Tuca de Salvaguardia o de Cabellut, 2.738 m. Ficha Técnica   Leave a comment

PORTILLÓN DE BENÁS

TUCA DE CABELLÚT O SALVAGUARDIA, 2.738 m.

Valle: Benás

Desnivel: 620 m. hasta el Portillón y 1.000 m. hasta la Tuca

El PORTILLÓN DE BENÁS es el paso más importante de la frontera entre la Bal de Benás y Francia, junto con Gorgutes, más antiguo y cercano.

Fue en tiempos del rey Pedro IV de Aragón (siglo XIV), que las gentes del Condado de Commengue (…), con voluntad de los del valle de Benasque, habían hecho un nuevo camino, y paso en los puertos de Auna y Gorguta, por donde pasan caballos y diversas mercancías, por eximirse de los derechos que se paga al Rey (de Aragón) en los caminos del valle de Arán,…

A Mediados del siglo XIX se reseñan 6 puertos y 2 pasos que cruzan la frontera por la Bal de Benás. De entre ellos, sólo el del Portillón de Benás (denominado de Francia), era accesible para caballerías, el único útil para el transporte de mercancías y para el comercio del ganado mular.

El paso se encontraba amparado por dos Hostales –Refugio (Espitals o Espitaus, en aragonés y occitano respectivamente), que servían de apoyo a la travesía.

La TUCA DE CABELLÚT (2.738 m.), por su parte, es un escarpado pico que se alza 300 m. de altura al oeste del Portillón. Más conocido por su nombre francés –Pico de SAUVAGARDE o SALVAGUARDIA-, se llega a su cima por un cómodo camino que nos permite disfrutar de una de las mejores panorámicas del Parque Posets-Maladeta.

APROXIMACIÓN

Para partir deberemos llegar hasta el Espital de Benás (actual hotel-refugio de los Llanos del hospital).

Partiendo de Benás (Benasque), seguimos la carretera general que hacia el norte da acceso a los Baños y Espital de Benás, tras dejar a la derecha el desvío que sube al pueblo de Cerler (Sarllé). En la ascensión dejaremos a un lado el pantano de Paso Nuevo, a nuestra derecha, el Pllan d’es Bañs, y llegaremos, cerca del final de la carretera, a la pista asfaltada, corriendo paralela al Esera, y pasando junto al mentado Espital, bonito edificio que nos servirá de punto de partida y de lugar de refresco a la bajada.

RECORRIDO

Desde el Espital de Benás (1.740 m.), bajar hasta el río, cruzar y tomar unos prados en dirección este, hacia la derecha, atravesando el Pllano de l’Espital.

Al final de los praos veremos que son dos los cursos de agua que llegan al llano. Por nuestra derecha, el río Esera, que cae en el Pllano tras una cascada de pinos, y por la izquierda, las aguas que bajan del barranco de Peña Bllanca, por un vallecillo herboso con algunos pinos. Nuestro camino remonta el barranco de de Peña Bllanca a la izquierda –según subimos- del barranco, por entre pinos primero y por los prados después siguiendo la misma dirección este que llevábamos.

Según vamos subiendo, veremos que la ladera que llevamos acaba en un amplio collado herboso, a la izquierda del cual se ve un barranco o canal cuya parte derecha –este- es en su parte superior de piedra muy blanca. Se trata de la Peña Bllanca y de la Canal de la Peña Bllanca. Si nos fijamos algo más, veremos que la piedra blanca está atravesada por un camino a pico que sale por praderío de las cercanías del collado herboso antes nombrado.

El camino es muy sencillo y está bien marcado: desde el collado debemos girar a la izquierda –norte-, para subir por pendientes herbosas, a la derecha –según vamos-, de la canal de Peña Bllanca. Del Espital al collado (Colladeta d’es Aranesos, 1.850 m.) hay una media hora.

El camino por la nueva pendiente asciende en amplios zig-zags que es conveniente seguir a la subida y a la bajada para evitar la erosión. A la media hora de subida, una hora desde el Espital, cerca de los 2.200 m. de altitud llegamos al paso picado en la piedra que se adivinaba desde abajo. Tras el paso accedemos a un pequeño cuello de hierba en el que la senda gira a la izquierda para por nuevos zig-zags ir introduciéndose por la parte superior de la Peña Bllanca en las praderas que anteceden al Portillón. Al cabo de 1h. 30 min. de camino -30 min. desde el paso de piedra- el camino empalma con la senda que sube al Portillón de la Besurta, a 2.360 m. de altitud. Nos quedan menos de 90 m. de desnivel hasta el Portillón, brecha que se adiina en la parte más baja de la cresta.

Llegamos al Portillón de Benás (2.445 m.) en 1 h. 45 min.

Al sur, la vista de la Maladeta y sus glaciares es impresionante. Al Norte, tras pasar el Portillón, podemos admirar los Boums del Puerto, serie de lagos (boums en occitano) que saludan el descenso a la parte francesa.

A la izquierda del Portillón, según subimos –oeste- sale un camino que asciende por las pendientes herbosas que entre piedra y piedra sujeta la Tuca de Cabellut. La senda está bien trazada aunque pasa, a mitad de camino, por una zona de piedra algo lavada en la que nos podemos ayudar de una sirga, sin que ofrezca ningún problema. Más adelante, siempre entre hierba, el camino resulta algo aéreo aunque seguro.

La cumbre nos espera al cabo de 45 min. desde el Portillón de (2h. 30 min. desde el Espital) a 2.738 m. de altitud. La vista, que en el Portillón ya era buena, en la cumbre es excepcional.

PANORÁMICA DESDE LA CUMBRE

Hacia el sureste, el Aneto (3.404 m.), que se amaga al sureste tras su glaciar, pasando por el Mulleres (3.010 m.), más al este, la Maladeta; (3.308 m.); al sur, la Bal de Benás; al suroeste, la Tucas de Lliterola (2.841 m.); la del Perdiguero, (3.221 m.), al oeste; el Malpás (3.096 m.), a su derecha; la vertiente francesa con la villa de Luchón, al norte; los Boms del Puerto (2.248 m.), bajo el mismo pico, o la Tuca de la Mina (2.708 m), al otro lado del Portillón, es digna de admirarse.

FLORA Y FAUNA

Recorrido con 1.000 m. totales de desnivel, parte de los llanos herbosos del Espital, con abundancia de Calthas junto al agua, hasta la Colladeta d’es Aranesos. Abundan el diente de perro, las orquídeas, nomeolvides, violetas o botones de oro, junto a pinares de pino negro acompañadas de rododendro, brezo, arándano y enebro, además de serval de los cazadores y algún abedul.

A partir de la Canal de Peña Bllanca, la vegetación se hace más rala, con gencianas, regaliz alpino y enebros enanos.

En todo el camino podemos encontrar sarrios. En la parte más boscosa, corzos, jabalíes y liebres; a mitad de camino, marmotas, y en el río, bisbitas ribereños alpinos y mirlos acuáticos. Además hay colirrojo y collalbas grises abundantes en la subida y a menudo el águila real, el quebrantahuesos y algún halcón abejero estival sobre los prados y los cantiles.


Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Excursiones

Ribagorza, del 4 al 7 septiembre 2007   Leave a comment

LUNES 3 de septiembre de 2007

La previsión del tiempo es fabulosa, después de las lluvias de finales de agosto nos alegra tener estas expectativas. La última actividad del proyecto no puede quedar deslucida.

Por la tarde, Laura Labat fue a la estación de autobuses a buscar a Ana que viene desde Teruel.

MARTES 4 de septiembre de 2007

A las 7:30 AM acudimos a casa de Laura L para recogerla a ella y a Ana. A las 8:00 llegamos a la salida del garaje de la Delegación ONCE. Cargamos los bultos. Estamos Luis, Laura, Ana, Laura y Ricardo.

Salimos puntuales y como es costumbre recogemos a Mariano en la gasolinera de Gurrea. Confiamos en regresar con hora pero su padre no se cree nada (vaya fama).

Son las 9:00 y llegamos al Parking del Sabeco de Huesca para recoger a Jorge. Un SMS a Alberto para sincronizar y ponemos rumbo a Graus.

Son las 10:30 cuando llegamos y conocemos a Isabel y a Ángel. En esta ocasión, nuestros habituales Marisa y Miguel no nos van a poder acompañar por cuestiones de horarios laborales, una pena, sin embargo la voluntad de Ángel y la experiencia de Isabel fueron determinantes para el buen rumbo de la actividad. Isabel ya conocía nuestras andanzas. Isabel promueve unas Jornadas de Deporte y Discapacidad en el Medio Natural. El curso pasado nos llamó, teniendo constancia de nuestro Proyecto, para que participásemos en el panel de experiencias presentando la nuestra. En aquella ocasión no pudimos contar con la presencia de los chavales pero para las próximas que son a final de este mes de septiembre, ya nos lo montaremos para ir todos o casi todos. Tenía muchas ganas de acompañarnos y hemos tenido la suerte de que haya podido hacerlo. Ángel, por su parte, no dudó cuando se lo propusimos. De su experiencia en la naturaleza y en la montaña y de su predisposición, sacamos buen jugo.

Tras las presentaciones de rigor hicimos repaso del plan de los cuatro días y del de este martes en particular. El firme propósito de no eternizarnos en las maniobras que siempre hacen que lleguemos tarde a todas partes estará presente, o al menos esa intención llevamos. Para demostrarlo, elaboramos, un poco perezosos, la lista de la compra, así que Alberto tiene que sacar el látigo para arrear. Nos distribuimos por parejas buscando el equilibrio de la vista y nos lanzamos dentro del supermercado, un pequeño DIA sin apenas gente lo cual nos facilita las cosas. No saber dónde están los productos nos retiene un poco aunque el lugar está distribuido con lógica y más o menos nos orientamos dentro de él. Otra cosa es elegir los productos entre los muchos que son parecidos, es cuestión de paciencia. Después de pagar, a la hora de cargar en la furgoneta, aparece dentro de una de las bolsas el mocho de una fregona. Sorprendidos e impresionados por sus múltiples prestaciones, probamos a utilizarlo como peluca.

Unas últimas compras en la frutería y en la ferretería y todos a la furgoneta o al coche de apoyo. Sobre las 12:30 llegamos a Eriste, pequeña localidad del Valle de Benasque en la que tenemos previsto visitar el Centro de Interpretación del Parque Natural Posets-Maladeta. El sitio es recoleto y pequeño, la información que trasmite es la justa y suficiente para hacernos una idea de lo que supone este Parque. Así mismo completa la visita el apartado dedicado a los glaciares. Maquetas, simuladores y material escrito son más que suficientes para que podamos acceder a estos conceptos que tantas veces hemos recordado a lo largo de estos dos años. De igual modo la maqueta del Pirineo, que se puede tocar (con cuidado) nos ayuda a tener esa imagen global que tanta falta nos hacer para comprender la magnitud, extensión y disposición de estos Valles Pirenaicos que hemos visitado en, con esta, ocho ocasiones. El encargado de Centro nos guía en una primera aproximación, exponiéndonos los recursos con los que podemos contar. Comprendiendo las características del grupo y las necesidades que tenemos, nos permite licencias como las de tocar y mover lo que necesitemos, cosa que le agradecemos, y visto el interés que demostramos alarga la hora de cierre.

Hace hambre cuando salimos, a fin de cuentas estamos con un desayuno que hace rato que anda en la punta del pie, así que buscamos un lugar para hacernos los bocadillos. Pensamos que el pantano de Eriste es el lugar más adecuado, así que cruzamos y nos instalamos. El lugar es precioso y muy acogedor. Las luces que se reflejan en sus aguas, con montañas y bosque dibujados en ella son preciosas. Nos ponemos manos a la obra y es hora de demostrar que sabemos utilizar las navajas con las barras de pan, el tomate y el queso (esta vez de oveja y no de lonchas). Descansamos un rato después de comer y a continuación nos dirigimos hacia los Llanos del Hospital. Al fondo se observan unas nubes sospechosas que contrastan enormemente con el cielo azul y la situación anticiclónica que tenemos sobre nuestras cabezas. Empezamos a desconfiar del color oscuro que tienen. Cuando llegamos a los Llanos, los chavales empiezan a reconocer el lugar. Es la primera vez que lo ven sin nieve. Este sitio tiene para nosotros un significado especial puesto que es aquí, mientras realizábamos las actividades de esquí de fondo, donde se empezó a gestar el gusto por la montaña y donde decidimos que el marco que íbamos a elegir para acceder a la experiencias relacionadas con los contenido escolares sería el Pirineo.

Nos ponemos manos a la obra con las mochilas, quitar lo innecesario, repartir las bolsas de comida, y el bulto que cada vez pesa más. Habíamos previsto que un “mulo” nos ayudase en el porte de los pesos más importantes como las tiendas de campaña y el agua, al igual, que ocurría en la época de los contrabandistas y del intercambio de mercancías en esa misma ruta pero no pudo ser, una pena. Así que tuvimos que ejercer de burros como el año pasado. Las nubes estaban muy amenazadoras y una corriente de aire empezaba a ser preocupante. Isabel y David, que andan muy versados en esto de las mochilas, nos echan una mano.

Nos repartimos los palos direccionales e iniciamos la marcha. Al principio todo es muy suave, caminaos hacia las nubes por los prados que recordamos llenos de nieve. El lecho glaciar por el que caminamos muestra un fondo plano de valle, plano por el modelado se enormes masa de hielo y derrubios, que con su peso y paciencia “lijaron” y enrasaron este suelo. Las nubes amenazan y vamos derechos a ellas. Se terminan las bondades del fondo del valle y nos adentramos entre rododendros, pinos negros y abetos en terreno que va ganando altura. El suelo es muy tortuoso, cuando predominan las rocas metamórficas como el granito, vemos que no son fácilmente erosionables y por eso lo que tenemos que sortear son montones de grandes pedruscos graníticos que dificultan muchísimo nuestra progresión. Al poco, con la altura, va desapareciendo la masa forestal, dejamos detrás de nosotros el abetal y tan sólo nos acompañan algunos pinos negros de esos que son duros y resistentes en un suelo que pasa unos cuantos meses cubiertos por un manto blanco. Muchos de estos pinos negros, robustos y con semblante tortuoso, toman estas caprichosas formas porque en su crecimiento la nieve los obliga bajo su peso a encontrar otros caminos para crecer.

La sensación de frío la da el viento, que cada vez se pone más pesado. Las paradas son incómodas. El sendero, hasta ahora bien marcado, cambia al cruzar uno de los nervios de la ladera de la montaña y desaparece. Tenemos que atravesar una zona fuera de sendero, en una medio trepada que cuesta arriba, pues la de aquel, pero que para bajar ya veremos pues se anuncia complicada. Al poco atravesamos una enorme placa blanca de caliza por la que circula el camino escavado a pico y pala por los antaño intrépidos comerciantes que iban y venían de la vecina Luchón. Las nubes bajas, cada vez más amenazantes, hacen que parezca más tarde de lo que realmente es. De todos modos, caminar hacia la zona del vivac en estas condiciones es incómodo. Por fin a las 20:45 llegamos. Los chavales están ateridos de frío y no es para menos, hemos ido a elegir el único día del verano con una clara connotación invernal. Nos organizamos en varios frentes, localizar lugares competentes para plantar las tiendas, distribuir la comida, preparar las cenas… Establecemos dos turnos de cenas para que los que esperan se puedan meter en las tiendas. Los macarrones que traemos desde casa para mezclar con la ensalada no quieren entrar en la boca, sólo el calor de una sopa parece capaz de templarnos.

Ya más templados por la cena sólo nos apetece meternos dentro del saco que es donde mejor vamos a estar. A las 23 horas, y a juzgar por lo pronto que hay silencio pensamos que la jornada ha sido agotadora. Es hora de preparar el vivac para los demás, ¡¡¡qué poco apetece!!! Después de pelear con las ortigas, las piedras del duro suelo, el desorden de las cenas y el puñetero viento, podemos darnos por contentos con el toldo que hemos levantado. Entramos a gatas y, mañana será otro día, son las 0:00 horas.

La noche es toledana, el viento nos despierta, los que llevan sacos finos tienen sus más y sus menos con el descanso, los sensibles de oído sufren las arremetidas de las “respiraciones profundas” y a mitad de noche… los alaridos de Ana, que para eso tiene suave el timbre de voz, rasgan la quietud del momento (04:15 horas). Laura Labat se encuentra mal, el estómago le juega una mala pasada. Alberto se levanta y le prepara una infusión para ver si podemos templar esos destemples y desasosiegos. Laura está curtida y sabe sobreponerse al desamparo del momento. Alberto vuelve al saco a arañar un par de horas más al descanso.

MIÉRCOLES 5 de septiembre de 2007

Si la noche fue un desastre de frío, viento y otros menesteres, la mañana amanece radiante y despejada. A las 6:45 el cielo luce raso de un azul limpio que refleja los primeros rayos de sol sobre los soberbios glaciares de la Maladeta y del Aneto.

Un momento irrepetible de esos que crean escuela. Hay que quedarse quieto mirando cómo evoluciona el sol en su ascenso matutino para empezar a bañar con sus pinceladas de luz las crestas granitos, pizarras y areniscas que nos rodean. La magia de los colores nos envuelve en tanto que ya tenemos ganas de que los rayos de sol nos acaricien la piel de una vez por todas. Nos adelantamos con el desayuno, antes de remover a los chavales que ahora, parece que están en el mejor de los sueños.

Con el día más templado de temperatura vamos sacando al personal de la placidez de los sacos. A las 8:00 desayunamos con las legañas pegadas a los ojos y empezamos a recoger los enseres. No está permitido acampar en el Parque natural, así que nos vemos obligados a recoger el vivac y a apilar las mochilas para no cargar con ellas. Nos pertrechamos con algo de abrigo, agua y un poco para picar y nos ponemos en marcha camino de la Tuca de Cabelluts o Salvaguardia. Como siempre algo más tarde de lo que nos gustaría. Estamos en la última salida y todavía no hemos mejorado nuestra agilidad en estas maniobras.

Partimos a las 9:30, bien untados en la protección solar. El camino discurre en suave ascenso por un claro sendero que hoy sí que podemos disfrutar. A los 10 minutos nos desviamos para acercarnos al paso del Portillón, pequeño collado excavado en las afiladas laderas de la montaña, que da paso a Francia, a través del cual podemos llegar a un refugio francés y a la localidad vecina de Luchón. La vista de los lagos (Boums) con el impresionante contraluz e preciosa. Pero como en todos los collados, y en este que además está en sombra, pega el viento, así que de apacible el lugar tiene poco. Volvemos a las soleadas laderas de este lado de esta montaña que no entiende de fronteras y seguimos subiendo.

A partir de aquí, el camino sube alternando zonas de muy buen pisar por una traza perfectamente marcada a través del pasto alpino, con zonas pedregosas donde la roca que mezcla areniscas muy compactas con pizarras y otras piedras ricas en minerales que la tiñen de un rojo intenso hacen penosa la marcha. A veces nos tenemos que emplear a fondo para superar determinados tramos que por un lado están muy empinados y por otro con un suelo muy roto. Entretenidos pues con esta vicisitudes llegamos una hora más tarde hasta el paso que nos tenía preocupado. Son las 11:00 y hay que salvar un tramo horizontal atravesando un zócalo de la montaña con roca viva, resbaloso y con ambiente. El paso está equipado con una sirga que nos servirá como seguro si nos anclamos a ella desde el arnés con una cinta y su mosquetón.

Vamos muchos para vigilar la seguridad del momento. Alberto e Isabel acercan a los chavales hasta el principio del paso y le aseguran los arneses y los mosquetones a la sirga. Luis los acompaña a través de la travesía horizontal y Ángel los recepciona en una zona segura. La maniobra nos sale que ni que la hubiésemos ensayado, así que 45 minutos ya estamos todos al otro lado del cable festejando el momento.

Tenemos la cima muy cerca y el sendero no ofrece más dificultades que las de estar muy empinado en algún momento, así que en media hora culminamos la ascensión, llegamos todos arriba entre el cansancio y la grandeza del momento. Un poco antes de las 12:30 nos abrazamos. Es muestra última cima, al menos dentro de este proyecto. El día está radiante, la panorámica es impresionante. Al Norte Francia donde podemos admirar los Boums del Puerto, ese numeroso grupo de ibones recuerdo de glaciares de antaño. Al Este el contraluz del sol que nos regala unas hermosas siluetas desde el Paso del Portillón hasta el Pico Mulleres y la cresta de Salenques. Al Sur las impresionantes moles del Aneto, las Maladetas y el Alba con sus glaciares descarnados por los efectos del cambio climático. A nuestros pies el claro dibujo de la artesa glaciar que nos lleva desde el Aneto hasta más allá de Benasque. Al Oeste el brillo del granito del macizo del Posets.

La claridad del día es meridiana, la temperatura perfecta. Nada que ver con la de ayer. Hacemos la lectura de paisaje, identificamos formas geológicas y lugares geográficos. Descansamos y charlamos, echamos un bocado, nos fotografiamos para el recuerdo y hacemos cálculo logístico. Con lo que nos cuestan las maniobras mejor que nos vayamos bajando. A las 13:05 iniciamos el descenso.

Muchos sitios son más complicados de bajada que de subida, muscularmente estamos más capacitados para subir, además percibimos mejor el terreno. Las zonas de losa, y lapiaz nos cuestan mucho de superar, sin embargo el tramo del cable lo pasamos casi sin enterarnos, la cuerda da mucha confianza. A las 14:45 llegamos al punto de vivac. Los estómagos rugen de hambre por lo que nos abalanzamos encima de las bolsas de comida. Lo que anoche no nos apetecía hoy tiene otro aspecto. Rehacemos las mochilas, nos aligeramos de ropa y a las 16:30 continuamos el descenso. ¡¡¡Qué lentos somos para estas maniobras!!!

Sobre las 17:15 llegamos a la zona de piedras blancas que da nombre a la Peña Blanca. La cruzamos con cuidado de no resbalar. Al rato, sobre las 17:30, afrontamos un destrepe penoso que para estas alturas del día es como una penitencia. Nos quedan las innumerables “zetas” que bajamos con el piloto automático. A las 18:15 reagrupamos el grupo y nos tomamos un descanso. Richar tiene una experiencia mística en una zona de pino negro. El calor del cercano fondo de valle se hace notar y nos quitamos algo de ropa.

Ya queda poco, nos falta cruzar el bosque y atravesar un arroyo para llegar a los Llanos o Pllano de l’Espital. Son las 19:00 horas cuando se produce este hecho. Con marcha robotizada vamos llegando hasta la furgoneta, n o vemos el momento de cambiarnos de ropa, de calzado, de asearnos… A las 19:30 ya no pega el sol en el aparcamiento pero ya estamos todos. Sacamos una botella de cava, gentileza de Tere, la madre de Jorge (gracias Tere), y con unos aristocráticos vasos de plástico hacemos los brindis de rigor, y qué rico nos sabe.

Nos vamos despidiendo de Isabel y Ángel que se tienes que marchar a Ainsa esta noche. Nosotros pensamos en un lugar donde poder cenar y se nos ocurre que una pizza es buena idea. Ante esta propuesta nuestros amigos no se pueden resistir y deciden acompañarnos. Celebramos nuestra ascensión de esta guisa y, ya muy cansados y con ganas de dormir nos despedimos y tomamos camino de Pllan de Senarta para, en la zona de acampada libre plantar las tiendas a la luz del frontal, que como remate a nuestras energías no está nada mal. La zona de acampada dispone de baños y lavabos lo que agradecemos enormemente. Después de organizar mochilas y de montar las tiendas caemos rendidos dentro de los sacos. Un día intenso. Creo que a las 0:45 ya no se oye nada.

JUEVES 6 de septiembre de 2007

Hoy nos levantamos bien descansados. Aunque hay que entrar en las tiendas “con todo” para despabilar al personal. Las 08:30 no es una hora demasiado intempestiva para empezar a circular ¿no?

Asearnos, desmontar tiendas, rehacer mochilas, cargar furgoneta, en fin, la rutina de siempre a la velocidad de siempre, una hora y cuarto nos cuesta salir dirección a Benasque a desayunar en una cafetería, se nos “olvidó” contemplar este desayuno el día que hicimos los menús. Cumplido el trámite culinario volvemos hacia la zona de los Baños de Benasque, curioso asentamiento romano, para iniciar el sendero botánicoque remonta el cauce del Ésera.

Hoy Alberto está particularmente inspirado y este punto le acompañará todo el día, así que dejamos que se explaye y disfrute y nos haga disfrutar de lo mucho que sabe y de lo bien que lo trasmite para que nos guíe y muestre desde las huellas del lecho glaciar, fresnos, arces, abedules, helechos, tilos, cardelinas, bojs, pinos, abetos, musgos… a lo largo de un recorrido que se nos antoja corto, porque como siempre, llevamos el reloj en contra nuestra. Una pena porque estábamos disfrutando mucho. En estos momentos es cuando vemos que la decisión de ser 8 en el grupo ha sido acertada pues podemos llegar y acercar las experiencias a todos sin que los tiempos de espera demoren demasiado la marcha del grupo.

Antes de subir a la furgoneta, nos animamos con un pequeño torneo medieval donde los caballeros lanceros lucen sus habilidades en la monta ecuestre y se baten por el favor de alguna doncella de dulces encantos.

Dicho esto ponemos rumbo a Anciles, quizá uno de los pueblos con más encanto de todo el Pirineo Aragonés. Cuando llegamos, a las 13:00, un penetrante olor a cabra envuelve el ambiente. Las habilidades olfativas de nuestro rastreador así lo certifican. Varias cabrillas pequeñas pero de fuerte olor se acercan para que las acariciemos y si cuela, pues a que les demos algo de comer. Jorge, que está muy puesto en esto de las cabras las encanta con una barritas energéticas en medio de la algarabía que nos produce el aroma de su piel.

El recorrido por Anciles es una lección de historia, de arquitectura y de la adaptación del hombre al medio. Nos detenemos en los arcos de las fachadas de las entradas de las casas, observamos los vanos de las puertas, las molduras y los frisos que las coronan, las mezclas de materiales que las configuran, los detalles ornamentales que las adornan y los accesorios que las visten. Granitos, pizarras, mármoles, calizas y areniscas son los materiales empleados y vemos el aprovechamiento que los habitantes del lugar han hecho de un suelo tan rico como el que nos rodea, según los usos para los que es mejor cada uno de ellos. Nos detenemos un rato en un arco de tosca para ver el raro comportamiento de los procesos químicos en la formación de algunas piedras. Repasamos el proceso de la erosión, la calma del tiempo y reparamos en las coincidencias que han de darse para que se forme esta curiosa piedra que, en el pirineo, está presente en todas las chimeneas.

Otra vez es una pena que estemos presionados por el reloj pero nos esperan en Campo, nuestra próxima parada, donde dejaremos los macutos, nos ducharemos y comeremos, antes de partir hacia Roda de Isábena.

Con el calorcito del mediodía, la media hora de furgoneta y el “run-run” del motor, es una invitación a la siesta. Por fin llegamos a Campo, son las 15 horas y tenemos platos con comida caliente, duchas y camas… no nos lo podemos creer. Nos recibe Aurelio, viejo conocido nuestro desde los tiempos de los primeros campamentos y las primeras salidas a la nieve. Nos acompaña en el café mientras nos turnamos entre duchas y descansos. Es un rato reparador antes de salir hacia Roda.

Después de un camino precioso a los pies de la sierra del Turbón, a través de margas y otro tipo de paisaje muy diferente del que nos ofrece el valle de Benaque llegamos sobre las 17:45. Roda de Isábena es la última visita y la última actividad que hacemos dentro del marco de este Proyecto que nos ha tenido ocupados estos dos últimos años. Acabamos de tomar el valle central de la comarca de la Ribagorza, veníamos del Oeste, el Valle del Ésera, ahora estamos en el Valle del Isábena, en la localidad de Roda.

Roda es medieval, así lo atestiguan su muralla y sus angostas, empinadas y empedradas calles que cortejan la imponente Catedral de San Vicente, según nos cuenta Laura M en su trabajo, la localidad más pequeña del Estado que posee una Catedral. Si no fuera por las cuestas, pasear por sus calles sería una delicia, pero hoy nos pilla un poquito cansados. Desde una de las balconadas de la muralla vemos un paisaje diferente donde las muelas y la fuerza de la erosión del río en su cauce medio sobre estos terrenos de sedimentos blandos dibujan una geografía que nos recuerda a la del Serrablo. Ricardo nos sorprende con una rara habilidad barométrica para calcular la altura a la que estamos.

Llegamos a la Catedral, hay que hacer la visita guiada pues en esta zona están muy sensibles con su patrimonio después de las visitas que les hizo Eric el Belga con su afán expoliativo y con los litigios que actualmente tenemos con el arzobispado de Lérida por los bienes y patrimonios aragoneses que no están donde deben de estar. Sobre las 18:30 nos abren las puertas, nos prohíben hacer fotos (¿?) y nos muestran el interior de un templo magníficamente conservado, mezcla de innumerables estilos y cargado con kilos y kilos de historia. Alberto tiene su segundo momento del día, probablemente la guía del lugar, muy amable todo sea dicho de paso, todavía se esté preguntando que de dónde habría salido aquel torbellino de pelo largos que no paraba de hablar y de explicar mil y una cosas sobre iconografía religiosa y ritos litúrgicos varios. Para nosotros, ya acostumbrados a él, es un gustazo escucharle pues al entusiasmo que trasmite tanto hablando de acebos como de San Roques o de barranqueras es muy difícil de sustraerse.

Nos situamos con los planos en relieve de la planta del edificio para diferenciar las diferentes naves que conforman la Catedral y vamos visitando las diferentes dependencias. Nuestra condición de discapacidad visual nos permite acercarnos a lugares que a otros les están vedados, así que podemos abrir cancelas, echar mano a los relieves, explorar rostros y figuras, tocar arcos y disfrutar de las magníficas tallas de la sillería del coro.

Nuestra guía, seguramente aturdida, tiene que cerrar las puertas de la Catedral y nos acompaña hasta el Claustro. Sobre las 19:45 nos despedimos de ella y nos tomamos el Claustro como lo que es, un lugar de reflexión y quietud que muy bien nos sirve como colofón de esta visita. Después de experimentar este hábito monacal nos dedicamos a estudiar las tallas de los capiteles que rodean el jardín. Nos recuerda a San Juan de la Peña. Sobre las 20:15 salimos a la calle. El atardecer invita al reposo, nos fijamos en un molino de aceite que adorna una plaza y en un curioso paseo en espiral a lo largo del cual, y siguiendo la lectura de varias letras sueltas, conformamos un mensaje que en definitiva nos viene a decir que al final del camino todos terminamos en el mismo sitio. Nos sorprendemos un poco y al girarnos vemos el sentido de las palabras, estamos encima del cementerio. (¡!)

Tenemos media hora hasta que nos abran el refectorio de la Catedral, que se ha convertido en un afamado restaurante y que nos va a servir como cena de despedida de estos dos años. Así que nos vamos a tomar un refresco en una terraza a las puertas de la Catedral.

El refectorio está ubicado en una nave lateral contigua al Claustro de la Catedral. Actualmente da servicio de cenas. El interior es muy bonito y recoleto en su magnificencia. El ambiente que se ha creado invita al descanso y a disfrutar de la compañía. Ricardo encuentra en la decoración una pintura que parece su vivo retrato. Disfrutamos de la cena mientras comentamos los recuerdos que tenemos de nuestras andanzas. Pasamos una velada muy agradable. Nos acordamos de cuando lanzamos la idea tres años atrás, que este grupo ya no es el de aquellos críos con ganas de enredar.

A las 23:15 volvemos a Campo. Mariano y Jorge se desmelenan con lo más duro que su repertorio punk musical les permite, dándonos una lección gramatical y semántica difícil de olvidar. Un claro contraste con la visita que acabamos de hacer.

Cuando llegamos, como compartimos espacios con un viaje de la tercera edad que está en plena verbena, vemos que hay un follón de narices. Nos saluda Paula de Sargantana que está tirando de ese carro y con la que estuvimos esquiando este invierno pasado con los chavales de Primaria. A las 00:15 ya estamos cada uno en la habitación.

Hoy dormimos en colchón, imagínate.

VIERNES 7 de septiembre de 2007

Vaya ocho horas de sueño reparador. A veces lo más cotidiano es lo que más agradecemos. A las 8:00 nos vamos por las habitaciones a remover a los perezosos. Tenemos media hora para asearnos, recoger y bajar a desayunar.

Superados estos trámites recogemos las habitaciones y nos disponemos a hacer la evaluación del Proyecto. Buscamos un sofá y nos ponemos al tajo.

Comentamos las expectativas con las que empezamos y las comparamos con lo que realmente luego han sido nuestras actividades, y así concluimos que: “nos lo esperábamos pero no del todo pero sí que ha sido lo que nos contasteis”, “sobre el grupo que Kevin lo dejara y que Mariano se lo plantease pero muy bien que lo apoyaseis”, “muy bien pero quería más nivel montañero”, “la montaña es muy dura”, “incidir en más actividades de naturaleza”, pero que en definitiva “todo muy bien”.

En conjunto, y repasando la esencia del Proyecto, estas son las conclusiones de nuestro rendimiento:

Deportivo: la montaña bien pero muy dura

Naturaleza: incidir más en este aspecto

Académico y cultural: necesitamos trabajar y preparar más

Destrezas y autonomía: podíamos haber hecho más pero hemos querido abarcar mucho.

Relaciones de grupo: hay que estar con todos para no cerrarnos.

Hecha la autocrítica y la reflexión pasamos por un momento de loas y alabanzas que hubo que cortar para que, en fin, moviésemos de allí.

Dejamos de ver un castillo que teníamos en la ruta pues Ana tiene que ir a Madrid esta tarde y hay que comprar ese billete. Nos despedimos de Aurelio y del resto del personal de Campo y nos vamos al Sobrarbe para dejar a Alberto en Aínsa. Las despedidas siempre son un rollo y unas más que otras.

Jorge se queda en Huesca, Mariano en Gurrea y los demás pillamos el atasco de la vuelta ciclista que llega a Zaragoza precisamente hoy y ahora, a las 16:30. Eso con la obras de la Estación Intermodal es una mezcla poco oportuna si vas con prisa para comprar un billete en viernes a Madrid. Los padres nos esperan allí, las filas son inmensas, aparcar es otra, el nivel de estrés se dispara, el cansancio de cuatro días castiga. Al final todo va cuajando y Ana consigue su billete. Ricardo y su madre esperan con ella, el servicio de Renfe la acompaña hasta el AVE y a las 20:00 horas todo el mundo, unos antes y otros después, está donde debe de estar.

El lunes empieza un curso nuevo.

Suerte para todos.

Publicado 12 septiembre, 2007 por nature11aragon en 08 Ribagorza, Actividades

Anecdotario San Juan de la Peña y más   Leave a comment

Anecdotario San Juan de la Peña, Valle de Echo y Jacetania en general, por gentileza de JoRgTuM

¡¡¡ Anda que no dimos vueltas por culpa del temporal !!!

anekdotas de la séptima salida a la montaña

by: JoRgTuM^PeReZuS

Bueno peña, tras esfuerzos memóricos y la colaboración de alguno de los compañeros (grazias) he logrado recopilar una manada de anécdotas que, sinceramente, no son las mejores pero son de las que me acuerdo así que … ahí van.

(Supongo que ya lo sabríais pero cuando voy a referirme a Sargantana quiero referirme al albergue en el que pasamos esa noche)

-¿Qué tal, homozeua?

(En un parque de por Echo)

Estábamos todos mirando unas figuritas con formas muy raras en un parque de Echo, una tenía forma de … ejem …, otra tenía forma de seta, otra no se sabía lo que era… y la protagonista de nuestra historia, mirada por una de sus caras…

(Luis y el menda al frente de la escuadra hacia la última figurilla)

-Luis: Jajaja, esta tiene forma de…

(Luis señala como si fuera un culo en pompa y unas piernas hacia abajo)

-Jorge: Joajoajoajoajoa… Es verdad jajajajajajja

Cuando todos lograron tener una visión global de la figura y de lo que era…

(Mariano se acerca sigilosamente a la figura, pega su parte… baja al… culo ese y…)

-Mariano: ¡¡¡Soy Nacho Vidal!!!

-JoRgTuM: Mariano… Ese culo parece más de tío que de tía…

-Mariano: Uchhhs, que fallo…

(Todos en silencio con cara de “nos vamos” cuando de repente Rixar se acerca tipo Mariano, y cuando ya está ahí…)

-Rixar: ¡¡¡Yo sssoy Borisss Isssaguirreee!!!

-La nueva adquisición

(En donde habíamos dejado la flago, Echo)

Habíamos llegado ya de mirar las figuricas… nos acercamos a Alberto que se había despistado hablando con unos amigos suyos que se encontró allí en Echo y nos despistamos un rater hablando con ellos, tal fue nuestra distracción que fuimos a montarnos en la furgoneta y descubrimos que le habían brotado unas lindas cortinitas hippies de estrellitas y lunitas creo que eran, muy monas, Luis abre la puerta, se monta dentro y se encuentra raro…

-Luis: Oye, esto está un poco raro

Todos (entre risas y cada uno a su bola): Luis, esa furgoneta no es la nuestra.

-A la tercera la vencida

(Subiendo a S. Juan de la peña (en furgoneta))

Subíamos tan tranquilamente todos en la furgoneta con destino “Monasterio San Juan de la Peña”, en la furgoneta claro está y llegamos a un punto donde la nieve abundaba…  Bajamos para observar del camino no me acuerdo exactamente el que cuando de repente…

-Alberto: Ostia, tendríamos que poner las cadenas, si no, no subiremos…

-Luis: ¿Las llevamos?

-Alberto: Sí, claro

-Luis: Pues ale, vamos a ir poniéndolas.

(Nosotros nos apartamos todos un buen cacho hacia atrás pa dejarles espacio)

-Luis: Bueno chicos, ya están puestas las cadenas, tos pa dentro

(después de un rato esperando, Alberto arranca la furgoneta…)

¡RIS, RAS, RIS, RAS … RASRASRASRAS (la cadena por el suelo)

-Luis: Pa mi que se ha salido

-Alberto: ¡Ostia no jodas!

-Luis: Para que la volvemos a mirar

(Alberto y Luis salen del cacharro y miran la rueda)

-Alberto: Si señor, se ha salido

(Se repite otra vez la escena de antes, se vuelve a salir y vuelven a bajar a ponerla bien)

A la tercera, sin comerlo ni beberlo, ya habían “puesto bien” la cadena y de esto que….

(Alberto arranca la furgoneta)

RIS, RAS, RIS, RAS … CRAC !!!!

(frenazo brusco, desmóntensen monitores y la cadena estaba partida)

-La nevera gigante

En S. Juan de la Peña (Jaca))

Realmente el sentido de esta “anécdota” por llamarlo de alguna forma es recordar la situación a aquellos que la sufrieron…

…Tras el viaje cuesta arriba y la anécdota anterior, al final, conseguimos llegar al monasterio de San Juan, compramos las entradas, (que por ser de la O.N.C.E. nos hicieron descuento y tal, (un saludo y agradecimiento a la gente de San Juan)) y entramos al monasterio, estuvimos un rato visitándolo con sus salas y sus columnas, sus historias etc… de repente salimos a un claustro interior y OSTIAS, QUE FRIO!!!!!!!!!!

(bueno, yo en realidad estaba to ancho con mi anorak, en las fotos puede verse jeje)

-Estudiando anatomía

(En la “nevera” de S. Juan de la Peña :P)

Estábamos todos en uno de esos claustros fríos e interiores del monasterio y  a parte de recordar el ajedrezado jaqués que pudimos ver en excursiones anteriores, había figuritas de gente talladas en las paredes, en las lápidas de as tumbas de toda la gente que ahí debe haber enterrada…

(Alberto coge la mano de Laura La como de costumbre para describirle lo que había en la pared)

-Alberto: Ves Laurita, esta es la cabeza… si vamos bajando tenemos los hombros, tenemos los brazos, volvemos a subir y tenemos el pecho, si bajamos el ombligo, y un poquito más abajo… ¡¡¡Ahí no toques marrana!!!

-Como unas castañuelas

(Primera idea: San Juan de la Peña)

Estábamos todos dentro del monasterio, de repente Ana saca algo del bolsillo

-Luis: ¿Qué llevas ahí Ana?

-Ana: Las castañuelas, quiero bailar una jota…

-Luis: ¡No! ¡Ni se te ocuurraaaaa! ¡Aquí noooo!

Así que como Luis no le dejó, nos fuimos a seguir el viaje

(Monasterio de San Pedro de Siersa, en la puerta)

Cuando llegamos a Siresa, al Monasterio, descubrimos que estaba cerrado, aún marchó Alberto a buscar a una de las personas responsables y nos dijo que tendríamos que ir a Echo a buscar al cura si queríamos algo así que después de un rato esperando…

(Ana saca las castañuelas)

-Ana: ¿Puedo Luis, puedo? Porfa, porfa, porfa…

-Luis: Bueno, como nos ha pillao esto cerrao pues ala, Ana nos va a deleitar con una jotica

(y Aniqa feliz se puso a bailar … y bailó XD)

-Perchero a la entrada

(En Sargantana)

(Alberto a la cabeza entra a la habitación, gigante por cierto)

Cloc…(cabezazo de Alberto contra algo)

-Alberto: Cagüen la leche… estos percheros que los ponen a idea… vamos a quitar este mataciegos de aquí

(Alberto con una mano retiró el perchero y lo colgó en algún otro sitio más apartado)

-Cordobeses, ¡Qué salero!

(En Sargantana)

Nos estaban explicando Alberto y Luis los fenómenos de las tormentas en la habitación de Canfranc a Laura M, Mariano, Ana y a mí (en este momento los lectores se preguntan… ¿Andandarían Laura L y Rixar…?) ¡Qué nadie piense mal! Que los pobres estaban en el comedor estudiando

De repente suena la puerta…

Toc, toc, toc, toc…

-Luis: ¿sip?

(se abre la puerta y aparece el cabezón de rixar :P)

-Rixar: Luis, que subimos que ya no podemos estudiar porque han venido unos que me parece que son de Córdoba o de pallá bajo y se han puesto a hacer ruido y a gritar así que nos quedamos por aquí…

(Laura L y Rixar entran a la habitación)

Nota: Los cordobeses por la noche estuvieron también haciendo ruidos y vociferando en la habitación de al lado.

-Como buenos españoles (al baño se va por la noche)

(En Sargantana)

Ana se levantó al baño sobre las 2:50 de la mañana, cuando ella volvió fui yo y cuando yo volví sobre las 3:00, al abrir la puerta…

PLONC… (getazo Puerta VS Luis, en la cabeza)

-Luis: Aah! De ande vienes a estas horas tío

-Jorge: Del baño como tú supongo jeje

-Ratón volador

(Subiendo a Oroel)

… La verdad es que esta me la han contao no sé muy bien como fue…

… pero cuentan más o menos que…

Íbamos felices subiendo Oroel cuando de repente, Alberto echó la mirada al suelo y divisó un ratón que por lo visto ya habría subido y ya petao bajaba el pobre cuando a mister Melenas se le ocurrió cogerlo en la mano para enseñárnoslo, estuvieron algunos viéndolo, teniéndolo en las manos… cuando de repente Alberto se lo pasó a Ana, todos andando tranquilamente, Ana en su mundo saludando de cerca al pobre ratón cuando de repente… ZAS!!!! Llegó el bache… Ratón va!!!


-La cruz republicana… y asesina

(En la punta de Oroel)

Cuando llegamos a la cima, con el tiempo de sobra a nuestras espaldas y a nuestro frente, vimos que en la cruz había pintada una bandera tricolor, aunque el tono de la franja de abajo no era demasiado oscuro dedujimos que los tiros habían querido señalar la república. Nos sentamos en los pies de la cruz a comer, Miguel quería tirar a la basura unas cosas chiquitajas que había pol suelo cuando se dio cuenta de que eran las piezas del diminuto Belén de la grandisma cruz d’Uruel xD, sobre el crucero de la cruz había un montón de hielo que había caído y también quedaban resquicios adheridos a tramos verticales de dicha cruz, el efecto recibe un nombre, a ver si alguno de mis compañeros se acuerdo porque yo no. Mientras todos comíamos tranquilos a los pies de la cruz y por la bajada del sol y la elevación de las temperaturas,.. CLAAASS!!!! Un cacho de hielo a escasa distancia de nosotros, y así cayeron varios, menos mal que tuvimos suerte y no nos dio a ninguno in the head or in others sites of the body…


Bueno, la verdad es que han salido como han podido, mi tardanza ha sido debida a mi falta de memoria y gracias a la colaboración de dos personas del proyecto (Luis y Ana) y sus refrescos de memoria he conseguido hacer una reconstrucción de los hechos.

Gracias a todos.


Publicado 20 abril, 2007 por nature11aragon en 07 Jacetania, Anécdotas

Laura M hace balance de nuestras andanzas al cabo de estos dos años y mira para el futuro   Leave a comment

Después de dos años es buen momento para mirar hacia delante. Laura M nos lo cuenta.

LAURA MOYA

Para todos, el proyecto de naturaleza y montaña ha sido algo único ya que hemos tenido en nuestras manos un entorno en el que disfrutar y aprender. Todos comenzamos con ilusión y emoción y fuimos viendo como cada salida al Pirineo Aragonés nos enriquecía un poco más, tanto en el ámbito de poder conocer lugares nuevos, como en poder descubrir cosas de la naturaleza que antes no sabíamos, como en convivir mejor entre nosotros.

En mi opinión esta forma tan especial de viajar por montes y senderos nos ha aportado mucho porque hemos asimilado conocimientos de la fauna y la flora que probablemente no sabríamos de nos ser por las exhaustivas explicaciones de Luis y Alberto, y es que los conocimientos que nosotros hemos recogido, no han sido solo palabras sino hechos. Poder ver huellas reales a milímetros de nuestros ojos, tocar árboles y semillas, ver animales tan cerca de nosotros como una persona humana, poder oler flores y tocas sus pétalos, estar en la cumbre divisando desde lo más alto y sentir el aire helado en el rostro. Todo esto y más es, poder disfrutar de la naturaleza…

Cambiar, no cambiaría nada. Todas las sensaciones que hemos tenido han sido únicas e irrepetibles, cada momento que hemos convivido ha sido especial y esto no es solo un batiburrillo de palabras porque cada cosa que hemos sentido cuenta, porque aunque nos levantásemos con sueño y agotados sabíamos que en cuanto llegásemos a la cima todo ese cansancio desaparecería y recuperaríamos el ánimo para conseguir mil cumbres más.

Nos hemos encontrado en un entorno cercano pero que no conocíamos, lugares que nos han impresionado y de los que guardamos un precioso recuerdo, lugares que nos han marcado y volveremos a visitar.

Y es que estos dos años han sido intensos, porque quedan muchos paisajes que descubrir en el Pirineo que espero, que a lo largo de nuestra vida, podamos visitar, y que el años que viene vean el próximo grupo, que seguramente tendrán el mismo entusiasmo que nosotros, porque más es imposible.

En resumen, este tiempo que hemos pasado juntos nos ha ayudado a darnos cuenta del regalo que tenemos al poder disfrutar de la naturaleza y aprender de ella y de lo agradecidos que tenemos que estar por haber compartido todos estos momentos.

Publicado 20 abril, 2007 por nature11aragon en 07 Jacetania, Experiencias

Ricardo Nos cuenta la aguerrida y fría ascensión a La Peña Oroel   Leave a comment

Ricardo Nos cuenta la aguerrida y fría ascensión a La Peña Oroel de 1.769 m.

No va a perder la continuidad como cronista inigualable de las subidas y por eso nos va a contar la de Peña Oroel, condicionada por el mal tiempo que nos hizo cambiar de planes y dejar Lizara con la subida a la Punta Foratón por Canfranc y Peña Oroel. Aquí de explaya como él sabe, con ese verbo que maneja con tanto salero.

RICARDO BADÍA

OROEL

1.769 m.

Modorro pero despierto, permanecía en mi saco de dormir intentando pasar desapercibido y robándole a la mañana unos minutillos más de descanso y calor, hasta que Alberto se acercó y me mandó movilizar.

Muerto de sueño me vestí, hice la mochila (dejándome el estuche de clase en la estantería) y recogí el saco. Baje hacía abajo (lógicamente) y dejé la mochila en el recibidor junto a las de los demás que habían sido más rápidos y ya las habían dejado ahí amontonadas.

Entré en el comedor y empezamos a desayunar. Al momento Alberto me llamó y me acerqué hacia él. Estaba en una habitación contigua al comedor y se comunicaba con este a través de una gran ventana interior. Allí estaba él con el ordenador mirando el parte meteorológico para Jaca que marcaba una temperatura de 8º C y 0º C, y una probabilidad de precipitación del 70%. Después de leer la predicción continué desayunando.

Al terminar mi desayuno salí a las calles de Canfranc con la mochila en la espalda para cargarla en la furgoneta. Mi primera impresión, bueno mi segunda, ya que el frío allí siempre es la primera, fue el ver los adoquines del suelo con una gruesa capa de hielo. La nieve estaba acumulada al pie de las fachadas dejando la calle libre, esa nieve que por el día de deshace había encharcado los adoquines que con el frío de la noche, habían quedado totalmente congelados.

Nos subimos a la furgo dirigiéndonos, en un cambio de planes, a Jaca. En un principio el valle de Hecho iba a ser el entorno central de esta excursión, allí haríamos nuestra visita, nuestra pernocta y nuestra subida pero la esquiva nieve apareció en medio de nuestros planes saliéndose con la suya. Íbamos a dormir en el Refugio de Lizara, en Aragüés del Puerto, donde teníamos hecha la reserva.Pero había nevado y no se podía acceder al Refugio con la furgoneta. Tendríamos que andar más de 3 kilómetros con los bártulos encima hasta llegar a nuestra supuesta cama, así que decidimos cambiar de idea e irnos a dormir al Refugio de Sargantana en Canfranc-Pueblo.

La subida al Puntal Alto de Lo Foratón , debido a la distancia, también la cambiamos por La Peña Oroel. Sí, por aquel Oroel por cuya silueta vimos ocultarse el sol mientras estábamos tumbados en la hierba de Susín hace ya dos excursiones. Quién nos iba a decir a nosotros aquel día, mientras mirábamos placidamente el atardecer y mientras oíamos el muuu de las vacas, que solo dos excursiones más adelante aquel monte iba a ser nuestro plato de comida.

Después de un rato arrancamos la furgoneta, dejando atrás el majestuoso valle de Canfranc totalmente nevado y con temperaturas bajo cero. Pasamos Jaca y continuamos por unos caminos, rodeados de un entorno verde, que iba aumentando de altura progresivamente. Al poco tiempo entramos en un sombrío bosque por el cual empezaron a aparecer de nuevo los primeros trozos de nieve espolvoreados entre las raíces que asomaban del suelo.

Entonces entre la vegetación apareció el Parador, instantáneamente la furgoneta aparcó y nos bajamos todos con dos caras: Una que sí quería subir el monte, y otra perezosa que lo que quería era … ¡que la dejaran dormir tranquila!

Nos preparamos en un tiempo record y mientras esperábamos a Marisa y Miguel, nos acercamos hacía el mirador que se encuentra detrás del Parador. Desde aquel magnífico balcón se nos ofrecía una vista de centenares de “caras sur” de las montañas que configuran la geografía de los Pirineos. Sus cumbres ofrecían el blanco resplandeciente de la nieve mezclada con el sol, y también la mezcla del mismo sol con sus bosques y sus prados creando una gran cantidad de colores en sus faldas, desde el más puro de los blancos hasta el más apagado de los verdes. Las primeras casas de Jaca se intuían en medio del color verde del valle, pero no se veían tapadas por las montañas que sostenían en aquel momento nuestros pies.

Giré la cabeza viendo la figura ensalzada en aquel momento del Monte Oroel. La recorrí con la mirada empezando por el bosque que estaba a nuestra altura y que subía encaramado a las faldas de la montaña. Seguí subiendo la mirada encontrando trozos de nieve en los claros de ese bosque y una robusta pared de rocas, que daba fatiga sólo de verla. En ese momento oí decir a Jorge, que se sabe esas tierras “al dedillo”, con voz sincera: “-Las vamos a pasar P…. por ahí arriba con la nieve”. En ese momento pensé que sería difícil lo que se nos esperaba por ahí arriba, un camino lleno de nieve y que cogía mucha altura al lado de una pared. Ya me veía sudando por ahí arriba con los pies mojados y una mala leche que flipas, pero el tiempo hizo que esa imagen del Monte Oroel se desvaneciera con el viento.

Después de unos minutos llegaron Marisa y Miguel, y empezó el paseo por un terreno salpicado de nieve. Los árboles, pinos, abetos, etc. eran altos y el sol se colaba entre sus ramas y hojas iluminando así los arbustos de bogs que se encontraban un poco más abajo cubiertos por un juego de luces y sombras. Entre aquel paisaje, el camino embarrado por la fundición de la nieve ganaba altura. Empezó a verse cada vez más nieve bordeando el camino, respetándolo sin meterse dentro de él, de forma que se veía en el suelo un manto blanco recorrido por una línea seseante marrón que era por la que caminábamos nosotros con la mirada puesta no sólo en el camino, sino también en la excursión siguiente, la de verano que todavía no estaba pensada y que nuestras mentes ya estaban planeando.

     

La nieve cada vez mas abundante, empezó a meterse con el camino dejando el respeto que le tenía antes y salpicándolo de hielo. Entonces este la pagó con nosotros poniéndonos otro obstáculo más: Un árbol tumbado en la mitad del camino. ¡Menudo plan! Agáchate para pasar por debajo, ¡con mochila y todo!, una vez agachado anda un poco mientras miras a Luis con “mala cara” para que no te eche una foto en esa posturita, después levántate procurando no resbalarte en el hielo, y lo que es peor, ¡no darte en las ramas del árbol! Aunque la cosa tiene su punto divertido cuando ves pasar al resto…

Continuamos por aquel engañoso camino en el que todos los rincones eran iguales pero muy diferentes ala vez. Iguales por la nieve blanca, por el tipo de árbol salpicado de nieve que nos acompañaba, por la inclinación y por el olor a pino, y diferentes por las pisadas de gente y animales, por las curvas del camino, por el relieve del suelo y por los trozos iluminados combinados con sombra. Poco a poco la nieve cubrió por completo el camino de blancura y nos regaló unos bordes con mayor grosor. Esta nieve le daba al suelo un carácter esponjoso, como si fuera la superficie de una bañera llena de espuma, y se amoldaba a los caprichos del suelo redondeándolos, pero este espectáculo no sólo se podía apreciar en el suelo, sino que también transformaba las ramas y hojas de los arbustos pintándolas de blanco al igual que las altas copas de los árboles. La capa de nieve posada únicamente en la parte superior de las hojas hacía que, al mirar la copa de un árbol desde abajo, la viésemos totalmente verde, mientras que al ascender y mirar la misma copa desde un lugar superior la viésemos totalmente blanca, dándole pues, un guiño de magia a aquellos esplendorosos árboles. A pesar de esto la nieve no nos molesto ya que en el camino estaba bastante pisada y no tenía apenas espesor incumpliendo así uno de los temores del principio.

Otro árbol tumbado en el camino nos puso a prueba, esta vez la solución fue rodearlo siguiendo unas pisadas que se encontraban en la nieve y regresar al camino poco después. Hubo unas cuantas caídas por ahí aunque no fueron gran cosa. Seguimos subiendo y subiendo mientras, sin darnos apenas cuenta, el sol fue desapareciendo.

En el camino encontramos a más montañeros que habían decidido hacer la misma cima que nosotros, también vimos huellas de animales en la nieve que se quedaron entre ser de perro o de zorro, ¿? y no conformes con ver huellas de animales, más adelante encontramos un pequeño ratón negro que correteaba por la nieve. Lo observamos bajando por el camino mientras nosotros seguiamos el nuestro hacía arriba. Miguel y yo, que no parábamos de hablar del estado de la nieve, introducimos el reloj-termómetro de Miguel en la nieve para ver su temperatura. Aquel día la nieve estaba en muy buen estado, el sol y el hielo sólo habían afectado a la capa superior que estaba dura pero al romper esa capa, con la mano podíamos coger los cristales de nieve polvo que estaba todavía como recién caída. Como no podíamos arrastrar al reloj por la nieve, lo colocamos en la punta del bastón y lo apoyábamos en la nieve casi a cada paso.

Hubo otro tronco y algún obstáculo más que pasar, pero cada vez el camino era mas bonito y los árboles estaban más repletos de nieve. Eran muy bonitos pero a Miguel no se le ocurrió otra cosa más que pasar el bastón por encima de los árboles cuando estaba yo ¡justo debajo!, ¡imaginaros las nevadas que me caían encima! Así que a lo tonto tonto … empezamos a guerrear con la nieve que es un arma muy poderosa, ¡sobretodo si se te mete entre la ropa! Después de aquello, y de involucrar a algunos más en nuestra propia guerra, nos pusimos serios. El termómetro que había estado oscilando los 2º y 3º durante la subida, ahora con el contacto de la nieve marcaba -0.8º C.

El camino cada vez se acercaba más al final del bosque y la altura cada vez era mayor. Entre los árboles vestidos de nieve se veía el fondo verde oscuro del valle. De repente los árboles totalmente blancos se fueron convirtiendo en arbustos. El camino parecía un balcón, la barandilla eran los arbustos nevados y la calle, el vació hasta el valle…

     

Llegamos al collado y paramos a almorzar. Desde allí tuvimos la primera vista de la cara sur del monte Oroel. Estaba libre de árboles, solamente tenía unos pequeños arbustos esparcidos por su superficie. La inclinación era mayor y el suelo era de colores rojo-tierra y amarillentos, por la hierva que adornaba su superficie, de color pajizo. La nieve solamente la cubría parcialmente ya que estaba prácticamente derretida.

Después de este descanso y observar el paisaje, seguimos el camino que cada vez estaba más embarrado. La temperatura había cambiado, estabamos sobre unos 7º C, contrastando con los 3º C de la cara norte. El sol estaba oculto entre las nubes, pero se dejaba notar iluminando a través de la nube. Íbamos concentrados dando los últimos pasos, la cima estaba cerca, la cruz empezó a intuirse en lo alto de la montaña, cada vez se hacía más real, al igual que la cima que cada vez estaba más a mano. Como de costumbre, antes de llegar a la cima, la cuesta se acentuó y las piedras complicaron un poco la subida.Sólo fue un pequeño momento de cansancio, muy corto, y que se vió recompensado con la cima.

¡Por fin llegamos! Me senté cansado pero muy feliz en una piedra. Después de los abrazos, todos empezamos a comer debajo de la cruz. Era una cruz grande de hierro y llena de pintadas. En la parte alta de la cruz había grandes trozos de hielo y nieve haciendo equilibrios en el aire.

     

Terminé de comer y me levanté mientras el resto seguía comiendo. Le pedí los prismáticos a Luis y me puse a mirar todas las montañas que se divisaban desde allí. Se veía desde la ciudad de Jaca, con pista de hielo y ciudadela incluida, hasta las más altas montañas del Pirineo cubiertas por nubes, y la espesa blancura de la nieve. De repente cuando todavía estaba inmerso en este paisaje, oí un ruido que me hizo saltar desde ese paisaje hasta la cima del monte. ¿Qué había pasado? Giré la cabeza y vi un “pedrusco” de nieve estampado contra las piedras cerca de donde estaba comiendo Mariano. Era, ni más ni menos, que uno de los témpanos de hielo que estaban colgados en los brazos de la cruz y que habían dejado de colgar. No fue el único que se desprendió mientras nosotros estábamos allí.

Una nube blanca iba acercándose poco a poco a la cima mientras nosotros nos movilizábamos para iniciar la bajada. Ya de bajada, la nube empezó a cubrir de niebla una parte de la cima. Seguimos bajando, la nube se nos echaba encima, nos perseguía, pero sus nieblas no nos alcanzaban. Empezó a lanzarnos pequeños copos de nieve esporádicos mientras descendíamos por la cara sur. La temperatura era de 7º C, ¡sí, estaba nevando a 7º! Era increíble nunca pensé que pudiera ocurrir. Los copos no eran de agua nieve, NO eran copos de nieve completamente normales. Poco a poco empezó a nevar más notablemente. Cruzamos el collado donde habíamos almorzado y nos adentramos en el bosque. Mientras bajábamos por allí, nevaba. No lo hacía con gran intensidad, pero sí se dejaba notar. La temperatura allí, en el bosque de la cara Norte, descendió a los 4º C, aún así, a mi me parecía una temperatura elevada para que nevara.

Poco a poco fuimos deshaciendo el camino que habíamos hecho esa misma mañana. La nieve ya era más homogénea y no se notaba tanto la diferencia de la capa gruesa que está en contacto con el aire y la capa polvorienta que está intacta. La nieve se había ido transformando y era bastante parecida.

     

Fuimos superando los diferentes obstáculos por los que ya habíamos pasado al subir y que no nos pillaban por sorpresa. De está manera yo hacía mis cálculos y me situaba más o menos por donde estábamos. Seguía nevando a ratos con algo de intensidad, y otros débilmente pero seguía nevando. El camino se hacía un poco monótono, más curvas, más árboles, más escalones pero yo no quería que acabara. Me gustaron ese camino y el bosque de Oroel, que no era ni muy denso ni muy disperso. era bastante agradable todo pintado de blanco y con la nieve bañándolo por encima.

Cuando todos íbamos inmersos en esta monotonía apareció un ratoncillo igual que el de la subida, no sabría decir si era el mismo, pero de que eran la misma raza estoy seguro. Lo cogieron y se lo fueron pasando uno a uno y cuando estaba en el guante, no se si delaura o de Ana, al ratoncillo le dio por dar un mordisquito. Inmediatamente al notarlo (Laura/Ana) no tubo otro reflejo más que ¡catapultarlo por los aires). Lo hizo sin pensar, al notar el mordisco del animal, que salió disparado volando y fue a parar a la nieve. Asustado salió corriendo de una forma muy graciosa y se ocultó entre los árboles y arbustos del bosque.

Seguimos nuestro camino dispersándonos en grupos. Íbamos a unos pocos minutos de distancia unos de otros. El bosque seguía totalmente tranquilo y nada perturbaba su calma excepto algún grito que se nos escapaba sin querer. Al bajar, el hielo resbalaba y patinaba un poco, pero logré andar sin caerme hasta entonces. Cuando la nieve cada vez era menos en el camino y pensaba que me iba a librar yéndome a mi casa sin ningún culetazo aparecieron aquellos árboles que habíamos tenido que esquivar saliéndonos del camino. Empecé a caminar por la nieve hasta que en un lugar en el que habían nieve y hierbajos, me escurrí un poco hacia abajo y me caí al suelo. Riendo y como pude me levantaron, ya hacía tiempo que no me caía por la nieve como en las excursiones de Punta Espata o del Canal Roya en las que sí que bese el suelo bastantes veces.

Continuamos por el camino. Ya cerca de su fin la nieve iba despidiéndose poco a poco. Se empezaba a ver la tierra del camino. Poco a poco trozos de hierva libres de nieve y en un momento, cuando ya apenas había nieve en el camino, vi la carretera. ¡Habíamos llegado!

Por un lado me agradaba la idea, además eran las 3 de la tarde ¡un tiempo record!, pero por otro lado, lo había pasado muy bien por aquel camino de Oroel como para quererme ir pronto a casa, pero bueno… para algo están las fotos que seguro que miraré muchas veces y además estimo que habrá unas 200 o 300, jajaja.

Nos sentamos en la fuente. Caían pequeñas gotas de lluvía que no eran más que la nieve de arriba derretida y nos fuimos para Zaragoza dejando aquel Oroel, totalmente nevado y conquistado, por ¡¡ LOS NATURE11ARAGON !!

Publicado 20 abril, 2007 por nature11aragon en 07 Jacetania, Experiencias

Ana y San Pedro de Siresa   Leave a comment

Ana preparó la visita a San Pedro de Siresa pero tuvimos la decepción de encontrarlo cerrado, una lástima porque por dentro es precioso. El caso es que , ya que no entramos, se marcó una jota jotera bien salerosa.

ANA OLLERO

Hola a todos lectores de nuestro blog. En esta excursión, como ya habéis podido ver, hemos estado en el valle de Echo recordando los principios de la Corona de Aragón.

En el reparto de tareas, elegí hablar sobre el Monasterio de San Pedro de Siresa. Del cual solo os puedo contar la “no visita” jejeje.

Fue una pena el no poder verlo entero porque estaba cerrado. Aunque había hablado con la guía por teléfono, no vino y nos dejó chafados Así que solo vimos el exterior, y nos gustó mucho.

Lo que sentí la encontrarme el Monasterio cerrado, fue mucha rabia, ya que al currarme el trabajo, tenía muchas ganas e ilusión por visitarlo, con la información que recopile, y las fotos que he visto de su interior, sé que es una preciosidad de edificio. ¡¡Qué pena!!

Al menos con la descripción que puse en el dossier, nos hicimos una idea de cómo es por dentro, y entender la parte del exterior, y también conocer algo de su historia.

Las páginas de Internet, en las que busque la información, fueron varias, en las que si tenéis interés, podéis entrar y verlas. Como por ejemplo:

     Monasterio de San Pedro de Siresa, Siresa (Huesca)

     Románico Aragonés, Siresa

Yo quería dar al grupo una sorpresa, porque son muy majos, y me siento muy a gusto con ellos, y como estábamos un uno de los lugares donde se inicio el Reino de Aragón, quise bailarles una jota como algo representativo del folklore aragonés, en San Juan de la Peña, pero no pudo ser, así que se la bailé en San Pedro de Siresa.

Mientras estábamos decidiendo qué jota les bailaba, ya me estaba entrando el nudo en el estomago de los nervios, y eso que estoy acostumbrada a bailar delante de mucha gente, pero nunca había hecho esto delante de un grupo de amigos tan especiales, y quería dar todo de mi en esa jota.

Me emocioné cuando notaba que estaban todos muy atentos, que seguían cada uno de mis movimientos, cuando me decían “donde está el traje”…

Lo bueno fue, cuando Richy se me acercó y me dice: “yo quiero aprender unos pasos, o una jotica entera”, me llegó al corazón, pero eso sí, le he prometido que le enseñaré, al igual que a los demás si quieren.

Realmente, habéis sido chicos, el mejor público que he tenido, y el escenario es uno de los sitios más bonitos y representativos de la historia de Aragón.

Publicado 20 abril, 2007 por nature11aragon en 07 Jacetania, Experiencias

Mariano y San Juan de la Peña   Leave a comment

Mariano y San Juan de la Peña.

Mariano esta vez ha tenido mucho protagonismo. El plan de trabajo y la visita a San Juan de la Peña fue cosa suya y tiene mucho que contar.

MARIANO SALAFRANCA

Saludos colegas.

Esta vez voy a contaros nuestra visita al Monasterio de San Juan de la Peña.

     

Varias cosas:

  1. Como a mí me tocó hacer el trabajo de este tema, busqué en Internet en la pagina del monasterio (www.monasteriosanjuan.com).

  2. El camino hacia el monasterio era algo chungo para ir con la furgoneta, así de rositas, por lo que Luis y Alberto se pusieron manos a la obra y la emprendieron con las unas cadenas en las ruedas delanteras de la furgoneta. Una vez puestas arrancamos. Lo malo es que mientras íbamos, la cadena izquierda se rompió y Luis y Alberto tuvieron que arreglarla.

  3. Cuando por fin llegamos al monasterio resulto que nos cobraron la mitad (eso es amabilidad y lo demás tonterías).

  4. Se nos permitió tocar las piedras milenarias, esculturas, columnas, etc. (cosa que estaba prohibida).

  5. También yo me puse a hablar, entre rato y rato, de lo que había buscado en Internet: Hablé, entre otras cosas, de que ese monasterio era considerado como el sacro recinto donde se asentaron las bases de lo que iba a ser Aragón; También expliqué algo de la sala de concilios y aquí se quedaron todos de una pieza cuando dije que si la gente se portaba mal se les castigaba con el llamado “gota a gota” que caería sobre sus cabezas incesablemente.

     

Bueno esto ha sido un poco el resumen de nuestra visita al monasterio de san Juan de la peña, para más información, LAS FOTOS.

Salud, dinero y amor.

Adiós


Publicado 20 abril, 2007 por nature11aragon en 07 Jacetania, Experiencias