Perdido (en franco retroceso). Mañana lo veremos desde las alturas.

Paramos a mitad de camino para admirar la silueta representativa del cauce glaciar y como nos empezamos a pelar de frío pues no vamos raudos a instalarnos en el Refugio Ronatiza al fondo del Valle, donde Jaime nos recibe afectuoso (jugar en casa siempre es una ventaja). Laura Mo ha hecho la reserva, así que nos instalamos pero volamos rápidamente hacia el Ayuntamiento de Bielsa, emblemático y bonito edificio multifuncional que en esta plaza porticada acoge un museo muy trabajado y mimado por sus responsables.

Mientras comienza a anochecer de verdad (18:30 h.), y tal y como Jorge nos ha contado, nos recibe Rosi abriéndonos las puertas del museo. Somos menos que el número mínimo necesario para que nos lo abran, pero parece que por las características del grupo la convencemos. Nos da las pautas a seguir y nos deja hacer siguiéndonos de cerca, mezcla de curiosidad, mezcla de a ver qué me hacen en los cacharros. Nos tenemos que acercar mucho a las cosas y no debe de estar muy acostumbrada a ello ni a que un grupo esté tanto tiempo atento a las explicaciones de fotos, paneles, maniquíes…

El museo es muy didáctico. Comienza con una retrospectiva etnológica gracias a una estupenda colección de fotografías de Compairé y de Briet. Nos centramos en algunas de ellas, las más representativas por el ambiente que evocan. Después unos paneles nos recuerdan la flora y la fauna del lugar. Aquí Alberto se explaya.

Después nos adentramos en terreno de Guerra Civil. Un estremecedor audio visual muy bien montado, que toma como guión el diario de uno de los combatientes republicanos, nos da muestras de lo terrible que tuvo que ser ese terrible episodio de nuestro pasado. Después vimos una exposición con diferente material de guerra en muy buen estado de conservación. Jorge nos leyó el trabajo que se había preparado que por su puesto coincidía con lo que acabábamos de escuchar en el audiovisual.

Pasamos a temas de folklore, aquí tenemos que sujetar a Ana, a la que todos estos temas le van pero que mucho. Así que antes de que a la encargada del museo le diese un telele, nos limitamos a ver las blondas y enaguas lo más cerca que pudimos pero con las manos en la espalda.

Arriba, la falsa del edificio recrea varios ambientes. Por un lado una cocina tradicional con su hogar y su cadiera tal y como la recordamos con cariño de nuestra estancia en Susín. Por otro lado la típica falsa como almacén trastero de cacharros que no sabemos qué hacer con ellos y que nos da pena tirar. Además de estos dos ambientes nos encontramos con un audiovisual sobre los Carnavales paganos de Bielsa, fiesta popular que Ana nos cuenta en su trabajo y que ahora podemos escuchar y ver en las fotos y videos del audiovisual y en los maniquís que nos muestran las indumentarias de los diferentes personajes que corretean por las calles de Bielsa en la época de carnaval. La pena es que no podemos entretenernos mucho en estos trajes porque cuando termina el audio visual se apagan las luces y no hay manera, además hemos agotado el tiempo de la visita.

Nos despedimos de Rosi con la sorpresa de que nos regala la entrada. Nuestro agradecimiento desde aquí y nuestras felicitaciones por lo bien montado que tienen este museo.

Miramos el reloj y vemos que casi es hora de cenar, así que regresamos al refugio. Ojo al bajar de la furgoneta que la placa de hielo es muy traidora… nadie pica suelo.

Cena reparadora y relajo antes de ponernos a trabajar la Web que Jorge está preparando. Alberto y Luis se encuentran con algunos amigos, pero es hora de darle a la Web, así que Jorge nos explica su planteamiento donde además de, cómo con el Blog, ver las fotos y leer las crónicas, habrá hueco para colgar los trabajos, filtrar las aportaciones de cada uno, un contador de visitas, etc.… El sueño ataca, el madrugón, el día intenso en actividades… es hora de dormir, así que le cedemos a Alberto el privilegio de cocer el cus-cus y los macarrones aprovechando los fuegos de la cocina del refugio mientras nos acomodamos en las literas. En cinco minutos todos estamos vencidos por el sueño.

DOMINGO 14 de enero de 2007

Suena el despertador por lo que son las 7:00 AM. Para ser domingo no está nada mal. Para variar Alberto y Luis salimos rápido pero ninguno de los chavales hace amago de mover. Hay gente durmiendo, así que hay que tener cuidado con el ruido. Finalmente todos salen protestando más o menos. Procuramos recoger todo y bajar con las mochilas hechas antes de entrar al comedor a desayunar. Estas maniobras siempre nos cuestan un horror y perdemos mucho tiempo y luego llegamos cuando llegamos. Paciencia.

Desayunamos copiosamente a las 8:00, en estos sitios siempre te llenan la tripa. Después de asearnos unos dejan las mochilas en la zona de taquillas y otros van a preparar los “TuperWare” con Cus-cus o Macarrones, ensaladas en ambos casos. También aquí, aunque procuramos darnos mucha prisa, vamos más lentos que el caballo del malo. Gajes del oficio pero finalmente ya estamos con mochilas y todo. Entre tanto llega Miguel, que una vez más nos va a acompañar haciéndose cargo de uno de los palos direccionales.

A las 9:30 nos metemos en la furgoneta cuando sale Jaime, el encargado del refugio, para tomar los datos de la estación meteorológica. Esta oportunidad no la podemos desperdiciar, así que preguntamos quién está interesado en saber de qué va esto y Ricardo y Ana salen de la furgoneta. Jaime nos explica sobre cada uno de los diferentes parámetros que tiene que medir y mandar al Instituto Meteorológico Nacional. Son instrumentos de precisión con escalas de medida muy pequeñas. Cuando nos acercamos a verlos dentro de la pequeña garita que los cobija, nos damos cuenta de que no vemos nada. Jaime saca los diferentes cacharros y así podemos apreciarlos mejor. Una experiencia muy interesante sobretodo para un meteorólogo en ciernes como Ricardo.

A las 10:15 salimos dirección Espierba donde cogeremos una pista que nos acercará hasta el collado del Valle Real. La pista gana altura con audacia adentrándose con fuerza dentro del pinar con un firme que no es precisamente una delicia. Por fin aparcamos, son las 10:45, vaya horas, y eso que madrugamos de lo lindo.

Nos pertrechamos bien las botas, últimos retoques a la mochila, reflectantes a los pies y en marcha. Son las 11:00, la temperatura es muy buena para andar y el sol baña nuestras cabezas, un día precioso con un tiempo radiante. El sendero es amable aunque gana altura sin miedo. En media hora llegamos al collado. La panorámica es impresionante. Ricardo se la ha preparado y se la sabe de memoria. Hacia el sur la cara norte la Sierra de las Sucas (2.800 m.), al oeste el Macizo de Monte Perdido (3.355 m.) hacia el norte el Robiñera (3.305 m.) y hacia el este el macizo del Posets. Todo un vasto paisaje de calizas, conocido y deseado desde tiempos ancestrales.

Los Romanos tuvieron aquí una próspera explotación minera para la extracción del hierro. El suelo rojizo a muestra espaldas en el barranco del Río Real lo atestiguan. Hacemos una reflexión sobre estas cuestiones del cambio climático que tanto nos preocupan, motivadas por la preocupante falta de nieve tal y como constatamos por el suelo que pisamos y la indumentaria primaveral que llevamos.

Después de los 15 minutos de parada para comentar estas cuestiones y tomar aire seguimos la marcha a buen ritmo (11:45 h.), parece que hemos engrasado bien la maquinaria porque caminamos a buen paso. Vamos dirección Oeste, por el cordal divisoria de aguas entre el Valle de Pineta y el Barranco del Río Real. Al fondo ya se distingue el Comodoto, que con sus 2.354 m. es el punto culminate de la Sierra de Espierba.

En 45 minutos llegamos a un pequeño llano que nos indica que hemos pasado un primer resalte y que nos toca superar otro. Son las 12:30 y hacemos una pequeña parada de 15 minutos para comentar varias cosas que hemos visto por el camino. Los fenómenos de erosión debidos a la acción del hielo, la fuerza del agua en este paisaje kárstico que nos enseña varias dolinas y restos de ibones.

Siempre tenemos las impresionantes vistas que nos acompañan todo el rato, Monte Perdido, Añisclo y las Sucas al sur, Robiñera y Francia hacia el norte.

El suelo es muy bueno para caminar, piedra pequeña muy erosionada por la acción del frío y del viento y manto herboso de pasto alpino, suave para caminar. A partir de aquí la cuesta se vuelve recia y hay que poner la reductora para superarla. 12:45 y para arriba. Otros cuarenta y cinco minutos nos cuesta superar este segundo promontorio, que a modo de joroba jalona este cordal por el que vamos progresando. Con la altura se nota el fresco y paramos para abrigarnos y tomar un tentempié a base de barritas y fruta, que el desayuno ya lo tenemos en los pies.

Nos quedan otro par de jorobas, así que a las 13:45 nos incorporamos para darle otro empujón a la ascensión del Comodoto.

El juego de luces con el contraluz sombrío si miramos hacia el sur y el colorido de rojos, naranjas y amarillos si miramos hacia el nortees realmente bonito. Hace rato que hemos dejado la altura del límite del arbolado. Los últimos pinos negros se quedaron hacia los 2.000 m. sólo nos queda la hierba calcinada por el sol. Este año la nieve no la proteje, malos pastos para el verano. Y en tanto que pensamos en los pastos va y nos encontramos un rebaño de cabras al superar esta última joroba (14:10).

A Alberto le pone lo de pastorear, así que atrae las cabras con un falso reclamo de sal para que Laura la pueda apreciar lo más cerca posible. Deseosas del cáustico elemento se acercan sin ningún miedo hasta que se dan cuenta del engaño. Corre la voz entre ellas y desaparecen decepcionadas. Nosotros a lo nuestro, la última rampa. Ahora sí que se pone pito el tema y hay que andarse con cuidado con no resbalar en este suelo de cascarillas y piedrecillas minúsculas.

Llegamos a la arista somital a eso de las 14:40 y hay nieve en el lado norte. Un tremendo tobogán hasta el fondo del Barranco del Río Real, así que cuidadín. Nos ponemos en el lado sur que está más protegido y caminamos con muchas ganas ya de terminar, comer, descansar y Ricardo de contarnos todo lo que se ha preparado de lectura de paisaje. Para llegar nos da la bienvenida y enorme buitre al que por lo visto le hemos molestado en su reposo. Por fin, a las 14:55 ¡¡¡¡CIMA!!!!

Abrazos, risas y bromas y merecida cima. Estamos a 2.354 m. y el paisaje es sobrecogedor. Lo primero es lo primero, así que sacamos la comida y nos ponemos manos a la obra. Un rato de silencio, hay hambre, cada uno se queda con sus sensaciones, sus pensamientos…

Es hora de pensar en mover y Ricardo nos cuenta lo que se ha preparado. Una lectura de paisaje reparando en los principales accidentes geográficos, los topónimos más significativos, los principales materiales que conforman el paisaje y los agentes de la erosión que han modelado lo que nos rodea. Un buen trabajo.

16:00, nos vamos de la cima. El tiempo está cambiando y nos quedan tres horas de luz, así que ligeros para abajo. Poco a poco vamos desandando el camino, más o menos al mismo ritmo que con el que lo ascendíamos.

Al principio el terreno es muy pendiente y tenemos que poner mucha atención en lo que hacemos. Siempre es más fácil subir que bajar. Algún que otro resbalón hace que demos con nuestras posaderas en el suelo. Este primer tramo nos lleva un ratillo superarlo. Cuando por fin llegamos al primer llano vemos que el grupo va bastante disperso así que esperamos para reagruparnos.

A las 16:45 ya no nos da el sol y empezamos a ser conscientes de que vamos a hacer una de las nuestras con el horario. El padre de Mariano nos llama porque está en Campo esperando a que le bajemos al chico. Le contamos que vamos despacito, que se lo tome con calma y que se arme de paciencia. En estas circunstancias, lo que más nos incomoda es tener a las familias preocupadas o esperando de plantón, como va a ser en los casos de Mariano o de Ana. Además, con las prisas y tener que bajar rápido nos perdemos muchas oportunidades de las que nos brinda el entorno. También está la cosa de que queremos exprimir el tiempo y sacarle más jugo, y tenemos que admitir que el día no da para más. Será que estamos muy a gusto con este grupo digo yo.

Bueno, que llegados a este punto y con la cabeza en las cosas del bajar llegamos a una de las encrucijadas, “por la derecha o por la izquierda”, y… “por la derecha, que parece que acortamos”. “Espera que me adelanto a ver cómo es”; “parece que es fácil y que se puede”; “pues nada, para adelante“; y Alberto a lo lejos agitando los brazos y los demás sin saber interpretarlo. Conclusión, pequeño rodeo en vez de generoso atajo y media hora más al coleto. (¡¡¡Para qué llevaremos el GiPieSe!!! nos preguntamos).

A las 17:45 volvemos a reagruparnos ya sobre sendero conocido. La luz del sol es muy escasa, más un reflejo que otra cosa, así que sacamos las linternas frontales, sobretodo para poder iluminar los pies del que camina delante y así provocar el resplandor de los reflectantes para saber por dónde hemos de pisar. El terreno es relativamente sencillo pero abundan las piedras sueltas por lo que tenemos que bajar despacio. Aun con todo nos toca algún tropezón de los majos. Ya a oscuras, una hora más tarde y casi con el doble del tiempo invertido que a la subida para el mismo tramo, llegamos al collado donde está la pista que nos lleva a la furgoneta. A las 18:40 ya estamos agrupados. Es muy de noche. Alguno de los chavales se ha visto un poco apurado cuando se nos ha echado la noche encima, menos mal que el grupo vela por todos, y los ánimos y alientos de los compañeros son de gran importancia. Es bonito ver cómo surgen estos puntos de solidaridad.

A las 19:00 llegamos a la furgoneta en medio de una gran algarabía. El momento de quitarse la mochilas y tirarse largo en los asientos es memorable, ¡¡¡qué a gusto se queda uno!!!.

No es plan de dormirse en los laureles, por un lado Ana está claro que no llega al bus de las 22 horas así que contactamos de nuevo con sus padres para ver cómo hacemos la jugada. Salimos pitando hacia el refugio a recoger las mochilas y a liquidar la cuenta.

Nos despedimos de los amigos que tenemos allí y de Miguel que se vuelve a Jaca, y sin prisa pero sin pausa tomamos rumbo a Ainsa donde el padre de Mariano ya no sabe por dónde meterse para entretenerse en la espera. Mariano tiene fiesta mañana y podrá dormir hasta tarde pero para los demás es día de escuela y nos queda una gran kilometrada todavía.

Poco a poco las conversaciones se van apagando y los chavales se van durmiendo. Hemos comentado cómo ha ido la actividad del fin de semana. Una de las cosas más valoradas es el haber participado activamente en la preparación, la gestión de la reservas, los trabajos que han presentado. Poco a poco vamos ganando en autonomía que es de lo que se trata, cuesta más pero sabe más rico.

En Huesca dejamos a Jorge a las 22:00, allí lo espera su hermana. Llegamos a Zaragoza un poco antes de las 23:00, Ana ha perdido el bus pero Alberto, que se tiene que bajar hasta Villarluengo (Teruel), acercará a Ana hasta Posadas, lugar al que acuden sus padres a buscarla. Nos despedimos entre las bromas de los padres con que mañana nos van a llamar a las 5 de la mañana, que qué hora marcan nuestros relojes, que si tal que si cual,… se agradece el buen humor. Hemos roto los horarios, y bien rotos, pero bueno, salvo las molestias ocasionadas, lo cierto es que estas dosis de aventura son las que aderezan las experiencias. Estamos todos muy satisfechos.

Hasta la próxima.

Publicado 25 enero, 2007 por nature11aragon en 06 Sobrarbe, Actividades

Serrablo 28 y 29 octubre 2006   Leave a comment

Serrablo

El fin de semana del 28 y del 29 de octubre nos hemos ido a conocer esta comarca cercana a Sabiñánigo.

SÁBADO 13 de mayo de 2006

Ayer viernes fuimos a buscar a Ana a la estación de autobuses. Vino desde Teruel, así que lleva lo suyo en las espaldas. La dejamos en casa de Laura Moya que la ha invitado a pasar la noche.

Al madrugón, 7:00 AM, acudimos los de Zaragoza además de Ricardo y Alberto. Esta vez estamos todos puntuales y salimos con hora. Ambiente dicharachero en la furgoneta. Recogemos a Mariano en la gasolinera de siempre. Su padre nos comenta que a Mariano las cuestas,  el esfuerzo y las tormentas le están suponiendo mucho y que lo tendremos que motivar y arropar. Tomamos nota y constatamos que esta es una actividad exigente aunque esté camuflada en un clima de buen rollito que es el que ponen los chavales.

     

Llegamos a Sabi y nos vamos al bar de la estación como siempre. Allí repasamos la lista de la compra que han preparado Laura M y JorGtum. Como son los únicos que se lo han currado pues son a los únicos a los que hay que reprochar confusiones, lo cual recae en un toque de atención al resto del personal por no haber pensado nada.

Antes de comprar, nos vamos hacia un alto del Pueblo, La Corona, para hacer lectura e interpretación del paisaje. Estamos en la Depresión Media y desde allí se divisan varios horizontes, al Este a contraluz la zona Basa, desde la cual mañana comenzaremos la ascensión a Santa Orosia; al norte el Alto Gállego del que vemos las sierras interiores (Tendeñera y Lapartacua) como antesala del Pirineo Axial, el lecho glaciar, plano, muy plano donde baja el Gállego desde las tierras de Biescas; al Oeste miramos hacia Jaca por la Val Ancha con la pequeña Sierra de los Capitiellos al Sur, detrás de los cuales las Sierras exteriores nos indican el camino de Guara, Huesca y la Depresión del Ebro. Visto dónde estamos, nos vamos a comprar.

Esta vez, fieles al compromiso de autogestión y autonomía con que vamos a reorientar el curso, no entraremos con ellos al Mercadona por lo que tras distribuir las parejas (Ana-Jorge; Laura L-Ricardo; Laura M-Mariano) con las respectivas listas de la compra, Alberto y yo nos quedamos a la espera de acontecimientos. Nuestras dudas pronto se disipan al ver cómo cada pareja equilibra sus carencias visuales con el desparpajo, la orientación y otras habilidades personales para, preguntando, llegar a Roma. En media hora los tenemos a todos en la fila de las cajas raudos para pagar.

      

Una vez cargada la furgoneta, que se nos queda pequeña entre bultos y comidas, nos vamos camino del Museo Ángel Orensanz para tener contacto de primera mano con la mejor exposición etnológica y de tradiciones que hay en el Pirineo.

Como ya habíamos concretado con el personal del Museo las necesidades del grupo, no nos pusieron ningún reparo en tocar todo lo necesario, saltarnos las barreras que protegen los utensilios y estar el tiempo que necesitásemos. Desde aquí un sentido agradecimiento. Para situarnos nos dejaron una pequeña maqueta del edificio donde pudimos observar las distintas dependencias de “Casa Batanero” que es así como se llama a este edificio. Recorrimos todas las salas, los muchos talleres artesanos, forja, pan, telares, lanas, despensas, música, herrería… y más que nos recuerdo, así como las distintas dependencias típicas de estas casonas como las alcobas, el hogar, la falsa,… Una visita muy interesante donde tuvimos la oportunidad de acercarnos a un montón de utensilios ya olvidados y que nos sirvió como la antesala perfecta para lo que nos vendría más tarde en Susín.

          

Apuramos demasiado la visita, entre el interés de los chavales, el tiempo para tocar y acercarnos a todo lo que se nos puso por delante, nos comimos buena parte de la mañana y del rato del descanso del mediodía. Pusimos rumbo al corazón del Serrablo y paramos en San Juan de Busa, una pequeña iglesia en medio de un prado verde rodeado de los colores del otoño. El sitio es idílico, aprovechamos la sombra de la pared norte para prepararnos los bocadillos.

Después de templar los estómagos repartimos los dossieres con los contenidos que queremos tratar durante el fin de semana. Nos centramos en lo relativo a las Iglesias Mozárabes y hacemos hincapié en la interpretación de los planos, la correcta orientación de ellos y en la localización de los elementos característicos de este estilo arquitectónico.

La iglesia es muy pequeña, 10 x 5 metros por lo que tener una idea de ella es sencillo. Identificamos el ábside, los arcos ciegos y el friso de baquetones, así como la forma de la ventana orientada al este. Para entrar cruzamos la puerta y observamos la forma en herradura encajada en un alfiz ornamental. Dentro, la curiosa disposición de las columnas con base cuadrada y tronco de doble cilindro. En el ábside está el altar donde hay un registro de visitantes y dejamos nuestra firma con la letra de Ana. A contraluz, en el otro extremo hacia el oeste, nos fijamos en la ventana de tres vanos que ha quedado como símbolo del arte serrablés. El sitio es muy acogedor así que nos tomamos nuestro tiempo para disfrutarlo.

     

Ya hemos dado por sentado que no vamos a tomar el sendero de Lárrede a Susín porque sino llegaremos con las últimas luces y Angelines nos está esperando, llevamos algo de retraso y puede que se preocupe por nuestra tardanza. El grupo está encantado con lo de evitar una caminata así que subimos en furgoneta.

Cruzamos Oliván, bonito pueblo situado en las laderas de un barranco excavado en medio del flysh, y después de circular un poco por la pista, llegamos al pueblo de Susín que se nos brinda hacia poniente con la majestuosa torre de la iglesia recortándose en un horizonte bañado por los cálidos colores del otoño. Merece la pena llegar andando, así que nos bajamos un poco antes para disfrutar de esta llegada tan otoñal. Se nota que ha llovido durante los días anteriores porque el bosque (mediterráneo) de cagicos (robles) y pinos, huele de maravilla. Mientras vamos contando historias de la vida en estos pueblos y comentamos el paisaje en el que estamos situados, Angelines se une sigilosa al grupo, así que cuando me doy cuenta ya lleva un rato escuchando (glup). Buen momento para presentaciones y para pasarle la palabra. Tiene muchas ganas de contarnos cosas, de explicarlas de la mejor manera, el tiempo no corre para ella acostumbrada a otro ritmo de vida, nosotros dependemos del sol por la luz que nos brinda, así que debemos agilizar si queremos ver las mil cosas que nos ofrece este lugar tan entrañable.

          

Hacemos un paseo por el pueblo recordando la forma de vida condicionada por la “casa”, el heredero, los “tiones”, los artesanos y los diferentes oficios… Entramos en el huerto y pasamos un rato descubriendo lo poquito que hay en esta época del año, pero unos tomates, lechugas, cebollas, judías verdes trepadoras, borrajas y alguna hortaliza más nos ofrecen una estupenda experiencia hortelana.

     

     

Las últimas luces del día lo tiñen todo de colores, así que la piedra roja con la que está edificada la Iglesia de Santa Eulalia de Susín se pone preciosa. Nos acercamos a una borda, la borda de Pedro, que está en una era orientada hacia el noreste, por lo que la puesta de sol que tenemos la suerte de poder disfrutar, es soberbia. Allí pasamos un rato de charla relajados. Antes de que las últimas luces desapareciesen, volvimos a la casa porque ya se nos termina el tiempo y no nos va a dar tiempo a preparar la cena.

     

Ya en la casa, subimos a la habitación que Angelines nos ha dejado para pasar la noche, y mientras unos se organizan los bultos, otros bajamos a la cadiera del hogar para empezar a preparar la cena. Nos toca “rancho”, no es muy complicado de preparar pero hay que ponerse. Todos vamos pasando por la mesa y allí nos esperaban los cuchillos para dar buena cuenta de las patatas, los embutidos… también están los ajos para que los machaquemos. Angelines ha encendido el fuego, se nos ha adelantado pero bueno, además de calentarnos nos alumbra. Eso no quita que todos llevemos las linternas frontales, hayamos encendido un par de lámparas de gas y tengamos varias velas encendidas para dar ambiente, aunque para ambiente, la guitarra que nos ha sacado para amenizarnos y que se está peleando Jorge. El problema está en afinarla pues le faltan algunos elementos esenciales para tal fin. Menos mal que con unos alicates nos podemos apañar, con lo que Jorge se arranca musicalmente con la mejor música que él se sabe.

     

Es un rato a la antigua usanza, charla, lectura, remover el guiso para que no se pegue, preparar la comida de mañana, vigilar el fuego, la guitarra de Jorge… se pasa el rato de manera agradable y tranquila, el cansancio del día pasa factura por lo que el rato es de lo más relajado. Por fin llega la cena, al arroz le falta un pelín pero puede pasar. Comemos a la luz de los frontales y la verdad es que nos ha quedado de chuparse los dedos. Para variar, se nos han hecho la una de la madrugada. No aprenderemos en la vida a llevar los horarios como dios manda, menos mal que esta noche hay que cambiar la hora y ganamos una hora de sueño. Nos subimos a los sacos. Algunos agudos se apalancan los colchones para no dormir en el duro suelo, otras menos rapidillas lo tienen que sufrir. En cualquier caso, dormimos como lirones… ¡¡¡hasta las 6:00 AM!!!

DOMINGO 14 de mayo de 2006

Suena el inefable despertador y a nadie le hace ninguna gracia. Alberto y Luis movemos ficha pero ninguno de los chavales parece darse por enterado a pesar de que encendemos los “lumigases” y hacemos algo de ruido. Cuando ya estamos preparados los despertamos con insistencia obteniendo diversos gruñidos por respuesta.

     

Recogemos las cosas de dormir y bajamos a preparar el desayuno. Angelines se suma al trajín mañanero. Siempre cuesta echar algo al estómago tan tempraneramente, pero es lo que hay. Además tenemos que terminar de preparar la ensalada de pasta que será la comida de hoy. Mientras unos están con desayunos y otros con la ensalada, los demás vamos llevando los bultos a la furgoneta. Angelines se resiste a que nos vayamos y les va enseñando a los chavales distintas dependencias de la casa, el patio, los pesebres… Damos una última vuelta por el pueblo y echamos las últimas fotos, las de grupo. El amanecer es fresquito y la temperatura muy agradable pero entre pitos y flautas se nos está haciendo muy tarde y hemos quedado con la madre de Jorge por cuestiones de logística, así que la llamo para que no se lleve demasiado plantón pero su teléfono no está operativo, nervios matinales.

     

La despedida de Angelines es emocionante. Todos hemos estado muy a gusto y siempre cuesta decir adiós. Estamos muy agradecidos por sus atenciones y hospitalidad. Nos acompaña un rato por el camino y de paso así cerrar la cancela de la puerta para evitar que se escapen tres vacas que pastan por ahí.

Si el atardecer en Susín fue de una plasticidad impresionante, el amanecer no lo es menos, y el brillo de los amarillos es inolvidable. Por fin estamos en  marcha, una hora más tarde según lo previsto. Está claro que nosotros con los horarios somos la pera.

     

Cruzamos Oliván, Lárrede y Javierre del Obispo, y al llegar a lo alto de Latas, vemos los resultados de la mano del hombre en su empeño por acercar la “naturaleza” en forma de campos de golf y macro urbanizaciones a determinado sector de la población. Un alumbrado muy parecido al del céntrico Paseo de  la Independencia de Zaragoza, da luz a lo largo de varios centenares de metros, a la entrada del pueblo de Latas (6 habitantes). Una estampa surrealista que abre un acalorado debate dentro de la furgoneta acerca del desarrollo sostenible, la especulación urbanística y los ecologistas de salón.

Llegamos a Yebra, por fin, y comenzamos a descargar y a organizarnos. Cuando ya empezábamos a comentar que Tere no estaba por allí y que se habría cabreado con nosotros por la tardanza, va y aparece espitosa como es ella. Resulta que había llegado a la hora pero como nos dijo textualmente, “no puedo parar quieta, al ver que no estabais, he tirado por la pista de la izquierda a cruzar un barranco y me he embarrado atascando el coche” por lo que tuvo que ir al pueblo a buscar a alguien para que enganchara el coche y tirara para desembarrancarlo. Pues vaya película. El caso es que pasó nuestra tardanza bien ocupada, afortunadamente sin mayores consecuencias.

Siguiendo con el plan previsto, Alberto y Tere suben los dos vehículos por la pista de 16 kilómetros, mientras tanto el resto del grupo nos entretenemos con la historia y leyenda de Santa Orosia así como repasando las diferentes unidades del relieve que tenemos a nuestro alcance.

     

Al poco aparecen los de las furgonetas. Nos despedimos de Tere y echamos a andar monte arriba. Nos espera una senda que es una auténtica lección de geología. Se pasa por diferentes unidades de relieve y tipos de materiales, barrancos, cárcavas, pliegues, sinclinales, estratos, derrubios, calizas, margas, areniscas, conglomerados…, si te gustan estos temas el sendero es muy disfrutón, y si no los conoces, es un buen sitio para experimentarlos. Así mismo se desarrolla todo en un marco de leyenda envuelto por Santa Orosia.

     

Vamos pasando por las diferentes ermitas, repartidas a modo de descansos, a lo largo del camino. A medida que vamos ganando altura, cambian los elementos del entorno. De los sedimentos y las margas pasamos a atravesar el flysh, dejamos la vegetación rupícola para meternos en el bosque cambiante según la orientación y la altura. Entramos en los conglomerados y al poco volvemos a la vegetación de matorral.

     

Entre tanto vamos pasando páginas de historia en un entorno cada vez más espectacular donde vamos ganado altura para ver el valle a nuestros pies.

     

En la ermita principal, la cascada nos refresca la marcha. Pasamos por detrás de ella como por detrás de una cortina. El sendero no es sencillo pues hay que sortear mucha piedra y escalones. Por eso mismo no podemos ir demasiado deprisa, además hay mucho de lo que hablar. Confiados por tener la furgoneta en la parte final de la excursión, no vamos excesivamente deprisa. Finalmente llegamos a lo más alto, la ermita de A Cruz d’o Zoque. Desde allí hay una preciosa panorámica y una enorme sensación de vacío a nuestros pies pues, hacia poniente, tiñendo de rojo el horizonte, se abre el valle que recorre de este a oste esta parte del Pirineo. Al norte podemos adivinar las alturas calizas de Monte Perdido en el Valle de Ordesa, y hacia el Noroeste las sierras interiores de Tendeñera y Lapartacua.

Nos quedan unos pocos metros sin camino definido y tapizados por una especie muy pinchuda “el cojín de monja” hasta llegar a la ermita nueva de Santa Orosia 1.560 m. donde nos espera la furgoneta. Damos buena cuenta de la comida pues es tarde y tenemos los estómagos vacíos.

Pasamos tirados por la hierba los últimos momentos del día. Desciframos un texto escrito en fabla, descansamos, comentamos lo que ha sido el fin de semana y dejamos la subida a Peña Oturia para mejor ocasión. Ha sido la primera actividad de esta segunda parte de nuestro proyecto. Nuevos objetivos, nuevas caras… Es momento de volver a casa.

Por primera vez vamos a llegar con hora.

Publicado 6 noviembre, 2006 por nature11aragon en 05 Serrablo, Actividades

Valle de Ordesa 2ª-junio 2006   Leave a comment

JUEVES 29 de junio de 2006

Hoy el día sale bueno y no vemos amenaza de tormenta por ningún lado. Madrugamos para desayunar a las 7:00 y poder salir lo antes posible. A eso de las 8:30 ya estamos con las mochilas en la espalda.

Echamos de menos a Laura. Hace fresquito y aprovechamos para andar a buen ritmo por los lugares en los que ayer nos parábamos a verlo todo. Recordamos alguna cosa. Enseguida llegamos a la zona de las cascadas, indicativo de que las cuestas van a hacer su aparición. Es temprano y apenas hay gente. Vemos la Oreja de oso, ayer no la encontramos. Es una bonita flor de color azul, endémica d estos lugares, con las hojas aterciopeladas. También vemos una planta carnívora que con su textura pegajosa da buena cuenta de hormigas y moscas. Disfrutamos de las cascadas desde los miradores que hay en lo alto, aunque el peso de las mochilas no es ninguna tontería. El bosque de hayas está espectacular, con una densidad vegetal impresionante. En otoño el juego de colores lo hacen increíble. Descansamos un poco sobre un tronco caído y recordamos el hayedo del Betato, en nuestra primera salida hace 7 meses. Es momento de recordar que el agua es un agente erosivo de primer orden y que con el paso del tiempo ha esculpido un maravilloso paisaje que ahora tenemos la suerte poder transitar. Nos detenemos principalmente en las Gradas de Soaso, un lugar en el que los materiales, según sus diferentes densidades y grados de dureza, así como la disposición estratificada de los mismos, se han dispuesto de tal manera en forma de escalones, que a todos los que pasamos por allí se nos escapa un gesto de asombro. Este lugar, tantas veces retratado, es como la carta de presentación del Valle.

Aprovechamos una fuente para tomarnos un respito. Fabio lleva una tacita que nos hace más cómodo el gesto. La vegetación densa, donde el hayedo da paso al pino negro y al boj, va desapareciendo, en su lugar aparecen los pastos alpinos, la hierba y las flores. Ya no hay sombras por lo que el sol nos castiga junto con el peso de las mochilas. Estamos en los llanos de Millaris. Aquí estamos en la cabecera del Valle, las innumerables barranqueras desaguan el agua de la lluvia y de las filtraciones del terreno cárstico en el que nos vamos adentrando. En el lugar donde el glaciar ejerció su fuerza y su empuje hasta socabar la forma en artesa que ahora podemos contemplar, fondo plano y paredes verticales, un lugar de gran belleza. Así mismo vamos cruzado el cauce del Arazas, que después, desde la altura nos mostrará un dibujo de meandros en el discurrir de sus aguas por adaptarse al terreno. Por fin llegamos a la Cola de Caballo, mítico lugar y objetivo final de muchos excursionistas. Llevamos tres horas y media de caminata y es hora de un tentempié. Cuando compramos la comida teníamos otros planes por lo que tenemos que tomarnos un arroz con ensalada y ¡¡¡un melón!!! que Alberto se ha subido hasta aquí. Tras el descanso nos ponemos con uno de los cuestarrones del día. En poca distancia, tenemos que salvar un gran desnivel para colocarnos en lo alto de la cuenca glaciar. Algún día nos atreveremos con las míticas clavijas de Góriz, pero hoy preferimos la senda, más larga pero más sencilla. De camino nos topamos con un par de marmotas que después veremos mejor en la pantalla del ordenador, ventajas de la foto digital. Lo que si podemos ver y disfrutar es un manojo de edelweiss que aguanta estoico en una de las márgenes del camino, sorprende que nadie se las haya llevado lo que indica que nos vamos civilizando. Una hora nos cuesta superar el desnivel. En una de las barranqueras aprovechamos para hidratarnos y descansar. Cuando estamos agrupados continuamos la marcha. Ahora el camino se vuelve más escarpado y con un firme menos amable, lo que ralentiza nuestra marcha y nos hace empeorar los registros más que aceptables que llevábamos hasta ahora. Llegamos a uno de los balcones del valle. Nos asomamos y vamos la enorme cuenca que el glaciar dejó en su día, algunos incluso apreciamos los meandros que dibuja el río Arazas que desde esta atalaya se aprecian muy bien.

Nos queda una de las partes más escabrosas del camino. Es hora de echar las manos para progresar. Primero subimos las mochilas de los chavales para que su peso no nos desequilibre en la trepada, y uno a uno vamos ganando altura. Poco a poco vamos cogiendo más confianza, tanto unos como otros. Hasta la fecha no nos habíamos encontrado con ningún pasaje de “echar la manos” pero lo hemos superado con tranquilidad. No obstante nos lleva mucho tiempo, cuestión que tendemos que tener en cuenta para nuestros cálculos.

Seguimos andando. Ya estamos muy cansados, el día se ha alargado, las mochilas pesan y tenemos hambre. Menos mal que el Refugio está cerca y por fin… llegamos.

Góriz es uno de esos mitos montañeros, y estamos en su terraza. Hay mucha gente, muchos extranjeros, alemanes, ingleses, franceses, americanos… y españoles. La gente mira con curiosidad hacia nuestro grupo. Parece que los palos guía o bastones direccionales, les llaman la atención, nosotros a lo nuestro. Buscamos un lugar horizontal para plantar las tiendas, y nos damos prisa para que nadie nos pise el sitio bueno. Acompañamos a los chavales a los baños cuyo acceso no es nada fácil. Delimitamos las zonas por las que podemos movernos sin peligro. Montamos las tiendas. No nos acordamos demasiado bien de cómo se hace así que necesitamos de bastante ayuda. Metemos las cosas dentro de las tiendas una vez que hemos sacado y organizado la comida. Tenemos un rato de descanso antes de la cena que hemos reservado en el refugio y lo aprovechamos charlando y golfeando.

Nos han dejado una mesa larga en la que cabemos los once que formamos el grupo. Damos buena cuenta del arroz caldoso y del guiso de pollo. La gente del refugio es amable y atienden bien a las demandas de la gente con bastante paciencia, una virtud a cultivar por estos lugares.

En una de las mesas del comedor están Raquel Alejandre (Afiliada a la ONCE) y su marido, que acaban de volver hace unos días de intentar el Mont Blanc, el mal tiempo no les ha dejado culminar. Les contamos nuestro proyecto de Aula de Naturaleza y Montaña y quedamos en que alguna vez sería interesante coincidir y hacer una salida todos juntos.

Cuando salimos prácticamente es de noche, es hora de acostarse y de descansar. Visita guiada a los baños y luego a las tiendas. Ricardo tiene una contractura en la espalda pero la pomada que le aplicamos y el aislante gordito de Laura le alivian durante la noche. Hemos estudiado el mapa y sopesado nuestras posibilidades. El Pico Marboré ahora está fuera de nuestras posibilidades, necesitaríamos un día más para subirlo, el día que nos cayó la tormenta, sin embargo tenemos la Punta Tobacor, uno de las atalayas más privilegiadas del Valle de Ordesa que se convierte en nuestro objetivo. La tenemos delante de nosotros, olvidada de muchos pues hay destinos con más renombre. Mañana iremos para allí.

Apagamos linternas a las 23 horas aunque algunos aun tienen ganas de hablar durante un buen rato.

VIERNES 30 de junio de 2006

6:30 AM, alguna nube. Mañana fresca. A desayunar. Sacamos con pocos miramientos al personal de sus respetivos sacos, hay que aprovechar la fresa para andar. Bajamos al refugio para asearnos y para tomar el desayuno. Autoservicio.

Tenemos que desmontar las tiendas para no infringir la normativa de acampada, un rollo. Recogemos las mochilas y las guardamos en la zona de taquillas del Refugio.

A eso de las 8:30 estamos de camino. Cruzar un riachuelo nos lleva un ratillo. Al principio el camino es laborioso, tiene desnivel y el suelo es muy irregular, por lo que progresamos lentamente. Una trepada más laboriosa que la de ayer, nos termina por espabilar, la hemos subido mucho mejor, más confiados, la cosa marcha. Llegamos a una zona llana, herbosa y muy bonita desde la que podemos observar el camino que llevamos recorrido y lo que nos queda hasta la cima. Desde allí vemos como el cielo se va poblando con amenazadoras nubes, el barómetro confirma esta lectura. Donde estamos vemos los restos de un pequeño ibón que aún tiene agua. El terreno calizo es un magnifico lugar donde observar las peculiaridades del paisaje cárstico. El lecho herboso facilita la marcha hasta llegar a las inmediaciones del collado del descargador donde dejaremos el camino que lleva hacia la brecha de Roland. Cruzamos un pequeño helero de nieve que sorprende al personal por resistirse al deshielo. Un lapiaz un tanto incómodo nos deja en el collado donde descansamos y echamos un bocado.

Lucas se adelanta para ver por dónde va el camino. Nos avisa por radio de que no es demasiado difícil aunque el terreno es algo irregular. Nos ponemos en marcha mirando de reojo las nubes que evolucionan demasiado deprisa para nuestro gusto. Como prácticamente vamos por parejas, un guía con cada chaval, la marcha es bastante fluida. Las parejas parece que nos hemos compaginado bastante bien y progresamos con un ritmo bueno. El terreno es muy irregular, cuando la caliza que daba lugar a un manto de piedra fina que facilitaba mucho la marcha al no haber demasiados pedruscos que esquivar, da paso a la arenisca, la cosa se nos tuerce un poco. Ahora tenemos mucho bloque y piedra grande que nos hace ir más despacio, además, al tener que controlar más los tropezones, nos cansamos más y la marcha se hace más penosa. En fin, poco a poco, entre el cansancio, la dificultad del terreno y las nubes amenazadoras tenemos que retomar la situación y replantearnos la cima. Entre tanto llegamos a un lugar donde se ve la cabecera del circo de Cotatuero con las paredes del Gallinero, impresionantes, a nuestra derecha. Hablamos de la erosión y de la orogenia alpina y de las fuerzas enormes y silenciosas que empujan y dan forma a estos suelos que después maquilla el agua. Se aprecian varios pliegues y encabalgamientos que más adelante estudiaremos con el ordenador. Después de superar una pequeña pero tortuosa canal, llegamos al lomo de la montaña, muy cerca ya de cima. Esperamos a juntarnos y a evaluar nuestras posibilidades. Hemos llegado a un punto que el mapa identifica como Punta Millaris, una especie de antecima en el Nor-Oeste del Tobacor. Son las 12:30. Nos queda una media hora hasta la cima principal, quizá algo más. Vemos que hay que rodear un pequeño hombro que no tiene buena pinta porque no se adivina pasaje lógico y con el suelo un tanto irregular. Los chavales están cansados y la nubes ya avisan de sus intenciones, así que damos por buena esta antecima a la que rebautizamos como K-11 en atención a los diferentes K del Himalaya, a que somos 11 los que estamos encima de ella y a que estamos en la ONCE. La decisión algunos la acogen con cierto alivio pues están muy cansados. Comemos, y con la decisión ya tomada lo hacemos con calma. Fotos de rigor, payasadas de turno y vemos que ya estamos cerrando un ciclo, el ecuador de nuestro proyecto. Decidimos regresar puesto que el cielo está bastante negro y ya se ha oído algún rugido. Son las 13:30.

El descenso lo hacemos más rápido. Vemos que en terreno accidentado el palo guía o bastón direccional es bastante aparatoso. Los más cortos de PVC o incluso el de esquí, son más manejables (y ligeros). Cuando hay desnivel, los chavales prefieren el hombro del guía donde notan perfectamente los escalones y los cambios de trayectoria. Nos acomodamos a estas peculiaridades. Nos cruzamos con un sarrio que no se asusta de vernos y que come paciente las pocas briznas de hierba que le brinda este árido paisaje. Oímos como la tormenta está empezando a descargar enfrente de nosotros y pensamos que hemos tomado bien la decisión de quedarnos en la antecima. Nos damos prisa pero sacamos los chubasqueros. Nos acordamos de la trepada que nos espera y aceleramos para que no nos pille la lluvia. Con las prisas no nos podemos detener en comentar el hermoso paisaje que tenemos delante, con un Monte Perdido envuelto en las nubes y los jirones de luz que se cuelan entre ellas. Nos encontramos un sumidero de agua y paramos a verlo. El de Ansó era más espectacular pero este se puede apreciar mejor. Nos recuerda que caminamos encima de  una enorme red de galerías.

Caen las primeras gotas pero con poca intensidad, la trepada está ahí mismo y la afrontamos con garbo. Estos chicos sacan recursos de donde sea, hace dos días hubiéramos pasado un mal rato pero ahora se mueven por aquí como sarrios, una maravilla. Superado el reto de la trepada ya puede llover, que estamos tranquilos y eso que el suelo herboso mojado es muy resbaladizo. Al poco llegamos al arrollo que hay cerca del refugio y… Laura se pone a pescar. Con las botas haciendo chof, chof, llegamos a la terraza de Góriz a las 17:15. Frente a nosotros, a menos de un kilómetro, la tormenta ha descargado con furia, las paredes de la montaña que da al Cañón de Anisclo están tapizadas de blanco. El granizo las ha puesto buenas. Nos hemos librado de una buena.

Nos queda volver a montar las tiendas, correr a coger buen sitio, así que nos ponemos a ello antes de que nos lo pisen. Sin prisas pero cansados nos cuenta levantar las tiendas. Aún hay pasos que los chavales no hacen solos como fijarlas al suelo con garantías o tensar los vientos o colocar el doble techo. Después de este arduo trabajo dejamos un rato de descanso antes de empezar con la cena. Nos despedimos de Miguel, que se va con mucha pena porque se tiene que bajar a la civilización, las vacaciones no perdonan. Hacemos un improvisado recordatorio de lo que ha sido esta parte del proyecto y nos repartimos las redacciones del Blog, para que las podamos publicar lo antes posible. Fabio, Lucas y Víctor también van a escribir.

Es hora de ponerse con la cena, así que nos repartimos responsabilidades y dejamos que Lucas dirija las operaciones. Nos esperan los macarrones con salchichas. En el refugio nos ponemos en la zona de cocina libre, como no hay nadie por allí, nos podemos mover a nuestro antojo por ese angosto espacio. Cocinar con hornillo es un ejercicio de paciencia que permite charlar y charlar, son momentos entretenidos.

Los que andamos por fuera estamos al acecho de pillar la mesa, única mesa, para cenar cómodos, así que en que los últimos que la ocupan se levantan, saltamos raudos a ocuparla. Enseguida llegan los cocineros con los majares. Cuando hace hambre todo está rico ¿no? La charla es lo más sabroso de la cena, luego no te acuerdas de lo que has hablado pero sí de cómo has estado. Es parte del juego. Toca fregar los cacharros, siempre hay algo por hacer, ¡ah! como nos estamos acordando de Laura a todas horas le compramos un postal para enviársela desde el primer buzón.

Ha sido un día intenso, el madrugón, las trepadas, caminar a por una cima, volver con la tormenta en la nuca, destrepar, montar tiendas, cocinar, pensar en lo que hemos hecho…

Casi no queda sol. La gente se va recogiendo para descansar, nosotros aprovechamos las últimas luces para recorrer el camino que nos separa de las tiendas. A juzgar por lo pronto que terminan las conversaciones deducimos que todo el mundo está muy cansado. A las 22:00 todo el mundo duerme.

SÁBADO 1 de julio de 2006

7:15 AM, ninguna nube. Salir perezosos de los sacos, visitas a los baños, desmontar tiendas, bajar las mochilas a la terraza del refugio y preparar los desayunos. Para empezar la mañana no está mal esta sobredosis de actividad. Damos cuenta de la mayoría de los alimentos que hemos subido hasta aquí, no es cuestión de volverlos a bajar hasta la furgoneta. Mientras terminamos de recoger, de asearnos y de ultimar las mochilas aparecen los del grupo de montaña de Madrid-ONCE así que nos vamos a presentar. En el grupo estaba la persona que ideo la barra direccional que nosotros utilizamos, Juan Antonio Carrascosa, al que saludamos y con el que mantenemos una pequeña conversación. Se van al Perdido, nosotros bajamos. Uno de los del grupo nos hace una foto y comenzamos la bajada. Es curioso que en estos pocos días que hemos estado en Góriz, hemos coincidido un montón de gente de la ONCE, Raquel Alejandre de Jaca, el Grupo de Montaña de Madrid y nosotros. Desde luego hemos dejado bien la representación de la casa.

El camino de vuelta nos regala una marmota que se pasea muy tranquila, cosa rara, a unos cinco metros de nosotros, la retratamos unas cuantas veces para poder disfrutarla luego en el ordenador. Una pequeña trepada, un pequeño descanso en el balcón del valle. Hay que ver con que soltura nos movemos ya por estos terrenos escabrosos, sobretodo por lo confianza con que los afrontamos y la confianza mutua que tenemos guías y chavales. En esta salida han demostrado que son capaces de mucho y de que nos podemos poner muchos retos. Hemos mejorado mucho los tiempos cuando el camino es bueno y también la técnica cuando hay que pensar en colocar las manos en trepadas sencillas. Si mejoramos la condición física podemos conseguir grandes cosas.

Poco a poco llegamos a la Cola de Caballo. El sol apreta, son las 11,30 y se nota el calor, así que nos damos un remojón con el agua fría de la cascada para quitarnos el sofoco que llevamos encima. Cuando decidimos ponernos en marcha de nuevo parece que firmamos por ver quién llega primero porque empezamos a imprimir un ritmo cada vez más rápido y más rápido y con piques entre nosotros que terminamos en carrera pura y dura. No hubo forma de alcanzar al dúo Mariano-Víctor por más que nos empeñamos y eso que casi cruzamos la línea de la Pradera en plan foto-finish. Habíamos establecido un registro asombroso, dos horas desde la Cola de Caballo con un par de paradas a ver cascadas. Como dijo Fabio al felicitarles, “no sabéis lo que habéis hecho al demostrarnos que sois capaces de caminar de esta manera”.

Desplomados por la hierba nos tomamos un pequeño descanso antes de marchar hacia Linás de Broto para comer. Ahora aparecen todos los males, una vez hemos llegado no hay manera de movernos. Con mucha pereza novemos pensando en el refresco que nos espera.

Ya en Linás nos han preparado un fabuloso plato de pasta y un guiso con patatas que nos parece el manjar de los manjares. Pasamos pan hasta por las fuentes. En las caras se refleja en cansancio, la satisfacción por lo que hemos hecho y las ganas de llegar a casa para darnos una ducha como Dios manda. Nos despedimos de Víctor y de Lucas cuya ayuda y dedicación ha sido inestimable. Nos dicen unas palabras muy bonitas reflejo de que han estado muy a gusto. Alberto también se queda por aquí para afrontar el trabajo de verano por montañas y barrancos y nosotros, con Fabio, nos bajamos hacia  Zaragoza parando en Jaca y Gallur. La vuelta es tranquila, la modorra se apodera de los asientos de atrás, el termómetro sube y sube.

Abrazos, besos, saludos a las familias… Tenemos el verano por delante y muchos proyectos para el curso que viene.

Publicado 12 septiembre, 2006 por nature11aragon en 04 Parque Nacional de Ordesa, Actividades

Valle de Ordesa 1ª- junio 2006   Leave a comment

MARTES 27 de junio de 2006

Ya se ha terminado el curso, es tiempo de pensar en las vacaciones. En estas fechas de atropello cada uno llevamos nuestra propia madeja liada como podemos. Unos no saben si habrán aprobado y si habrán de ir a las recuperaciones, otras vuelven del campeonato de atletismo, otros tienen que pedir permiso para poder dejar el Instituto para poder acompañarnos y otros no sabemos si podremos disponer de la furgoneta… Con estas incertidumbres andamos cuando por fin llega el día y todo, o casi todo, está más o menos atado.

A las 8 AM salimos los de Zaragoza y por el camino vamos recogiendo a los demás. Nos esperan cinco días de ilusiones y aventuras y tenemos la esperanza de que las tormentas nos respeten. El pronóstico es incierto.

Llegamos a Sabiñánigo y como siempre, en el bar de la estación nos esperan Jorge y Tere, su madre que, como siempre nos invita al almuerzo. Allí conocemos a Lucas y a Víctor, ambos del IES. de Ainsa, y que cursan un Ciclo Formativo de actividades de naturaleza y montaña y que van a hacer unas prácticas con nosotros. Los vemos con muchas ganas y los recibimos con los brazos abiertos.

Es hora de enfrascarse en los menús. Aun parece que cuesta elaborarlos solos, sin la ayuda de Alberto o Luis. Algún día los vamos a dejar a su aire y a ver qué comemos. Como en otras ocasiones, seguimos la rutina de entrar en Mercadona, dividirnos por parejas y lanzarnos por los pasillos. Ya no tenemos confusiones de naranjas por cebollas y recordamos el lugar en el que están los productos. Poco a poco llenamos la cesta.

Ya en la furgoneta tenemos el lío de siempre, las bolsas que no caben. Abrir la puerta y colocarlas sin desparramar el maletero es una proeza. En fin, que necesitaremos un remolque para la próxima vez.

Hoy nos toca hacer una actividad un poco aventurera, cor arneses y cuerdas. Vamos a subir una pared de unos 100 metros de roca caliza justo en el lugar donde el Valle de Tena da paso al terreno más abierto y ancho de derrubios morrénicos en la Vall de Biescas. Estamos en Santa Elena en la cabecera del Valle de Lasieso, en la punta de una de las Sierras exteriores del Pirineo Axial, la Sierra de Tendeñera.

Hacemos un repaso de la orografía glaciar que nos rodea, recordamos el empuje morrénico del glaciar que bajaba por Panticosa desde los montes Infiernos. La erosión de otros materiales más blandos, hasta configurar, con la ayuda posterior de la erosión fluvial, el actual aspecto de este valle pirenaico. Como esto ya lo hemos contado cuarenta veces creemos que ya está bien asimilado.

Ahora llega la hora de sentir la adrenalina y de divertirnos un rato. Nos ponemos los arneses y los cascos y abrimos bien las orejas para atender a las cuestiones de seguridad que contamos para subir con todos los pormenores controlados. La vía Ferrata de Santa Elena salva un desnivel de unos 100 metros a lo largo de un espolón rocoso de caliza gris dividido en unos cinco escalones de unos 10 o 15 metros cada uno enlazados por rampas herbosas y boscosas. Es un punto crítico en el valle como muy bien supieron los que allá por el siglo XVII edificaron la fortaleza que cierra el paso a las tierras llanas de posibles invasiones de los hugonotes galos. Cosas de la época. Para facilitar la trepada, hay dispuestas unas grapas a modo de escalerillas por las que progresamos como quien sube por una escala. Como elemento de seguridad, llevamos unas cintas con las que nos anclamos mediante un mosquetón a una sirga que corre paralela al camino vertical que vamos a subir. Para evitar males mayores, las cintas llevan un mecanismo que disipa la energía que una potencial caída, para nuestro infortunio, podría liberar. Algunos, además llevan una cuerda auxiliar para que no quede nada al arbitrio del azar. Alberto y Luis se encargan de las cordadas con la ayuda de Víctor y Lucas que se multiplican en los lugares más comprometidos.

     

Durante los primeros metros ya nos damos cuenta de que si vamos pendientes de hacer lo que nos van indicando, toda la actividad es segura, lo que no evita que la adrenalina fluya como loca por nuestro interior. Al cabo de un par de horas llegamos arriba donde desde tiempos de luchas con nuestros vecinos del norte o más recientemente con los maquis, una fortificación militar que defendía este paso estrecho y estratégico del valle nos recuerda que el hombre es el mayor peligro al que se enfrenta el hombre. En un par de minutos, por un delicioso sendero, llegamos a las praderas verdes de la Ermita de Santa Elena donde disfrutamos de un descanso merecido en tan bucólico paraje. Echamos un montón de risas y para abajo.

     

El regreso lo realizamos por la pista y ya cerca del río Gállego (el que viene de la Galia), torcemos tomamos un camino hacia la izquierda para adentrarnos en las praderas de la cantera que domina esta parte del Valle de Lasieso. Allí podemos disfrutar de un bonito Dolmen megalítico muy bien conservado, que nos referencia que estas tierras están habitadas desde la noche de los tiempos. Comentamos sobre este monumento funerario y sobre cómo tuvieron que discurrir para mover semejantes moles de roca con los medios de entonces.

     

El tiempo nos va respetando, no llueve, no hace calor y podemos seguir con el plan previsto. Tenemos cerca el merendero de ICONA en el puente de Oliván así que nos dirigimos hacia allí para echar algo a nuestro estómago. No está demasiado limpio el lugar pero para dar cuenta de los bocadillos nos es más que suficiente. Aprovechamos para organizar los espacios del exiguo maletero con mochilas, arneses y bolsas de comida, antes de poner rumbo a Bujaruelo en el Parque Nacional de Ordesa.

Después de las curvas del puerto de Cotefablo, llegamos a Torla, y al poco a la entrada del Valle de Bujaruelo. El ambiente alpino nos rodea, el modelado glaciar nos regala unos sobrecogedores cortados de paredes verticales a ambos lados del estrecho valle por el que circula el río Ara. La densidad vegetal de abetos, abedules y hayas esconde un montón de cantos de pájaros y de ruidos de grillos. Paramos en el puente para sentir la fuerza del río con su rugir interminable.

Por fin llegamos a Bujaruelo. Nos alojamos en el Mesón-Refugio del mismo nombre que desde tiempos inmemoriales ejerce la misma función de hospital en el sentido hospitalario de la palabra como el de Benasque que también conocemos de cuando vamos a esquiar Fondo o el de Santa Cristina en Candanchú. José Luis, el encargado nos facilita las cosas dejándonos disponer de una sala para nuestras actividades. Nos repartimos en tres habitaciones de literas, y antes de la cena comenzamos con el taller de mochilas. Qué dejar, qué llevar, qué pesa más, qué sobra, qué falta, cómo plegamos este lamentable saco, me llevo el secador de pelo…

Las voluminosas mochilas reducen su tamaño y su peso de manera sensible aunque cuando echemos dentro la comida sufriremos su peso sobre nuestros hombros.

Después de la cena, hacemos balance del día antes de visitar las literas. Al poco estamos todos fritos, el día ha cundido de lo lindo.

MIÉRCOLES 28 de junio de 2006

Ha amanecido entre nuboso y despejado, entre un cielo limpio y muy azul, esperanzador, y unos sospechosos nubarrones muy blancos ¿hará bueno? Desayunamos y nos despedimos del albergue. A la 8,30 nos espera uno de los guardias del Parque Nacional para abrirnos el Centro de Interpretación Adaptado, sólo para nosotros. La adaptación consiste en una serie de paneles interpretativos escritos en Braille. Las maquetas, que son muy buenas, se pueden tocar tranquilamente. El lugar es pequeño pero eminentemente didáctico

     

Comenzamos con la idea de Parque Nacional, qué es, y porque lo son. Nos refresca otros parques de España. Seguimos con una aproximación a los duros y lentos procesos geomorfológicos que tienen lugar en la corteza terrestre y que conforman las actuales montañas que nos rodean, aquí Víctor se lució con sus conocimientos de geografía. Pasamos a una enorme maqueta de todo el Parque Nacional, desde Bujaruelo hasta Pineta pasando por Gistaín, Añisclo y el propio cañón del Arazas en el Valle de Ordesa. La podemos tocar para apreciar todas sus dimensiones, la diferente disposición que guardan los valles entre sí y su orientación Este-Oeste tan distinta de otros valles aragoneses. Pasamos a diferenciar árboles por la forma de sus hojas y por sus olores. También conocemos los animales más significativos como el bucardo del que sólo nos queda un muñeco disecado y su ADN, y finalmente una maqueta de las viviendas tradicionales del Pirineo en la que podemos repasar lo que vimos en Ansó. Una visita interesante.

Nos despedimos del guarda y enfocamos la furgoneta hacia el parking de la Pradera donde nos esperará hasta el final de nuestras andanzas. Allí vemos que no hay cobertura telefónica (el repetidor sólo está operativo los días más álgidos del periodo estival, por lo que no podemos hablar ni con Fabio ni con Miguel que están el Jaca y concretar con ellos. Mientras terminamos de preparar las mochilas y de repartir la comida nos asaltan las dudas porque las nubes van evolucionando malamente y se tornan muy amenazadoras. El cielo se ha puesto muy negro. En la oficina de la guardería del Parque no nos sacan de dudas, la predicción del www.inm.es indica tormentas pero no especifica demasiado. Con un mar de dudas decidimos salir con la casa a cuestas pero tras recorrer unos 10 metros comienza a llover, cada vez con más ganas, no son cuatro gotas sino buenos manguerazos.

Nos cobijamos y debatimos qué hacer. Decidimos que no subimos a Góriz porque es una locura pero sí que vamos a hacer el paseo didáctico por el bosque de hayas que teníamos planificado. Con las capas de lluvia nos mojaremos poco, así que manos a la obra. Entre tanto Alberto se va a solucionar el alojamiento de la noche y la comida de mañana en Góriz.

     

A pesar de lo incómodo que es pasear con la lluvia torrencial el hayedo está precioso. El agua ha limpiado los árboles y los colores resplandecen brillantes. Podemos detenernos en contemplar y estudiar el hábitat donde se desarrollan estos árboles tan hermosos. Podemos ver y buscar los hayucos, las flores que se abren paso entre la hierba, los efectos devastadores de los rayos de las tormentas de verano, setas, musgos, líquenes, helechos… es un paseo lento, con tiempo para disfrutar. Ya vuelve Alberto. La lluvia ha cesado en su ímpetu inicial pero sigue lloviendo y tronando intermitentemente. De seguir nos habríamos puesto como sopas. Poco a poco vamos completando el paseo circular por el bosque. Vemos una nube de condensación casi pegada al suelo muy cerca de nosotros que se eleva como un globo hasta disolverse al equilibrar su tasa de humedad y temperatura con la del ambiente. Por fin volvemos a la pradera del parking.

Nuestras Lauras, tan atletas ellas, sienten el impulso de lanzarse la carrera aprovechando que la pradera es diáfana y que no hay obstáculos con los que chocar. Echan a correr… y… Laura La cae al suelo, se levanta, sigue corriendo y vuelve a caer pero ahora ya no se levanta, se queja, nos acercamos deprisa, parece que se ha hecho algo… ¡¡¡el tobillo está hinchado!!!, ¡¡¡Vaya mala suerte!!!

Corremos a por el botiquín y a por un aislante (el suelo está mojado) Le aplicamos una bolsa de frío y un vendaje compresivo. Está muy inflamado. Alberto y Víctor la llevan al Centro de Salud de Broto, allí le diagnostican un esguince de grado 2 que la deja KO para seguir con nosotros, avisamos a la familia. Un pequeño desnivel en el terreno, camuflado por la hierba y resbaladizo por la lluvia es el causante de la torcedura. Los demás nos dirigimos con la furgoneta hacia Linás de Broto a instalarnos en el Albergue de El Último Bucardo, un lugar entrañable con un servicio muy cercano y familiar. Nos instalamos en la buhardilla, una habitación para todos. Después de que regresen Laura, Alberto y Víctor, nos ponemos en el salón de usos múltiples donde decidimos emprender un taller de cabullería (nudos) a petición de Jorge que lleva la mosca con el tema este. Pensamos que es básico el nudo del calzado, un nudo resistente que hay que comenzar tensionando el calzado al pie y que la mayoría ejecutan regular. Nos lleva un rato. Después nos ponemos con tres nudos básicos en la montaña. La gaza para autoasegurarnos, el ballestrinque para fijar una cuerda, y el dinámico para asegurar a un compañero. Pasamos un rato divertido aunque más de uno sudó lo suyo.

     

Después de una cena pantagruélica llegaron los padres de Laura. Lloramos nuestras penas y nos despedimos hasta la vuelta deseándole que la recuperación sea rápida y que tenga paciencia.

Aprovechando que la Iglesia Románica (S. XI) está iluminada, la tenemos al lado y es muy bonita, nos vamos a visitarla. En los jardines que rodean la entrada hay muchas luciérnagas, así que cogemos una y la observamos con atención. Comentamos sobre su destello que es una llamada para la cópula. También nos fijamos en cómo está colocada la piedra y en la evolución desde la mampostería más rudimentaria hasta la sillería más evolucionada. También reparamos en los distintos volúmenes que configuran el edificio y los diferentes usos que se les daban. Es tarde y hora de dormir. Nos retiramos con la esperanza de que mañana haga bueno y podamos llega a Góriz.

Nuestros planes se han visto truncados por dos motivos, el esguince de Laura y la lluvia que al retrasarnos un día nos va a obligar a cambiar nuestro objetivo del Pico Marboré por oto más modesto, la Punta Tobacor, pero no por ello menos interesante.

A dormir.

Publicado 12 septiembre, 2006 por nature11aragon en 04 Parque Nacional de Ordesa, Actividades

Visita al CEIP. Tomás Alvira de Zaragoza   Leave a comment

El miércoles 17 de Mayo, estuvimos con los alumnos de 6º curso de Primaria del CEIP. Tomás Alvira de Zaragoza.

Laura L estudió la Primaria en ese colegio y como tienen unos profesores muy “apañaos”, Pilar y Juanma, nos invitaron a que les fuesemos a contar nuestra experiencia.

Fuimos Laura L, Laura M y Luis. Explicamos todo lo que hacemos, lo que aprendemos, lo que vamos descubriendo, lo que nos cuesta mucho esfuerzo y también vimos las fotos de nuestras aventuras. Después nos hicieron mucha preguntas que contestamos como pudimos y pasamos una tarde muy maja.

Publicado 26 mayo, 2006 por nature11aragon en Actividades